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domingo, 15 de septiembre de 2024

Far all it us


Dicen que los farolitos encierran en su interior un geniecillo travieso, que al apagarse su luz, sale para hacer de las suyas...

viernes, 29 de julio de 2011

De “Manual de Zoología Fantástica” (Jorge Luis Borges)



Yo siempre he sido un hombre de relecturas: siempre recurro a los mismos libros por hedonismo, quizás esa sea una de las características que hicieron identificarme por mucho tiempo con la figura de Borges; ya que, cuando leí uno de sus famosos epílogos en uno de sus libros – o creo que fue diseminado en parte de su obra, raro juego de la memoria, en estos momentos no recuerdo las citas – donde él afirma ser un hombre de relecturas, sentí como si hubiese sido yo el que escribiera esos párrafos, he ahí porque todos concluimos que Borges es todos los hombres.

Es así, que quiero hablar de mis relecturas, de aquellas que tanto he disfrutado, y que son en algunos casos, autoría de Borges. Cuantas veces he vuelto a la página: “Delia Elena San Marco” o, a “Los Espejos Velados” en el “Hacedor”; o he vuelto, como si fuera la primera vez, a abrir mi humilde ejemplar de “Siete Noches”, o “Nueve Ensayos Dantescos”, pero no me extenderé más, la lista se haría larga… pues el motivo que me trae de nuevo a las teclas es hablar de un libro en especial, del “Manual de Zoología Fantástica”[*], específicamente, compartir con ustedes la emoción que me provocaba una pieza de ese libro.

Corría el año 2007, año en el que yo era estudiante normal, por esos tiempos hacía unas investigaciones rubendarianas, de las que hoy me avergüenzo; y en ese marco, viajé a Nicaragua, a la ciudad de León, para participar de un simposium; estuve casi una semana en esa bella ciudad, así que una tarde, entré a un pintoresco remate de libros, y entre las pocas cosas buenas que vi, se encontraba un ejemplar de “El Manual de Zoología Fantástica” de Borges. En ese tiempo yo era más incauto, me emocionaba por todo, así que cuando ví el ejemplar de bolsillo, se apoderó de mi un sentimiento mágico; para mí, ese libro era como un gran tesoro, era, como si él había estado esperando por mí (imagínense mi locura y fanatismo). Salí de la tienda con mi pequeña joya, como un niño con juguete nuevo, feliz por mi nueva adquisición.

Mi felicidad se hizo más grande cuando recorrí sus páginas. Recuerdo que me sentaba de vez en cuando en alguna banca de parque con mi pequeño ejemplar, releyendo: “A Bao A Qu”, “Animales de los Espejos”, “El Behemoth”, “El Borametz”, “La Quimera” y recordando las prosas de Kafka: “Una Cruza”, “El Odradek”. Pero mi pieza favorita era “El Caballo Del Mar”; me gustaba, especialmente por que irradiaba una ternura inexplicable: para mí esa pieza estaba cargada de sensualidad, me evocaba siempre una manada de caballos negros desbordándose entre las olas.

Uno de estos días, que estaba desarmando mi biblioteca me rencontré con el ejemplar; inexplicablemente cayó al suelo, lo levanté y ví la misma tapa de cartón que había visto años antes; lo palpé, pasé mi mano sobre su lomo como si acariciara a un noble animal… Hoy las cosas han cambiado, en pocos años he acumulado un desencanto por la vida: ya no soy aquél muchacho, al que años atrás, la adquisición de un libro sencillo lo hacía feliz. Así que fantasee, pensé que el libro se había caído a propósito, como exigiéndome que lo leyera, que volviera a aquellos años, y me dije: “Dejemos que el encanto se repita”.



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[*] Que años después, parte de su contenido se reeditara como: “El Libros De Los Seres Imaginarios” por contar con adiciones.

lunes, 1 de marzo de 2010

El Uróboros


Quiero escribir un cuento que sea como el Uróboros, aquella fascinante serpiente que aprisiona su cola con la boca.

Ya estoy harto de mis cuentos lineales, o de los que están escritos usando vasos comunicantes, hoy quiero escribir un cuento que inicie con el fin.

miércoles, 29 de julio de 2009

El akmiú

El akmiú es un animal escurridizo, que sólo se revela a personas de corazón puro: yo lo he visto varias veces. Es indescriptible, en estos momentos está jugando sobre mi cenicero, si yo cometiera el error de describirlo, el akmiú desaparecería. Algunos cuentan que su procedencia es la imaginación, yo más bien creo que se alimenta de la soledad de sus anfitriones.

martes, 22 de julio de 2008

La hidra de Lerna.

Entre los seres míticos que matan con el aliento se encuentra la hidra de Lerna. Por casualidad encontré una alusión a este monstruo en un artículo de Freud que se titula “Sobre la conquista del fuego” donde el autor afirma que: “la hidra de Lerna con sus innumerables y agitadas cabezas de serpiente – entre ellas hay una inmortal –, es, como su nombre lo atestigua, un dragón acuático. Heracles, el héroe cultural, la destruye cortándole las cabezas, pero estás vuelven a crecer, y sólo logra dominar al monstruo después de haberle quemado con fuego la cabeza inmortal” (Freud: 1932)

En 1946, Borges ensayó un dibujo de este ser mitológico,(si señores, Borges dibujaba, lo recalco porque también a mí me sorprendió) donde en cada una de sus siete cabezas prefiguran una serie de personajes históricos relacionados con la política y la filosofía.

martes, 20 de mayo de 2008

El Catoblepas.

Entre los seres míticos que tienen el poder de matar con la vista prefiguran el Basilisco, la Medussa, y el Catoblepas. Se dice que los dos primeros utilizaban su mirada para hacer daño a sus victimas, por el contrario el tercero, a sabiendas de su poder se resignaba a mirar hacia abajo para no causar daño.

¿Habrá algún principio de bondad en el Catoblepas al ocultar la mirada? ¿Será filantropía u otro móvil más peligroso?

Se dice que Cayo Mario (el de Arpino), llevó Roma como trofeo la piel de un Catoblepas, el cual fue perseguido y desollado después de haber diezmado a varios de los soldados comandados por el Tercer fundador de roma. En esa leyenda se basa la extinción del Catoblepas, pues desde el siglo I Antes de Cristo, nadie ha podido ver, y por suerte, ser visto por uno de estos excepcionales cuadrúpedos.

La primordial fuente escrita que reúne en una especie de taxonomia gran cantidad de animales fantásticos es la Naturalis Historia de Cayo Plinio Cecilio Segundo; otros autores que han escrito sobre el Catoblepas son: Flaubert, en las Tentaciones de San Antonio; y Borges, en su Manual de zoología fantástica.

viernes, 15 de febrero de 2008

La Golondrina Sideral.


Ronald Orellana.

La Golondrina Sideral es parecida a su pariente terrestre, con su forma habitual y manchas blancas en el tórax, pero se diferencia de su homónima por el tamaño, debido a que la Golondrina Sideral es relativamente más pequeña y en lugar de ser color negro, su color es azul. Vuela en bandadas, si se las captura e introduce al planeta tierra no pueden volar, porque su hábitat y elemento es el espacio, así como los peces pertenecen al agua (auque según Borges provinieron de los espejos), igual sucede si respiran oxígeno, ya que morirían como un pez desterrado del agua, su tiempo de vida es corto pues viven un siglo.


Aristóteles en el libro IV de la Ética [1] sostiene que: < una sola golondrina no hace verano, como no lo hace un sólo día hermoso > sin duda alguna que se refería a la Golondrina Sideral, porque las bandadas de millones de estas aves, dan ese matiz azul oscuro a las noches claras, cuando los rayos de luna iluminan sus dorsos.



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[1] Ética a Nicómaco, el libro es conocido también con el nombre del hijo del autor, pues él se encargo de publicar esta obra después de la muerte de su padre.