jueves, 24 de enero de 2019
Cuando la amabilidad no es suficiente...
jueves, 21 de abril de 2011
CRISTOS INDÍGENAS: Izalco, El Salvador.
Haremos historia.
No andaremos de rodillas,
El alma no tiene la culpa..."
Caifanes



Lo anterior se ejemplifica durante estas fechas, pues los indígenas que aún viven, caminan como muertos insepultos al paso de la procesión, la cual es encabezada por los humildes “Cristos” todos cargados por personas indígenas. Simbólicamente el cortejo es seguido por la población ladina, que lleva, en andas, al Jesús Nazareno, acompañado de su cortejo, con opulencia y rasgos occidentales. Todos estos son datos semióticos que reflejan más de una parte de los fenómenos culturales que aquí se observan, entre ellos la geografía de la misma ciudad, las pugnas históricas, y el sincretismo, con lo que a religión respecta.
Izalco es un pueblo latinoamericano que encierra todos esos secretos, donde hay tantos espectros que se reflejan en los rostros de los “Cristos”. Durante la procesión el pueblo se transforma, hay mucha gente en las calles, hay alegría, risas, pero esas sonrisas sardónicas en la cara de unos, contrastan con la piedad en el rostro de otros. A pesar de todo eso, Izalco es un pueblo fantasma. Durante esta tarde me embarga una sensación similar a la que sufrí, al leer la novela Pedro Paramo de Juan Rulfo.
lunes, 28 de febrero de 2011
EL SALVADOR: un país sin indígenas. [*]
Para la definición de una identidad indígena, la opresión cultural es clave, y parte de esa opresión cultural la enfocan los medios de comunicación. En los medios de comunicación es dominante el blanco, las mujeres rubias, los hombres de facha delicada; ese vendría a ser el ideal en la apariencia del salvadoreño. Sin embargo, el grueso de la población comparte rasgos como la piel cobriza, el mentón prominente y el cabello lacio y negro: el indígena aparece en atisbos claros en el perfil de muchos salvadoreños.
Si se le pregunta a personas que comparten esas características (piel cobriza, mentón prominente, cabello lacio y negro) su pertenecía indígena, lo niegan, o no lo saben, a lo mucho, pueden responder con un: soy ladino o mestizo, respuesta común para la mayoría de salvadoreños, pues básicamente El Salvador es un país ladinizado. Ese es sólo uno de los rasgos del salvadoreño, otro es la falta de una identidad lingüística basada en el acento (los altos y bajos en la pronunciación, y la voz aguda), pues en los medios, los comunicadores utilizan lenguaje estándar, en contraposición a otros países, donde el acento característico es utilizado en los Mass Media.
La premisa anterior nos arroja una luz para argumentar que la cultura indígena no se ha extinto, pues también hay que tener en cuenta el rasgo contrastivo: el ladino hace al indígena, y el indígena hace al ladino, es la definición de uno frente al otro. Si se menciona que hay ladinos, o si alguien se considera ladino, tenemos que admitir por implicación la presencia indígena. La impugnación es lo que le da identidad a los grupos. No hay que verlo desde un punto de vista histórico, ya que esa impugnación sigue latente al menos en los enclaves donde sucedió la masacre de 1932, cítese Izalco y Nahuizalco.
El fenómeno de la ladinización en El Salvador ha sido significativo, es también una herencia de los sucesos del 32, pues muchos de los indígenas (en su mayoría mujeres) que sobrevivieron a la masacre tuvieron que mimetizarse, hacer un rompimiento con sus costumbres y negar su identidad para sobrevivir, esta estrategia de adaptación ha creado un trauma filogenético [**]. Pero a pesar de eso, las mujeres también han sido las continuadoras de los conocimientos culturales, pues han sabido ser el lecho transmisor de muchas pautas de la estructura cultural indígena: sus hijos han mamado los traumas, pero también se han amamantado con conocimientos, cosmovisión y habitus propios de su cultura.
Por otro lado, Erick Wolf [***] declara que: “La calidad de indio no consta en una lista discreta de rasgos sociales: se halla en la calidad de las relaciones sociales encontradas en comunidades de cierto tipo y la autoimagen de los individuos que se identifican con esas comunidades” esta cita de Wolf nos da la pauta para el otro argumento clave en la afirmación de la presencia indígena, y es el reconocimiento de grupos que se auto identifican con su origen indígena, claro está, en la mayoría de los casos son personas que no comparten rasgos fenotípicos, pero que declaran, y comparten el habitus propio de las comunidades indígenas, esa vendría a ser la contrapartida al grupo arriba citado. Dichos individuos, participan en ceremonias, usan trajes típicos, trabajan en activismo enfocado a la preservación y promoción de su cultura; aunque en apariencia, sus rasgos físicos estén muy alejados de los rasgos indígenas.
Ahora surge una pregunta: ¿La identidad la da el tipo físico (fenotipo) o los patrones que un individuo
Esos sólo son algunos de los argumentos que nos demuestran la presencia indígena en El Salvador, que ha sido negada a través de años, irreconocida por el Estado, minusvalizada por la marginación social que ha vivido a lo largo de la historia, irreconocida por la mayoría de la población. PERO, ha sobrevivido a más de un etnocidio, a la opresión cultural y económica, a la negación de la legitimidad de sus proyecciones religiosas y cosmovisión; y resurge, con nuevas proyecciones, logrando actualmente ser reconocida en El Salvador. Hoy en día, ya no puede ser negada, y emerge, similar a los retoños del tronco de un árbol que intento ser cortado.
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[*] Este opúsculo no pretende ser exhaustivo, más bien plantea ideas que quedan por desarrollar en los siguientes escritos referentes al tema.
[*] Entre ellos Erik Ching, en el libro: “Las masas, la matanza y el martinato en El Salvador” (2007) UCA Editores. San Salvador, El Salvador. Págs.: 100-110.
[**] Para mayor información sobre el concepto filogénesis, revisar el libro: "Eros y civilización" de Herbert Marcuse, Págs. 25- 33. 63-81.
[***] Wolf Erick, citado por Carlos Rafael Cabarrús, en el Libro: "La cosmovisión k’ekchi’ en proceso de cambio" (1979) UCA Editores. San Salvador, El Salvador. Pág.:148.
Imágenes:
Por orden de ubicación:
1) [Sacerdote ("Tata") indígena preparando una ceremonia] Ronald Adolfo Orellana.
2) [Ceremonia indigena] Julio González Erazo.
viernes, 11 de diciembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
“TRISTES TRÓPICOS” Párrafos últimos (Lévi-Strauss)
El mundo comenzó sin el hombre y terminará sin él. Las instituciones, las costumbres y los usos, que yo habré inventariado en el transcurso de mi vida, son la eflorescencia pasajera de una creación en relación con la cual quizá no posean otro sentido que el de permitir a la humanidad cumplir allí su papel. Lejos de que ese papel le marque un lugar independiente, y de que el esfuerzo del hombre —aun condenado— consista en oponerse vanamente a una decadencia universal, aparece él mismo como una máquina, quizá más perfeccionada que las otras, que trabaja por la disgregación de un orden original y precipita una materia poderosamente organizada hacia una inercia siempre mayor, que un día será definitiva. Desde que comenzó a respirar y a alimentarse hasta la invención de los instrumentos termonucleares y atómicos, pasando por el descubrimiento del fuego —y salvo cuando se reproduce a sí mismo— el hombre no ha hecho nada más que disociar alegremente millares de estructuras para reducirlas a un estado donde ya no son susceptibles de integración. Sin duda, ha construido ciudades y ha cultivado campos; pero, cuando se piensa en ello, esas realizaciones son máquinas destinadas a producir inercia a un ritmo y en una proporción infinitamente más elevados que la cantidad de organización que implican. En cuanto a las creaciones del espíritu humano, su sentido sólo existe en relación con éste y se confundirán en el desorden cuando haya desaparecido. Así, la civilización, tomada en su conjunto, puede ser descrita como un mecanismo prodigiosamente complejo donde nos gustaría ver la oportunidad que nuestro universo tendría de sobrevivir si su función no fuera la de fabricar lo que los físicos llaman entropía, es decir, inercia. Cada palabra intercambiada, cada línea impresa, establece una comunicación entre dos interlocutores equilibrando un nivel que se caracterizaba antes por una diferencia en la información, y por lo tanto una organización mayor. Antes que “antropología” habría que escribir “entropología" como nombre de una disciplina dedicada a estudiar ese proceso de desintegración en sus manifestaciones más elevadas.Sin embargo, existo. No ciertamente como individuo; pues ¿qué soy desde ese punto de vista, sino la postura, a cada instante cuestionada, de la lucha entre otra sociedad, formada por algunos millares de células nerviosas que se cobijan bajo el hormiguero del cráneo, y mi cuerpo, que les
sirve de robot? Ni la psicología, ni la metafísica, ni el arte, pueden servirme de refugio, mitos pasibles ahora también en su interior de un nuevo tipo de sociología que nacerá algún día y que no será con ellos más benevolente que la otra. El yo no es digno sólo de odio: no hay distancia entre un nosotros y un nada. Y si opto finalmente por ese nosotros, aunque se reduzca a una apariencia, es que, a menos que me destruya —acto que suprimiría las condiciones de la opción—, no tenga más que una elección posible entre esa apariencia y nada. Ahora bien, basta con que elija para que, por esta misma elección, yo asuma sin reservas mi condición de hombre: liberándome por ello de un orgullo intelectual cuya vanidad mido por la de su objeto, acepto también subordinar sus pretensiones a las exigencias objetivas de la liberación de una multitud a quien se niegan siempre los medios para tal opción.Si el individuo ya no está solo en el grupo y cada sociedad ya no está sola entre las cosas, el hombre no está solo en el universo. Cuando el arco iris de las culturas humanas termine de abismarse en el vacío perforado por nuestro furor, en tanto que estemos allí y que exista un mundo, ese arco tenue que nos une a lo inaccesible permanecerá, mostrando el camino inverso al de nuestra esclavitud, cuya contemplación —a falta de recorrerlo— procura al hombre el único favor que sabe merecer: suspender la marcha, retener el impulso que lo constriñe a obturar una tras otra las fisuras abiertas en el muro de la necesidad y acabar su obra al mismo tiempo que cierra su prisión; ese favor que toda sociedad codicia cualesquiera sean sus creencias, su régimen político y su nivel de civilización, donde ella ubica su descanso, su placer, su reposo y su libertad, oportunidad esencial para la vida, de desprenderse y que consiste en aprehender la esencia de lo que fue y continúa siendo más acá del pensamiento y más allá de la sociedad: en la contemplación de un mineral más bello que todas nuestras obras, en el perfume, más sabio que nuestros libros, respirado en el hueco de un lirio, o en el guiño cargado de paciencia, de serenidad y de perdón recíproco que un acuerdo involuntario permite a veces intercambiar con un gato.
Tomado de:
Lévi- Strauss, C (1988) “Tristes Trópicos” Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona: España.
Imagen:
Rostro de Lévi-Strauss, con detalle del arte bakairi (Tejidos).
viernes, 12 de septiembre de 2008
UNA PÁGINA.
Una noche de estas, mientras esperaba el autobús; vi que la brisa arrastraba una página. Recordé entonces aquel verso de Girondo que dice: “¿Cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?”. La hoja llegó a mis pies, pensé que no perdería nada al recogerla: estaba quemada y estrujada. Era el recorte de un periódico. La extendí y leí su contenido. Trascribo para ustedes lo que encontré en ella:“…Eran muchos soldados, se acercaron a la casa disparando a las gallinas y a los patos; mataban todo lo que veían. Sentimos un miedo terrible. Nunca se habían comportado de esa manera, venían frecuentemente al pueblo. Nos pedían agua del pozo y nos daban comida a cambio. No les temíamos, pero aquella tarde eran distintos.
Aquí se interrumpe el texto.
sábado, 8 de marzo de 2008
UN HOMBRE.
Este signo ha sido estudiado por etimólogos, filólogos, sinólogos, antropólogos y gramáticos y aún no se ha encontrado equivalente o parecido en los alfabetos Sumerio, Griego o Etrusco, que nos puedan brindar la clave para saber el precedente de ellos.
Le tomo años diseñar una serie de tres signos.
Al verlo agachado hendiendo la arena, los transeúntes lo circundaron, llamó su atención lo que nuestro hombre hacia, lo rodearon, así fue como empezó a enseñarles los signos que en su número posible de combinaciones y aglutinaciones narraba la historia que él quería contar.
Una sociedad secreta denominada El círculo de sabios, se dio a la tarea de desentrañar la identidad de este individuo, pero hasta la fecha todos esos esfuerzos han sido inútiles. Hoy sólo sabemos que fue UN HOMBRE.
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1. ΌΦίς: Según el manuscrito original encontrado en un royo de papiros cerca del mediterráneo. Nota del editor.
martes, 19 de febrero de 2008
EL MANUSCRITO. II

viernes, 11 de enero de 2008
LA ISLA.
[1] En las excavaciones se han encontrado lechos de carbón, leña y cuerdas las cuales son argumento suficiente para sostener que los aborígenes pertenecían a una cultura muy avanzada.


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