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martes, 1 de noviembre de 2016

PLEGARIA (Ricardo Lindo)

Les comparto este poema, autoría del Maestro, Ricardo Lindo Fuentes: 


"Para mi hermano Arturo, con quién viajábamos por las tierras aquellas.

Dame, Dios, el otoño.
Concédeme.
una vez al menos,
los largos, los dorados otoños
de la viajera juventud que yo tuve,
esos bosques
en llamas musicales junto a los lentos ríos,
donde  se reflejaban los antiguos palacios.
Concédeme, Dios lejano de todos los lejanos
la vida en las palabas,
cuanto se fue y habita en la memoria
sitúalo en los versos que yo escribo,
tan amorosos de otra edad,
y restituye en la palabra mía
la ardilla que cascaba las nueces del otoño,
los cisnes sobre el lago de Ginebra,
y la lejana y alta cumbre
nevada para siempre.
Más bellas son las cosas evocadas
que aquellas que tocamos con las manos
en toda latitud,
más bello el infinito de otro tiempo
que el del tiempo presente.
Caen, caen las hojas misteriosas
de los perdidos bosques,
van las aguas
del rio Loira bajo las palabras,
las que amaba el escuálido estudiante
de los bolsillos rotos
del acento extranjero,
la mochila a la espalda..." .  

Tomado de:
Lindo, R. Bello Amigo Atardece, 2010. Págs.: 146-147. Índole Editores : San Salvador, El Salvador.
   

lunes, 24 de octubre de 2016

GRACIAS POR TODO MAESTRO...

Quedamos de reunirnos en un café de la Calle Arce, yo te llevaba el tomo de las obras completas de Borges que me prestaste.  Tú traías un legajo de páginas en un folder: eran mis cuentos, que días antes me habías pedido para hacer una selección de lo que había producido durante el taller. Recuerdo que me dijiste, con esa vos tuya, siempre parecida a un susurro: “…vaya, esto podría ser un libro; estos cuentos tienen unidad…” yo recibí contento el folder, había tenido tu visto bueno.

Luego hablamos de tu salud, de cómo habías salido recientemente del hospital, y concertamos una nueva fecha para tomarnos otra vez un café, y para hablar del proceso de mi libro; encuentro que ya no se dio, porque me distancié de la literatura y tú te agravaste de salud.  

Recuerdo que la última vez que te llamé por teléfono acababa de leer tu libro: “El Canto Aún Cantado”; porque preparaba una charla sobre tu vida y obra para la biblioteca pública de Santa Ana, te di las gracias por escribir el libro, te escuche cansado y prometí que te llamaría de nuevo, no lo hice, porque tengo ese defecto de dejar las cosas para después,  hoy me lamento de no haberlo hecho.

Luego entré en el remolino de la vida, el trabajo, etc., y mi indisciplina de pasar incomunicado, de desconectarme del mundo y de la gente. Me enteré de un homenaje que te hicieron recientemente, y no pude ir.  Hoy mis lágrimas caen sobre el café, aquel café de vaso desechable que compartíamos en el taller, con mis compañeros, aquellos miércoles en los que yo me sentía verdaderamente feliz, por compartir esa literatura que siempre amamos.

Maestro, gracias por habernos regalado tu tiempo, gracias por tus enseñanzas, por compartir tu sonrisa de niño y esa mirada limpia que nunca mancharon las vicisitudes y los años.   

Sobre todo: gracias por escribir y dejarnos tu literatura….