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jueves, 31 de enero de 2019

Balance del mes


Soy una hoja llevada por la corriente de un rio. A veces turbulento, a veces calmo. Dentro de esa corriente, por seguir a Karla, he llegado a adoptar un estilo de vida andariego,  viviendo de pueblo en pueblo, andando de fiesta en fiesta. Lo que aquí en El Salvador llaman "fiestero".

Este viaje empezó en Jicalapa, departamento de La Libertad, a inicios de octubre del año pasado. Empecé esta vida enamorado, ilusionado porque iba a poder compartir mi vida libremente con Karla. Poco a poco, a través de la convivencia con ella me he desencantado: su comportamiento hacia mi ha dejado mucho que desear: es una lástima, pues las señales de que no era una buena persona siempre fueron evidentes.

En estos momentos escribo desde Mizata, durante este mes he estado en Oloculta y Jicalapa. Pero hoy pienso dejar este estilo de vida, porque a su lado he sufrido mucho, y no pienso sufrir más.

De lo que puedo sentirme contento, la verdad, es que durante este mes he logrado mantener medianamente la administración de este blog. Esperando, como siempre, mantener un díalogo entre la literatura y la vida.


lunes, 24 de octubre de 2016

GRACIAS POR TODO MAESTRO...

Quedamos de reunirnos en un café de la Calle Arce, yo te llevaba el tomo de las obras completas de Borges que me prestaste.  Tú traías un legajo de páginas en un folder: eran mis cuentos, que días antes me habías pedido para hacer una selección de lo que había producido durante el taller. Recuerdo que me dijiste, con esa vos tuya, siempre parecida a un susurro: “…vaya, esto podría ser un libro; estos cuentos tienen unidad…” yo recibí contento el folder, había tenido tu visto bueno.

Luego hablamos de tu salud, de cómo habías salido recientemente del hospital, y concertamos una nueva fecha para tomarnos otra vez un café, y para hablar del proceso de mi libro; encuentro que ya no se dio, porque me distancié de la literatura y tú te agravaste de salud.  

Recuerdo que la última vez que te llamé por teléfono acababa de leer tu libro: “El Canto Aún Cantado”; porque preparaba una charla sobre tu vida y obra para la biblioteca pública de Santa Ana, te di las gracias por escribir el libro, te escuche cansado y prometí que te llamaría de nuevo, no lo hice, porque tengo ese defecto de dejar las cosas para después,  hoy me lamento de no haberlo hecho.

Luego entré en el remolino de la vida, el trabajo, etc., y mi indisciplina de pasar incomunicado, de desconectarme del mundo y de la gente. Me enteré de un homenaje que te hicieron recientemente, y no pude ir.  Hoy mis lágrimas caen sobre el café, aquel café de vaso desechable que compartíamos en el taller, con mis compañeros, aquellos miércoles en los que yo me sentía verdaderamente feliz, por compartir esa literatura que siempre amamos.

Maestro, gracias por habernos regalado tu tiempo, gracias por tus enseñanzas, por compartir tu sonrisa de niño y esa mirada limpia que nunca mancharon las vicisitudes y los años.   

Sobre todo: gracias por escribir y dejarnos tu literatura….

jueves, 20 de octubre de 2016

Paradojas del destino…

Durante el año 2012, junto a dos amigos, Walldemar Romero y Sergio Garay, emprendimos una aventura literaria llamada: “Circulo Literario Mishima”. Era un inocente esfuerzo por difundir la literatura, propia y ajena, en varios medios: escuelas, bibliotecas, centros culturales etc.  

El proyecto duró, esencialmente, cerca de dos años. Poco a poco, cada uno tomó distinto camino. Debo asegurar que fue durante ese tiempo que me sentí más conectado con el quehacer literario, pues no he vuelto a participar en actividades de esa índole. Básicamente, el único que se mantiene activo bajo esa idea es mi compañero Walldemar, pues él, bien o mal, sigue difundiendo la literatura desde su perspectiva.

Por esos años me tocaba viajar continuamente de Santa Ana a San Salvador,  para asistir a las distintas actividades culturales de la capital. Trabajaba como docente de educación básica en un colegio de mala muerte y vivía tranquilo, sin más tropiezos en la casa paterna. Emigré con el objetivo de mejorar mi situación económica  y tener más tiempo para la literatura, pero hoy que vivo en San Salvador es lo menos que he podido hacer. En lugar de estar más cerca, estoy más lejos. Y  la mayor ironía es que Wally y yo  estamos en la misma calle, (la avenida Monseñor Romero) sólo nos dividen  unas cuantas cuadras. Él,  leyendo poesía durante las tardes, y vendiendo libros en Plaza Morazán, y yo vendiendo frijoles en una acera, afuera del lugar donde vivo. Cuando le escribo a Wally por las redes sociales aquel me dice: “Huela hermano, usted se pierde…”, y yo le contesto: “…es que no hay tiempo compañero…”

Si me hubieran dicho que eso sucedería, allá por el año 2012, no lo habría creído.  

        

viernes, 29 de julio de 2011

De “Manual de Zoología Fantástica” (Jorge Luis Borges)



Yo siempre he sido un hombre de relecturas: siempre recurro a los mismos libros por hedonismo, quizás esa sea una de las características que hicieron identificarme por mucho tiempo con la figura de Borges; ya que, cuando leí uno de sus famosos epílogos en uno de sus libros – o creo que fue diseminado en parte de su obra, raro juego de la memoria, en estos momentos no recuerdo las citas – donde él afirma ser un hombre de relecturas, sentí como si hubiese sido yo el que escribiera esos párrafos, he ahí porque todos concluimos que Borges es todos los hombres.

Es así, que quiero hablar de mis relecturas, de aquellas que tanto he disfrutado, y que son en algunos casos, autoría de Borges. Cuantas veces he vuelto a la página: “Delia Elena San Marco” o, a “Los Espejos Velados” en el “Hacedor”; o he vuelto, como si fuera la primera vez, a abrir mi humilde ejemplar de “Siete Noches”, o “Nueve Ensayos Dantescos”, pero no me extenderé más, la lista se haría larga… pues el motivo que me trae de nuevo a las teclas es hablar de un libro en especial, del “Manual de Zoología Fantástica”[*], específicamente, compartir con ustedes la emoción que me provocaba una pieza de ese libro.

Corría el año 2007, año en el que yo era estudiante normal, por esos tiempos hacía unas investigaciones rubendarianas, de las que hoy me avergüenzo; y en ese marco, viajé a Nicaragua, a la ciudad de León, para participar de un simposium; estuve casi una semana en esa bella ciudad, así que una tarde, entré a un pintoresco remate de libros, y entre las pocas cosas buenas que vi, se encontraba un ejemplar de “El Manual de Zoología Fantástica” de Borges. En ese tiempo yo era más incauto, me emocionaba por todo, así que cuando ví el ejemplar de bolsillo, se apoderó de mi un sentimiento mágico; para mí, ese libro era como un gran tesoro, era, como si él había estado esperando por mí (imagínense mi locura y fanatismo). Salí de la tienda con mi pequeña joya, como un niño con juguete nuevo, feliz por mi nueva adquisición.

Mi felicidad se hizo más grande cuando recorrí sus páginas. Recuerdo que me sentaba de vez en cuando en alguna banca de parque con mi pequeño ejemplar, releyendo: “A Bao A Qu”, “Animales de los Espejos”, “El Behemoth”, “El Borametz”, “La Quimera” y recordando las prosas de Kafka: “Una Cruza”, “El Odradek”. Pero mi pieza favorita era “El Caballo Del Mar”; me gustaba, especialmente por que irradiaba una ternura inexplicable: para mí esa pieza estaba cargada de sensualidad, me evocaba siempre una manada de caballos negros desbordándose entre las olas.

Uno de estos días, que estaba desarmando mi biblioteca me rencontré con el ejemplar; inexplicablemente cayó al suelo, lo levanté y ví la misma tapa de cartón que había visto años antes; lo palpé, pasé mi mano sobre su lomo como si acariciara a un noble animal… Hoy las cosas han cambiado, en pocos años he acumulado un desencanto por la vida: ya no soy aquél muchacho, al que años atrás, la adquisición de un libro sencillo lo hacía feliz. Así que fantasee, pensé que el libro se había caído a propósito, como exigiéndome que lo leyera, que volviera a aquellos años, y me dije: “Dejemos que el encanto se repita”.



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[*] Que años después, parte de su contenido se reeditara como: “El Libros De Los Seres Imaginarios” por contar con adiciones.

jueves, 21 de abril de 2011

CRISTOS INDÍGENAS: Izalco, El Salvador.

"Antes de que nos olviden,
Haremos historia.
No andaremos de rodillas,
El alma no tiene la culpa..."
Caifanes

La noche del Jueves Santo, en Izalco, no se duerme. Durante buena parte de la tarde, y toda la noche hasta el amanecer, se celebra la tradicional procesión, que recorre arcanas callejuelas y avenidas de este enigmático lugar.


Siempre que visito el pueblo de Izalco, me invade la extraña sensación de que me encuentro pisando suelo sagrado ¿Será porque en él se acuna en la forma más evidente, el secreto del mestizaje cultural que caracteriza a mi país? ¿Será porque fue también el lugar donde aconteció uno de los más grandes etnocidios para américa latina en detrimento del pueblo indígena en enero de 1932? Ambas preguntas son plausibles, pues, en cierta forma, el suelo izalqueño ha sido bañado con la sangre indígena. Y en él, todavía se escuchan los ecos de las almas insepultas de los indígenas masacrados en 1932.

Lo anterior se ejemplifica durante estas fechas, pues los indígenas que aún viven, caminan como muertos insepultos al paso de la procesión, la cual es encabezada por los humildes “Cristos” todos cargados por personas indígenas. Simbólicamente el cortejo es seguido por la población ladina, que lleva, en andas, al Jesús Nazareno, acompañado de su cortejo, con opulencia y rasgos occidentales. Todos estos son datos semióticos que reflejan más de una parte de los fenómenos culturales que aquí se observan, entre ellos la geografía de la misma ciudad, las pugnas históricas, y el sincretismo, con lo que a religión respecta.

Izalco es un pueblo latinoamericano que encierra todos esos secretos, donde hay tantos espectros que se reflejan en los rostros de los “Cristos”. Durante la procesión el pueblo se transforma, hay mucha gente en las calles, hay alegría, risas, pero esas sonrisas sardónicas en la cara de unos, contrastan con la piedad en el rostro de otros. A pesar de todo eso, Izalco es un pueblo fantasma. Durante esta tarde me embarga una sensación similar a la que sufrí, al leer la novela Pedro Paramo de Juan Rulfo.

No dormiré esta noche...

martes, 30 de noviembre de 2010

THE LAST DAYS


Hace algunos días descubrí que el ocaso es hermoso, a pesar de esta ciudad apestada de ruido y smog. Yo caminaba a través de una pasarela; iba, como es costumbre, tarde hacía un compromiso; y a pesar de mi retraso, me tomé mi tiempo y decidí sentarme un rato en un escalón para disfrutar del crepúsculo.

Encendí un cigarrillo, la gente pasaba sin percatarse de mi, sin reparar en la belleza que se estaban perdiendo; algunos subían, otros bajaban, todos a la defensiva uno del otro: todos contra todos. Esa observación me hizo pensar que la vida es una fiesta donde nadie interactúa con nadie, “¿algo ha de estarles haciendo falta?” pensé… “¿y a mi, que es lo que me estará faltando?” me dije luego.

Entonces, allí, sentado en el sucio escalón de una pasarela, situada a la vez en una rancia ciudad, me dí cuenta que me había olvidado de la literatura, que es tan básica en mi vida.

jueves, 22 de julio de 2010

Monumento en Memoria a Miguel Ángel Asturias

"¡Patria de las perfectas luces, tuya
la ingenua, agraria y melodiosa fiesta,
campos que cubren hoy brazos de cruces!"
[*]
A Max Leiva le tocó la construcción de este monumento dedicado a la memoria de uno de los más grandes exponentes de la literatura guatemalteca, y porque no decirlo, de la literatura latinoamericana del siglo pasado: Miguel Ángel Asturias. Poco sé del constructor, pero sobre el autor de Hombres de Maíz, El Señor Presidente, El Papa Verde [**]; hay mucho que decir: Miguel Ángel Asturias nació en Guatemala el 19 de octubre de 1989, y murió en Madrid el 9 de junio de 1974. Incursionó en el teatro, la novela, el cuento, el ensayo y la poesía. Su estilo es considerado vanguardista; se le encasilla dentro del Realismo Mágico, y el boom latinoamericano. Ganó el premio novel en literatura en 1967; en 1962, recibe el premio de la Fundación William Faulkner a la mejor novela latinoamericana, por El Señor Presidente, además de haber recibido el premio Lenin de la Paz en 1966. Destaca también su trabajo humanístico, como docente universitario, político, y diplomático.

El monumento es un referente urbano de la Ciudad de Guatemala: se encuentra ubicado en la plaza homónima al autor, a la vez ubicada en el centro de la Avenida Reforma, entre las zonas 9 y 10, junto a otras plazas que representan a otros personajes importantes para el país guatemalteco y para Latinoamérica, como: Benito Juárez, José María Reina Barrios, Miguel García Granados, Miguel Hidalgo y Costilla, entre otras.

El monumento consta de una base de hormigón, sobre la cual se levanta una especie de podio rectangular, del que a la vez se erige la efigie del autor, la cual lo representa con los brazos extendidos hacia atrás, en actitud crística, con libros que se deshojan, en cada una de sus manos. Frente al podio que le sirve de soporte a la estatua se encuentra la placa que suscribe en forma lacónica: MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS
Premio Nobel de Literatura
En el Centenario de su Nacimiento
Ministerio de Cultura y Deportes
Guatemala Octubre 1999
Escultor Max Leiva

Es así como Guatemala demuestra ser un pueblo culto y agradecido, que rinde tributo con ese monumento a uno de sus mayores exponentes de la literatura. Gracias a Max Leiva Miguel Ángel Asturias sigue allí, a través de los años, de pie, en actitud crística con sus libros que se deshojan en las manos.


________________________
[*] Del poema: "Guatemala" de Miguel Ángel Asturias.
[**] Menciono básicamente estas tres obras, porque son las que mejor representan dos facetas del escritor: la faceta indigenista, muy ligada al Realismo Mágico; la faceta política, que critica los regimenes dictatoriales que sufrieron los países latinoamericanos durante el siglo XX.

jueves, 15 de julio de 2010

Recital

Magdalena Teknicolor: Recital de Poesía Erótica y Urbana. Dedicado a aquellas mujeres que más de alguna vez nos han alegrado la vida.
La cita es este viernes 16 de julio. Hora 6.00 p.m. Lugar: Cervecería Tania, ubicada en la Zona Roja de nuestra ciudad, a un costado del Parque Colón (Santa Ana).

Das el placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor”.


Jaime Sabines.

viernes, 28 de mayo de 2010

Korn: Guatemala 04. 25. 10. [Parte I]*

“All i want in life is to be happy…” [*]
[But]
this is my fate
Am I still damned to a life
Of misery and hate?”[**]


La cita era a las 6: 30 PM, el lugar: Estadio del Ejército. El concierto que estaría desarrollando la banda originaria de Bakersfield allá por principios de los noventa, estaba enmarcado en su gira Escape From The Studio 2010, que contemplaba varios toques por países de Latinoamérica, entre ellos: Guatemala. El lugar donde me hospedaba estaba a pocas cuadras del estadio; así que cuando salí del hotel a eso de las ocho A.M. para recorrer la ciudad, pasé cerca de allí, a esas horas de la mañana ni siquiera hubiera entrevisto la locura en la que se verían envueltos los alrededores ya entrada la tarde.

Cuando caminaba de regreso hacía el lugar donde me hospedaba, a eso de la una de la tarde, sobre la Avenida Reforma vi a dos muchachos vestidos de negro, me crucé la calle y empecé a charlar con ellos: se dirigían al estadio “a ver como estaba el ambiente”… “a esta hora ya es bueno estar allí” me dijeron “porque ya hay gente esperando”... me contaron varias cosas, entre ellas que el concierto de Metállica había sido fenomenal. Supe que uno de ellos era originario de El Salvador, pero que llevaba varios años en Guatemala; en fin, estuvimos conversando por unos minutos hasta que llegamos al estadio, allí me detuve a fumar unos cigarrillos, después de un rato me despedí, ellos me preguntaron porque no me quedaba, yo les dije que quería regresar al hotel para cambiarme y darme un duchazo.

Cuando regresé al estadio eran las cuatro, la cola ya era enorme, pero bueno, la espera valdría la pena, así que hice lo que todos haríamos en esas circunstancias: hablar con el vecino. Inicié una conversación con una pareja de novios, el chico mostró interés al charlar conmigo, la chica se mostró muy incomoda después de un tiempo, por eso desistí de seguir hablando con el muchacho. Mis próximas victimas serían tres jóvenes que se habían incorporado después de mí en la fila. No sé ni como iniciamos la conversación, pero al poco rato estábamos platicando de varias cosas: de grupos de rock, de racismo, de homofobia, de las particularidades en el movimiento rock de Guatemala y El Salvador etc. Los nombres de mis nuevos amigos eran: Víctor, Carlos y Dexter.

Empezaba a oscurecer, la tarde se desangraba en sus tonos rojos y magenta, A ese ocaso extraño, lo siguió una luna coronada con un halo rojo. Dentro del estadio, tocaba la banda telonera: E.X.T.I.N.C.I.O.N, ya eran las 6.30 P.M. sin embargo mis amigos y yo todavía no habíamos podido ingresar. La cola era anárquica: algunos chicos se orinaban en las paredes, fans enfurecidos dañaban las vallas publicitarias, otros gritaban improperios, etc., muy buen ambiente, propio de un concierto. Días después, supe por mi amigo Carlos Pacheco, que mucha gente no pudo entrar por el desorden ocasionado en las afueras del estadio, por esa razón, durante el desarrollo del concierto se produjeron disturbios en los alrededores.

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[*] De la canción: Dead, autor: KORN, álbum: ISSUES, año: 1999
[**] De la canción: 4U, autor: KORN, álbum: ISSUES, año: 1999

martes, 18 de mayo de 2010

[De mi diario personal…]*

No tenía destino alguno para la caminata de ese día, así es que de pronto me veo dentro del mercado, rodeado vendedores ambulantes y pregoneros; dirijo mí vista hacia las esquinas de la calle: todo es color y susurro de multitud. Sigo caminando y veo a las vendedoras que ofrecen su mercancía en canastos, en su mayoría, indígenas vestidas con refajo; los colores de los trajes típicos y la fruta saltan a mis ojos: veo mangos del tamaño de una mano extendida, con tonalidades que van desde el amarillo hasta el rojo. Quiero sacar la cámara para registrar tanta forma y color, pero algo me lo impide, es el sentimiento de que alguien pueda robarme, ya que estoy rodeado de gente, y los mercados son los lugares preferidos para los ladrones. Entre los compradores pueden verse diversidad de rostros: gente de piel blanca, étnicamente caucásica, indígenas de piel cobriza, y personas melanodermicas, que son el claro ejemplo de que Guatemala es un país multicultural.

Después de caminar unas cuadras, paso de la zona donde se vende la fruta a unas carboneras: jamás en mi vida había visto tanto carbón junto, apilado en montañas del tamaño de un hombre, a mi izquierda hay una tienda donde venden utensilios de alfarería: hoyas, tinajas y comales[**] que me regalan su color brillante de barro cocido; un hombre, (seguramente el dueño del negocio) está sentado en la entrada, leyendo el periódico en una actitud que da la impresión de que se encuentra allí eternamente, con la cara escondida tras el periódico: como si estuviera espiando a alguien.

Sigo mi camino hasta que llego a unas ventas de madera, los tablones de pino se alzan apilados desde el suelo, distingo el olor de otros árboles maderables: sándalo, mataratón y cedro; el sonido de la madera aserrándose es muy fuerte, siento como la madera llora, sangra aserrín y hace chillar la hoja dentada de la sierra.

Luego entro en una red de estrechos pasadizos, sucios y oscuros, me siento de repente como si estuviera dentro de un intrincado laberinto... después de tanto andar, entro en un callejón donde logro ver al fondo una luz, salgo y me doy cuenta que el mercado quedó atrás: la marcha me dejó en un escampado: el sol me da en la cara. A mi derecha: una calle que desemboca en una ligera pendiente; frente a mi: la línea férrea; y a mi izquierda presencio una imagen que no me fue avara en ternura: sobre una tapia, un mural que combinaba los tonos del azul al púrpura, coronado por una casa rosada de aspecto pobre, pero no tacaña en belleza, que logra enternecerme con su hermosura elemental. No lo pienso dos veces: saco mi cámara y disparo, pues para mi hubiera sido imperdonable que no quedara testimonio de tan emotivo instante.

Me acerco al mural para revisar si hay firma del autor, para darle el mérito a quien lo pintó; por más que lo examino no encuentro rubrica alguna: ¿Quién habrá sido ese autor anónimo? ¿Quién nos habrá regalado las condiciones para que se hubiera podido sacar esta foto? Esa ironía de la vida me recuerda que muchas de las obras no pertenecen a quien las creó, sino a quién las aprecia.


_________
[*] Fechado en: 04. 24. 2010.
[**] Utensilio de cocina que asemeja a una lámina de forma circular, hecho de barro cocido, utilizado en Mesoamérica para la cocción de tortillas de maíz.

domingo, 9 de mayo de 2010

[Agradecimientos]*


El día que regresé de Guatemala me dieron ganas de llorar, francamente, como lo leen: ME DIERON GANAS DE LLORAR, y es que estuve pensando que los salvadoreños somos los más vendidos del mundo, pues nada más estamos pocos días en otro país y ya adoptamos el acento y desdeñamos de nuestra patria. Pero es que cuando se te ha tratado tan bien en el país vecino, cuando todas las personas con las que te has relacionado han sido excelentes contigo, es lo menos que puedes hacer: EXTRAÑARLOS.

Es así que en esta nota provisional declaro que los extraño mucho: extraño a la señora recepcionista del hotel Villa Deportiva, con quien compartí mis chistes y amenas pláticas; extraño al señor de la fuente en el centro histórico, quien conversó conmigo varias veces, y aquella madrugada de lunes 26 de abril, encendió sólo para mi la fuente, para que pudiera tomar una bonita foto de la Catedral Metropolitana; extraño a mis buenos amigos: Dexter, Carlos Pacheco y Víctor Melchor, quienes estuvieron junto a mi durante el concierto, amigos que hice en la cola antes de entrar al estadio: la vida es para crear vínculos, espero que con ustedes los lazos recién estrechados jamás se rompan. También extraño a quienes me dieron información cuando andaba preguntado por alguna dirección, por el nombre de una iglesia, por las particularidades y datos históricos de un monumento, etc. También quiero disculparme con aquellos a los que fotografié sin permiso, y a los que no pude tomarles una foto, quiero decirles que sus rostros han regresado gravados en mis pupilas.

Durante este mes de mayo, postearé todo el material que fui a recopilar en mi corta estadía en la Ciudad de Guatemala (entre fotos e información); he quedado debiendo la crónica del concierto, pues los videos que tomé son muy pesados y Blogger no me deja subirlos, estoy trabajando en ello para convertirlos a un formato más liviano, sin que pierdan la calidad. [*]

A todos los chapines con los que me relacioné: GRACIAS POR LA HOSPITALIDAD…

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[*] Esta aclaración va para mis amigos guatemaltecos, que, desde hace días me preguntan porque no he publicado la nota.

martes, 5 de mayo de 2009

APUNTE DE UN FOTOGRAFO.

Mi cámara era una Nikkon. Yo pasaba mis vacaciones en San Salvador. Casi todas las noches salía a pasear por el centro hasta tarde; mi ruta preferida era caminar por la calle Darío y deambular por el Parque Bolívar, la Plaza Morazán, el Parque Libertad, y el Ula Ula, con la iglesia El Rosario a un costado, la que yo suelo llamar de cariño: “La Tortuga”. Andaba en busca de una buena fotografía y sacaba bonitas fotos de las estatuas de Bolívar y Barrios, cada uno sobre su caballo: en su parque homónimo el primero y en el Libertad el segundo. Al observarlos a ambos rememoraba – con gusto – aquellos versos de Borges, rayanos en el artificio:
Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo…(*)
Siempre que estoy en un lugar me gusta pensar en como hubiera sido en otra época, imaginarme que gente ha caminado por el mismo camino, quién ha gastado antes con la vista las mismas cosas que veo yo. Cuando pasaba por los puestos solitarios del mercado pensaba en como se ven de día, con toda la gente y el caos de microbuses; San Salvador es bonita, no es como dice Cerati de Buenos Aires “tan susceptible”(**), sino que encierra algo más: siempre, aún nocturna y solitaria, se siente una tensión, es como si estuviéramos parados sobre un horno que nos hace ir de prisa, mover las plantas de los pies rápidamente para no quemarnos, quizá porque a la base está el fuego de un volcán.

A menudo se ven estampas que reflejan esa tensión y manifiestan la pobreza, violencia y lo sórdido. Todos sabemos que El Salvador es uno de los países más violentos de America Latina, sólo falta poner de ejemplo mi caso, soy un visitante reciente en la capital, pero en una de las ciudades más “tranquilas” del país tuve mi primer susto por la delincuencia: cuando, en un microbus, unos pandilleros me confundieron con un policía que supuestamente ellos conocían, me amenazaron con una pistola y por poquito me roban la laptop. Menos mal que no se dieron cuenta que eso era lo que llevaba en mi mochila ¿¡¡Ya voy a parecer policía yo!!? Como se atreven a confundirme, no es que tenga de menos a los uniformados, lo que pasa es que me ofendo porque no soy tan feo para que me anden comparando. De suerte que me salvé de una situación desagradable. Y además, no es eso lo que quiero relatar.

Como decía, vi muchas cosas propias de nuestros países, y que son una perfecta materia prima para congelar en la cámara: fotografíe sus cloacas que sueltan bocanadas de vapores fétidos; las luces nocturnas que acentúan las figuras de las prostitutas y los travestis, haciéndolos parecer espectros; los locos, que pululan en la ciudad y de los que siempre nos resultan sus particularidades. Pero lo que fue mi alegría esa noche, fue que veo en plena calle, una indigente que se baja los calzones en la acera y enseña sus nalgas mientras orina en público. Saqué mi cámara, ella extendió la mano y me dijo entre el flash: “no me tome ninguna foto”, cuando guardé la cámara en el estuche y la puse en un bolso que llevaba, un niño apareció corriendo de la nada y me arrebató el bolso donde llevaba mi Nikkon, me habían robado la cámara, pero no me dolía el hecho de haber perdido el objeto, sino haber perdido la foto, pues en el poco tiempo que la pude revisar en el visor, vi que era una foto muy buena, que reflejaba la cotidianidad de nuestros países latinoamericanos.

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[*] Borges: Oda escrita en 1966, en El Hacedor.
[**] Soda Stereo: En la ciudad de la furia. Disco: Doble vida (1988).