Un hombre escribe indignado, y llora al saber sobre la injusta condena y sentencia de muerte a la que ha sido reducido su maestro: esa misma escena se repetirá con actores distintos a lo largo de los siglos.
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martes, 6 de enero de 2009
lunes, 20 de octubre de 2008
LA CAVERNA (PLATÓN)
"-Ahora represéntate el estado de la naturaleza humana con relación a la ciencia y a la ignorancia, según el cuadro que te voy trazar: Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su longitud una obertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna, hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen en frente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor les alumbra, y un camino escarpado entre este fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un muro, semejante a los tabiques que los charlatanes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultarles la combinación y los resortes secretos de las maravillas que hacen.
-Ya me represento todo eso.
-Figúrate personas que pasan a lo largo del muro, llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de animales, de madera o piedra, de suerte que todo esto aparezca sobre el muro. Entre los porteadores de todas estas cosas, unos se detienen a conversar y otros pasan sin decir nada.
-¡Extraños prisioneros y cuadro singular!
-Se parecen, sin embargo, a nosotros punto por punto. Por lo pronto, ¿Crees que puedan ver otra cosa de si mismos y de los que están a su lado que las sombras que van a producirse enfrente de ellos en el fondo de la caverna?
-¿Ni cómo habían de poder ver más, si desde su nacimiento están precisados a tener la cabeza inmóvil?
- Y, respecto de los objetos que pasan detrás de ellos, ¿pueden ver otra cosa que las sombras de los mismos?
-No.
-Si pudieran conversar unos con otros, ¿No convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?
-Sin duda.
-Y, si en el fondo de su prisión hubiera un eco que repitiese las palabras de los transeúntes, ¿no se imaginarían oír hablar a las sombras mismas que pasan delante de sus ojos?
-Sí.
-En fin, no creerían que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras.
-Sin duda.
-Mira ahora lo que naturalmente debe suceder a estos hombres, si se les libra de las cadenas y se les cura de su error. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se le fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar y mirar del lado de la luz; hará todas estas cosas con un trabajo increíble; la luz le ofenderá los ojos, y el deslumbramiento que habrá de causarle le impedirá distinguir los objetos, cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería si se le dijese que hasta entonces sólo había visto fantasmas, y que ahora tenía delante de su vista objetos más reales y más aproximados a la verdad? Si enseguida se le muestran las cosas a medida que se vallan presentando, y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto, y no estará él mismo persuadido de que lo que veía antes era más real que lo que ahora se le muestra?
-Sin duda.
-Y, si se le obligase a mirar al fuego, ¿no sentiría molestia en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en éstas más distinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?
-Seguramente.
- Si después se le saca de la caverna y se le lleva por el sendero áspero y escarpado hasta encontrar la claridad del sol, ¡qué suplicio sería para él verse arrastrado de esa manera! ¡Cómo se enfurecería! Y, cuando llegara a la luz del sol, deslumbrados los ojos ante tanta claridad, ¿podía ver alguno de estos numerosos objetos que llamamos seres reales?
-De entrada no podría.
-Necesitaría indudablemente algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería, primero, las sombras; después las imágenes de los hombres y demás objetos pintados sobre la superficie de las aguas; y, por último, los objetos mismos. Luego dirigiría sus miradas al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la luna y de las estrellas que en pleno día a la luz del sol."
Tomado de:
Platón (2003) La República: Editorial Mestas, Madrid, España. Págs.: 245-247.
-De entrada no podría.
-Necesitaría indudablemente algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería, primero, las sombras; después las imágenes de los hombres y demás objetos pintados sobre la superficie de las aguas; y, por último, los objetos mismos. Luego dirigiría sus miradas al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la luna y de las estrellas que en pleno día a la luz del sol."
Tomado de:
Platón (2003) La República: Editorial Mestas, Madrid, España. Págs.: 245-247.
lunes, 1 de septiembre de 2008
PUBLICIDAD.
Con un número especial dedicado a la cosmología, Editorial Ibérica lanza la primera entrega del la revista trimestral Luz Bella Averni. Para esta ocasión encontrarás en portada:º Mito y realidad: una propuesta para la redefinición del mito (David López)
El autor revisa distintas concepciones sobre el mito: desde los clásicos, comenzando con Hesíodo, Platón, Aristóteles; hasta estudiosos recientes como E. Cassirer, E. Durkheim, W. Jaeger, J. Finegan, M. Eliade, C. Lévi-Strauss, entre otros. Exponiendo al final su propuesta para la redefinición del término.
º Formato circular y rectangular en la obra: 2001 una Odisea espacial de Artur C. Clarke (Julio González)
Retomando la novela: 2001 una Odisea espacial del escritor inglés de ciencia ficción Artur C. Clarke; y la película homónima dirigida por Stanley Kubrick, Julio González plantea la teoría de las formas universales, con sus bases en Platón y otros teóricos que se ven reflejadas en la zaga, exponiendo allí su total contribución a la formación del género humano.
º Cronos y sus hermanos. (José A. Monje)
El gran cataclismo, origen del universo, intuido por la mitología griega en la lucha cósmica mantenida por los primeros dioses: Gigantes titanes y cíclopes fue la idea más afín a la teoría del Big Bang, contrariando con el mito judeo-cristiano de la creación.
º ¿Cosmología o cosmovisión? (Ronald Orellana)
En este ensayo Ronald Orellana sostiene que algunas formas de pensamiento mítico y cosmogónico coexisten con la ciencia moderna, especialmente en la disciplina de la cosmología.
Además puedes encontrar en el sumario:
º Un cuento de Clifford Donald Simak “Deserción”
º Repensando nuestra actitud bélica (Julio Gonzáles)
º El destino del hombre (Ronald Orellana)
º No hubo tal Big Bang (Lorena G. Rodas)
º PlanetaTitán: la última utopía (Elizabeth O. Jacobo)
º Algunos descubrimientos del Telescopio Milimétrico de México.
º Algunos descubrimientos del Telescopio Milimétrico de México.
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Luz Bella Averni, Año 0 Nº 1 Agosto-Diciembre 2008. Dirección editorial: Juan P. Castel. Gerente de redacción: Rodrigo Ortéz Ochoa. Editor: Carlos E. Fagoaga. Redactores: Elizabeth O. Jacobo, Lorena G. Rodas, Julio González, Carlos G. Labrador, Ronald A. Orellana. Concepto visual: Adolfo S. Girón. Corrección: Humberto A. Segovia, Carlos H. Quezada. Editor de fotografía: Cesar G. Colindres. Coordinación editiorial: Miltón E. Martínez. Correección de impresión: José M. Hurtado. Teléfonos: (505) 2247-1860/(505)2447-1918; fax (5o5)2289-9767. e-mail: re-vistaluzbellaverni@iberíca.com
Luz Bella Averni, Año 0 Nº 1 Agosto-Diciembre 2008. Dirección editorial: Juan P. Castel. Gerente de redacción: Rodrigo Ortéz Ochoa. Editor: Carlos E. Fagoaga. Redactores: Elizabeth O. Jacobo, Lorena G. Rodas, Julio González, Carlos G. Labrador, Ronald A. Orellana. Concepto visual: Adolfo S. Girón. Corrección: Humberto A. Segovia, Carlos H. Quezada. Editor de fotografía: Cesar G. Colindres. Coordinación editiorial: Miltón E. Martínez. Correección de impresión: José M. Hurtado. Teléfonos: (505) 2247-1860/(505)2447-1918; fax (5o5)2289-9767. e-mail: re-vistaluzbellaverni@iberíca.com
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domingo, 4 de noviembre de 2007
El andrógino.(Platón)

Platón nos demuestra su posición como pilar de la cultura occidental. En el conocido dialogo del Banquete, el autor de la República, bajo la voz de Aristófanes nos ilustra sobre el mito del Andrógino:
En otro tiempo la naturaleza humana era muy diferente de lo que es hoy. Primero, había tres clases de hombres: los dos sexos que hoy existen, y un tercero, compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido, conservándose sólo el nombre. Este animal formaba una especie particular, y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre esta en descrédito. En segundo lugar todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados clocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía los dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la regeneración y todo lo demás en esa misma proporción. Marchaban rectos como nosotros, y sin tener necesidad de volverse para tomar el camino que querían. Cuando deseaban caminar ligero, se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros, y avanzaban con rapidez mediante un movimiento circular, como el que hace la rueda con los pies al aire. La diferencia que se encuentra entre estas tres clases de hombres nace de la que hay entre sus principios. El sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y el sol. De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse, que es esférica. Los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, por esos concibieron la atrevida idea de escalara le cielo y combatir con los dioses, como dice Homero de Efialtes y de Oto. Zeus examinó con los dioses el partido que debía tomarse. El tema no carecía de dificultad; los dioses no querían anonadar a los hombres, como en otro tiempo a los gigantes, fulminando contra ellos sus rayos, porque entonces desaparecían con ellos el culto y los sacrificios que los hombres les ofrecían; pero por otra parte, no podían sufrir semejante insolencia. En fin, después de largas reflexiones, Zeus se expresó en estos términos: creo haber encontrado un medio de conservar a los hombres y hacerlos más circunspectos, y consiste en disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos; si se harán débiles y tendremos otra ventaja, que será la de aumentar el número de los que nos sirvan; marcharan rectos, sosteniéndose en dos piernas sólo; y, si después de ese castigo conservan su impía audacia y no quieren permanecer en reposo, los dividiré de nuevo, y se verán precisados a, marchar sobre un solo pie (…)
Después de esta declaración, el dios hizo la separación que acababa de resolver, y la hizo como cuando un cabello se divide en dos partes iguales. En seguida mandó a Apolo que curase las heridas y colocase el semblante y la mitad del cuelo en el lado donde se había hecho la separación, con el fin de que la vista de este castigo los hiciese más modestos. Apolo puso el semblante del lado indicado, y reuniendo los cortes de la piel sobre lo que hoy se llama vientre, los cosió a manera de una bolsa que se cierra, no dejando más que una abertura en el centro, que se llama ombligo. En cuanto a los otros pliegues, que eran numerosos, los pulió, y arregló el pecho con un instrumento semejante aquel del que se sirven los zapateros para suavizar la piel de los zapatos sobre la horma, y sólo dejó algunos pliegues sobre el vientre y el ombligo, en recuerdo del antiguo castigo. Hecha esta división, cada mitad hacia esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que había sido separada, y, cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, levadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas padecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando una de las dos mitades perecía, la que sobrevivía buscaba otra, a la que se unía de nuevo, ya fuese la mitad de una mujer entera, lo que ahora llamamos una mujer, ya fuese la mitad de un hombre; y de esta manera la raza iba extinguiéndose. Zeus, movido por la compasión, imagina otro expediente; pone adelante los órganos de la generación, porque antes estaban detrás, y se concebía y se derramaba el semen no el uno en el otro (…). Zeus puso los órganos en la parte anterior y de esta manera la concepción se hace mediante la unión del varón y la hembra. Entonces, si se verificaba la unión del hombre y la mujer, el fruto de la misma eran los hijos; y si el varón se unía al varón, la saciedad los separaba bien pronto y los restituía a sus trabajos y demás cuidados de la vida. De aquí procede el amor que tenesmos naturalmente los unos a los otros; el nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos en nuestra antigua perfección. Cada uno de nosotros no es más que la mitad de un hombre, que se ha separado de su todo como se divide una hoja en dos. Estas mitades buscan siempre sus mitades. Los hombres que proceden de la unión de estos seres compuestos que se llaman andróginos, aman a las mujeres; y la mayor parte de los adúlteros pertenecen a esa especie, así como también las mujeres que aman a los hombres y violen las leyes del himeneo. Pero a las mujeres que provienen de la separación de las mujeres primitivas no les llaman la atención los hombres y se inclinan más a las mujeres; a esta especie pertenecen las lesbianas. Del mismo modo los hombres que provienen de la separación de los hombres primitivos buscan el sexo masculino. Mientras son jóvenes, aman a los hombres; se complacen en dormir con ellos y estar en sus brazos; son los primeros entre los adolescentes y los adultos, como que son de una naturaleza más varonil. Sin razón se les hecha en cara que viven sin pudor, porque no es la falta de éste la que les hace obrar así, sino que, dotados de alma fuerte, valor varonil y carácter viril, buscan a sus semejantes ; y la prueba es que con el tiempo son más aptos que los demás para servir al Estado. Hechos hombres, a su vez aman a otros jóvenes, y, si se casan y tienen familia, no es porque la naturaleza los incline a ello, sino porque la ley los obliga. Lo que prefieren es pasar la vida los unos con los otros en celibato. El único objeto de los hombres de ese carácter, amen o sean amados, es reunirse a quienes se les asemejan. Cuando el que ama a los jóvenes o cualquier otro llega a encontrar su mitad, la simpatía, la amistad, el amor los une de una manera maravillosa, que no quieren en ningún concepto separarse en ningún momento. Estos mismos hombres que pasan toda la vida juntos, no pueden decir lo que quieren el no del otro, porque si encuentran tanto gusto en vivir de esta suerte, no es de creer que sea la causa de esto el placer de los sentidos. Evidentemente su alma desea otra cosa que ella no puede expresar, pero que adivina y da a entender. Y si cuando esta el uno en brazos del otro, Hefesto se apareciese con los elementos de su arte y les dijese: “¡Oh hombres! ¿Qué es lo que exigís recíprocamente?” Y Si viéndoles perplejos, continuase interpelándoles de esta manera: “Lo que queréis ¿no es estar de tal manera unidos que ni de día ni de noche estéis el uno sin el otro? Si esto es lo que deseáis, voy a fundirlos y mezclarlos de tal manera, que no seréis ya dos personas, sino una sola, y que, mientras viváis, viváis una vida común como una sola persona y que, cuando hayáis muerto, en la muerte misma os reunáis de manera de manera que no seáis dos personas sino una sola. Ved ahora si esto es lo que deseáis , y si esto es lo que los puede hacer enteramente felices.” Es bien seguro que si esto les dirigiera este discurso, ninguno de ellos negaría ni respondería otra cosa, persuadido de que el dios acababa de expresar lo que en todos los momentos estaba en el fondo de su alma; esto es, el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado, hasta no formar un solo ser con él. La causa de esto es que nuestra naturaleza primitiva era una y que éramos un todo completo, y se da el nombre de amor al deseo y persecución de este antiguo estado.
Tomado de:
Platón (2001) Banquete: Editorial Mestas, Madrid, España.
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