domingo, 11 de abril de 2010
Vida Pasión y Muerte del Antihombre V (Pedro Geoffroy Rivas).[*]
cabalgando en el vértice de un asqueroso mundo de mentiras,
trepados en andamios ilusorios,
fabricando castillos en el aire,
inflando vanas pompas de jabón,
desarticulando sueños.
Y mientras,
otros amasaban con sangre nuestro pan,
otros tendían con manos dolorosas nuestro lecho engreído
y sudaban para nosotros la leche que sus hijos no tuvieron nunca.
Ah, mi vida de antes sin mayor objeto
que cantar, cantar, cantar,
como cualquier canario de solterona beata.
Ah, mis veinticinco años tirados a la calle.
Veinticinco años podridos que a nadie le sirvieron de nada.
Pobrecito poeta que era yo, burgués y bueno.
Espermatozoide de abogado con clientela,
oruga de terrateniente con grandes cafetales y millares de esclavos,
embrión de gran señor violador de mengalas y de morenas ciervas campesinas.
Y me he muerto en la flor de los años y a media carcajada de la vida,
cuando era una promesa para varias familias
y una clara esperanza para dos o tres patrias.
(¿Cuántas niñas cloróticas lloraron sobre mi muerte sin sentido?)
(¿Cuántos borrachos repitieron entre hipos mis inútiles versos?)
(¿Cuántos curas rezaron por el descanso eterno del alma que no tuve?)
Y descendí también a los infiernos.
He visto al hombre desnudo y tembloroso
purificarse en llamas de miseria.
He visto al hombre en toda su terrible verdad,
en su espantosa y sublime verdad,
revolcarse en los lodos de las más cruentas y salvadoras abyecciones,
empinarse en los más inicuos pedestales de las más intimas y dolorosas bajezas,
y surgir transparente de los ruegos de su propia recriminación.
Y también me levanté de entre los muertos.
Violento, desatado,
como un huracán recién parido,
colgado de mi angustia,
despeñado en mis ímpetus,
con los ojos cuadrados de asombro y la palabra apenas murmurada
dejando todavía acre sabor de sangre entre los labios,
cargando con el enorme peso de la respuesta única,
ardido en los crisoles de hondos regocijos,
resurrecto en la alegría fecunda y madrugada
que puso en mi cariño dos radiosas auroras proletarias.
Y el camino fue ancho, y la luz fue más viva.
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[*]Publico hoy la quinta y última parte del Poema de P. G. R. Para los que quieran leer las partes anteriores, tienen que acceder a la etiqueta: Vida Pasión y Muerte del Antihombre.
Tomado de:
Geoffroy Rivas (1996) Cuadernos del exilo (En Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña, Volumen 8). CONCULTURA. San Salvador: El Salvador. Págs.: 41-43.
martes, 30 de marzo de 2010
CARTA ABIERTA III
Veinticinco años podridos que a nadie le sirvieron de nada.
(…)
Y me he muerto en la flor de los años y a media carcajada de la vida”.
P. G. R. en Vida Pasión y Muerte del Antihombre.

Hoy inicio mis veinticinco años, soy joven aún y no he leído a Otelo ni Hamlet. A estas alturas de mi vida, he conocido la traición, la envidia y las más infames abyecciones de mi entorno. Siempre he tratado de ser una persona transparente hacía los demás, creo que allí está mi mayor defecto. Recuerdo que hay un precepto budista que dicta: “Sólo un corazón puro puede atravesar la inmundicia sin ensuciarse…” hoy creo que mi corazón no era tan puro como pensaba.
He terminado este último año con un enorme desencanto, se socavó lo último en lo que creía, ahora lo único que me queda es el anhelo de marcharme.
Como siempre, en la montaña en la que vivo, y donde pocos se atreven a lanzar luces desde abajo, celebro mi cumpleaños de la única manera que puedo, escribiendo una carta abierta. Creo que está no será tan creativa como las anteriores, no será tan amena. A nadie le gusta escuchar a un moribundo quejarse, y mucho menos leer las quejas de otro. Pero quizás lo mío no sea una queja, quizás lo único que quiero es que veas mis entrañas, que veas esa carroña que guardo en mi interior, que veas los gusanos, no para que te enternezcas, si no más bien como una pieza de museo, como un cuerpo diseccionado dentro de una morgue, como quién llega por curiosidad a la escena de un crimen, y luego piensa: “puedo ser yo el que está allí tirado”
La verdad, me da tanto asco cuando conozco a manipuladores, a farsantes, a personas que fingen sus sentimientos, siento que esas personas me enferman el alma. Y este año he descubierto tantas, he sido victima de tantas, son tan imposibles, que la única manera que puede uno hacer para combatirlos, es mimetizarse, y tratar de jugar su mismo juego. Cualquier fin es bueno, siempre y cuando esté de por medio defenderse.
Posdata:
Pido disculpas a mis amigos que en verdad respeto, que son muchos, porque tengo la fortuna de estar rodeado de personas magnificas. Son una bendición en medio de este mundo cargado de inmundicia, ustedes han sido el contrapeso en la balanza. Con ustedes, mis fieles amigos, si quiero partir el pastel.
Ronald Adolfo Orellana.
martes, 19 de mayo de 2009
Vida, pasión y muerte del antihombre IV (Pedro Geoffroy Rivas)
De légamos profundos, inconforme,
levantándose absurda, desmedida,
monstruosa de protestas,
agria voz que me agobia,
que me empuja,
que me alza y me sumerge.
Ronca voz que desconoce las palabras,
ancho grito sin fondo,
hosco alarido
descubriéndome entrañas ignoradas,
estrujándome perdidos corazones,
ahogándome gargantas imprecisas.
Ola de agua sin cauce,
inopinada,
violento viento ardiente sin fronteras,
oscurecida vos mía y ajena resonando en oídos que siempre la esperaron,
envolviendo la sangre en venas nuevas,
encendiendo otros ojos,
desatando otra lengua.
Enmohecidos brazos la enarbolan,
puños que antes colgaban levantados,
ruda testuz erguida
negándose al yugo y al inútil arado.
¿De dónde vino a mí?
¿De donde fue en nosotros?
¿Quién arrojó semillas a los surcos hambrientos?
¿Desde cuándo eran nuestras las estrellas?
De aquí, de allá, ellos, nosotros, desde siempre.
Para qué preguntar.
Lento buzo de fuente humilde y minima
trajo palabra antípoda para la voz alzada.
desbordada respuesta, ancha, sin tregua,
palpitando en las vértebras mismas de interrogaciones.
médula joven mía, tensa y firme.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Vida, pasión y muerte del antihombre III (Pedro Geoffoy Rivas)

Venían, iban barcos.
De ti hacia mí. De mí hacia ti.
Iban, venían barcos de ojos y semillas.
Venían, iban barcos sonámbulos, desesperados barcos.
Iban, venían barcos y se iban sobre mares de olvido sin mañana.
Ah, corazón en llamas, desplazado, derruido,
Expresado a voz alterna de ansia y de alegría,
Flor abierta y sangrando su respuesta
sin el claro motivo de una sola pregunta,
Como siempre, como entonces, como ahora, como antes, como nunca,
Como tú llegaste contra todas las lógicas del mundo
Y ya no podrás irte aunque lo quieras.
Abierta herida abierta en el costado,
Voz de antiguos metales con el cantar de siempre,
Luz transida en mi noche,
Desesperado llanto,
Sombra mía de sombras que nunca me abandonas,
Lenta espiral rodeándome la vida
Persiguiéndome siempre,
Perseguida,
Dulce nudo,
Milagro.
Era en ti, era en mí, era en nosotros como una llama viva,
Estaba, estuvo siempre, y tú no lo sabías y yo no lo sabía
Y nosotros que nunca lo supimos.
Ah, compañera, compañera mía, dueña del mundo, esclava,
Ah, silenciosa mía silenciosa.
En rubias olas altas desatadas,
En lóbregas tinieblas la más honda, la más negra, la más desatendida,
Agua sabia de ignorados manantiales,
Claro sol de inexistente cielo,
Madrugada de amor,
Chorro de sangre nueva para mi corazón desamparado.
Tú y yo concretamos el tiempo y la distancia,
Limitamos la vida como entre dos paréntesis
Y ordenamos el mundo con una geografía inusitada.
Tomado de:
Geoffroy Rivas (1996) Cuadernos del exilo. CONCULTURA. San Salvador: El Salvador. Págs.:38-39.
miércoles, 27 de febrero de 2008
La última morada del anti-hombre.
Sumergido en angustia,
Como quien hunde la cabeza en una almohada
Para que nadie vea sus latentes racimos de tristeza.
Piedra angular en la tradición intelectual salvadoreña, Geoffroy nos dejó una vasta herencia cultural, desde las ramas de la investigación antropológico-lingüística, con orientación al estudio de las lenguas indígenas y la teorización de una identidad lingüística salvadoreña con los ensayos: Toponimia náhuat de Cuzcatlán (1973); El español que hablamos en El Salvador (1975) y La lengua salvadoreña (1978). En la rama artística los poemarios: Vida pasión y muerte del anti-hombre (1978); Canciones en el viento (1933) y Los nietos del jaguar (1977) entre otros.
En su juventud viajó a México, patria que lo acobijó en diferentes ocasiones cuando por motivos políticos se vio obligado a abandonar El Salvador, en esa nación cursó sus estudios de derecho y antropología, en la prestigiosa Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
miércoles, 2 de enero de 2008
Vida, pasión y muerte del anti-hombre. II (Pedro Geoffroy Rivas)

Pálido niño, pálido de silencio y anhelo.
A veces también lloro por mi frustrada ancianidad,
Grito sobre mi muerte lejana y prematura,
Sumergido en angustia,
Como quien hunde la cabeza en una almohada
Para que nadie vea sus latentes racimos de tristeza.
Mi corazón de túnel abierto a la esperanza
Se anegó de preguntas al descubrir el mundo.
Flor de monstruosos pétalos que sabían a sombra,
Fue deshojando el lento conocer de las cosas.
Mía fue la sangrienta martingala
De pasión despeñada y sin sosiego.
Míos fueron los álgidos delirios de flechas desatadas,
De torrente sin rumbo, de soledad sin alas.
Míos fueron los surcos del hombre sin semillas,
Mía la herida cruenta.
Mío el sonido ciego.
(Como de lentos nudos desatándose,
como de negros faros viejas luces
que despiertan así, de noche, sin motivo
para espantar fantasmas de velas en el sueño,
como de antiguas tumbas respiración sin sombra,
como coronas, grillos, o como rejas duras
de cárceles de donde nunca debe salir lo que penetra
como helados museos de momias y de trajes sin cuerpos,
como sueño sin sueños,
como muerte).
Ah, la respuesta entonces de verdades inciertas.
Ah, la escueta y tremenda negación de la duda.
La mentira a la altura de la sed y la fiebre
Y la atónita espera desangrándose en versos
Y el inquirir sin término y el preguntar por nada.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
VIDA, PASIóN Y MUERTE DEL ANTI-HOMBRE. I ( Pedro Geoffoy Rivas)

Incierto, de cenizas amarillas y dulces,
Idéntico a sí mismo desde hace quién sabe cuántos vagos y ardorosos milenios,
Ecuación desmedida en el preciso instante en que el grito y la sangre se confunden,
Allá
Cuando mi madre era más bella entonces
Que todos los huertos frutecidos en el sueño con hambre de los hombres.
Milagrosamente,
Mi corazón de nube desató sus silencios
Y mis ojos con nidos donde van y vienen mariposas y velas,
Estremecieron la luz al deshojar la planta sin nombre de un recuerdo.
Entonces fue,
En lo más hondo de su tierra,
Entre limos de angustia, despiadados torrentes y lejanos misterios,
En vuelcos trascendentes desahogando sus ríos,
La renuncia fatal,
La escisión fragorosa que se quedó entre los dos como un secreto
Como si alguien nos arrancase un sueño de repente
Y el socavón oscuro quedara empapelado de tristeza.
Con un afán de árboles,
Ella desenterró sus muertos para esta mi vida en que culminan diez millones de vidas,
Crucificó su sombra en el corte de todos los caminos para mi anhelo alzado y sin fronteras
Y nutrió mis raíces en el hueco de una vieja nostalgia de ojos madrugados.
Y fui yo solo entonces a taladrar mi brecha,
Prolongando un dolor que me llegaba nadie sabe de dónde,
A llenar mi destino de ser apenas un jalón en el sueño,
A pulir mi diamante, a descubrir mi pozo,
A levantar muy alto unas cuantas banderas de alegría.