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viernes, 25 de noviembre de 2011

Georg Trakl: poeta transgresor. Una aproximación a la poesía trakliana.

La poesía de Georg Trakl se inscribe a todas luces en la tradición de los poetas malditos. El poeta impugnado por sus coetáneos, de expresos delirios y apático a la vida social, es el arquetipo que a Trakl le tocaría representar; por cualquier circunstancia, ya sea interna o externa: ¿Qué puede esperarse de un personaje que fue testigo de la primera gran guerra del siglo XX? que vivió los albores de una centuria en la que se preveía que el ser humano sacaría lo peor de sí contra el ser humano mismo: ya conocemos la máxima que utilizaría Freud en “El Malestar en La Cultura” para conceptualizar la violencia del hombre hacía el hombre: “Hommo homini lupus” [1]. Si bien sabemos que en la historia todos los siglos han sido devastadores para la humanidad, ninguno lo fue como el siglo XX, en el que la auto aniquilación del género humano se presentía en el entorno. Es en esos contextos donde la máxima de Stephen Dedalus adquiere fuerza: “La historia es una pesadilla de la que quiero despertar”.

Si bien Trakl no vivió la guerra siendo parte de las filas, la asimiló desde el punto de vista de un civil, que es el que al fin y al cabo puede reflexionar siendo espectador; pues, el soldado poco puede sacar de los momentos que lo envuelven, ya que su objetivo primordial es mantenerse con vida. En una situación en la que el orden social ha cedido, porque: “Es una desgracia tan indescriptible cuando a uno se le quiebra el mundo” [2] los civiles, esas personas que cotidianamente ven su mundo resquebrajado, siempre añoran el anterior estatus quo; surge en ellos una nostalgia, que los lleva a constantes reflexiones; por eso, la mayoría de los buenos testimonios de tiempos bélicos han sido autoría de personas que poco o nada han tenido que ver con las armas. Sabemos por referencias que Trakl fue “asistente de los servicios de sanidad del ejercito austriaco durante la batalla de Godek” [3] de ahí podemos sacar algunas de las conclusiones acerca de su constante cercanía con la muerte, viendo los patéticos padecimientos de los soldados, que sería unos de los pensamientos que lo torturarían constantemente en su menoría. El poeta viene siendo como una mosca que percibe el mundo de forma diferente y que vuela en torno a los moribundos y cadáveres descompuestos.

Cuando leemos los versos traklianos observamos que toda esa muerte, ya sea la de la guerra, o la muerte cotidiana que lo acompaña siempre, la putrefacción, la entropía, todas están encausadas en dos tipos de escenarios: el entorno urbano, la ciudad, que para Trakl es la total aniquilación del ser humano; y un escenario bucólico, de arboledas y selvas oscuras. La connotación del primero de estos escenarios es el culmen de la degradación humana, la vida en la ciudad es la muerte indigna: “Oh, la locura de la gran ciudad, cuando al atardecer/junto al negro muro miran absortos árboles raquíticos/tras máscara plateada asoma el espíritu del mal; / la luz expulsa con látigo magnético a la noche/petrificada." (A los que han enmudecido)[4]. Esta observación es ampliamente consignada por Adolfo Vásquez Rocca, en su artículo: “Georg Trakl y Jorge Teillier; para hablar con los muertos”, donde él desglosa la propensión de Trakl a expresar un malestar relacionado con la decadencia del hombre en el entorno urbano, contraponiéndolo a la nostalgia que vive el poeta al añorar el paisaje de la comarca:
Así la ciudad de Trakl es imagen de la decadencia del mundo occidental que está relacionado con la figura poética del forastero, el solitario, el apátrida, cuya culpa radica sólo en el hecho, por lo demás inevitable, de existir en este mundo donde sólo habitan exiliados.” [5]

Esa condición de artista desamparado, de ermitaño que nada quiere con los lugares hacinados de personas, ha sido también apuntada por Rodolfo Modern en su artículo: “Georg Trakl: a 90 años de su fallecimiento”; al respecto Modern nos dirá:
Esta actualidad en la que el hombre está hundido y condenado se exterioriza en las invectivas que le despierta la ciudad, sobre todo la gran ciudad que conocía a través de Viena y Berlin y que le disgustaba hondamente. Allí, en la cresta de la civilización, se sentía Trakl más perdido y abandonado que nunca. En enero de 1913, por ejemplo, había obtenido un cargo burocrático en un ministerio de Viena. Duró allí unas pocas horas. Luego, amargado por su fracaso, se refugiaba en el Tirol, donde Ludwig von Ficker tenía una habitación dispuesta para el difícil amigo.” [6].

Siguiendo la lógica de oposiciones campo/ciudad que ya hemos apuntado, donde por el contrario, la otra muerte, la que representa al entorno idílico de la comarca, del campo, es una muerte más digna, una muerte que lleva a la esencia vital, a convertirse en tierra, en árbol, en tronco hueco con gusanos, es un tránsito primigenio, esa nostalgia y esa exaltación relacionada de los dos elementos: noche y campo es en extremo evidente en el poema: “Canción del Solitario” [7].

En la poesía trakliana surge una trasgresión de la vida: lo inanimado, la piedra, un tronco cortado del árbol, se disloca a lo animado, surgiendo un continuum entre el que se encuentra vivo que va degradándose y lo inerte: un ladrillo, un cuchillo, van adquiriendo vida, por otro lado: “…al atardecer el padre se convirtió en anciano; en cuartos oscuros se petrificó el rostro de la madre, y sobre el muchacho pesó la maldición de la estirpe degenerada…” (Sueño y locura); o en este otro ejemplo: “Oh, la flauta de la luz; / oh, la flauta de la muerte” (Transmutación de lo malo); donde prestamos atención al sentido de la transgresión de la vida, observando a la muerte desde el punto de vista contrario: porque para muchos la muerte es catalogada como tinieblas, oscuridad, frío, la negación de la existencia, pero en este caso la muerte es luz. Siguiendo esta ley, bien podríamos aplicar el Cuadrado Semiótico que alguna vez propuso A. J. Greimas, el cual se constituye a partir de dos operaciones básicas: la negación y la aserción. El Cuadrado Semiótico fue una herramienta propuesta por los estructuralistas, para procurarle a la semiótica una serie de instrumentos lógicos precisos, y demostrar que aún en los procesos inconscientes de la cultura existe una estructura interna. [8] En nuestro caso servirá para hacer un ejemplo y observar mejor las relaciones de presuposición reciproca, de contradicción y complementariedad, que se encuentran en las leyes internas de la poesía trakliana:

O bien:

En la propuesta que mostramos, podemos observar que la relación horizontal es la que representa a la contrariedad: Día vrs Noche; Tinieblas vrs Luz; Vida vrs Muerte. Por otro lado la relación vertical es la de la implicación: (el Día en la poesía trakliana, como arriba está escrito, está implicado a las Tinieblas; y la Muerte está implicada a la Luz, o como lo dice literalmente el verso del poema “Transmutación De Lo Malo”: “Oh, la flauta de la luz; oh, (es) la flauta de la muerte” (El paréntesis es mío). De igual forma sucede con la mayoría de lugares comunes en los que se identifica una transgresión, presentar un catálogo en este ensayo resultaría una tarea ardua para su lectura, así que bástenos con el ejemplo.

Por otro lado el otoño, como símbolo de degradación se hace presente como lugar común en la mayoría de sus poemas. Las hojas muertas que visten los senderos de piedra, y que son al fin y al cabo, sólo cuerpos inertes llevados por el viento, cadáveres apilados de una guerra, que van pudriéndose poco a poco. Así, como ley principal de esa transgresión, la noche adquiere, por el contrario, una connotación diferente al día: el día es tenebroso, la noche es magnífica. En ella, emergen seres fascinantes, gusanos, búhos, zarigüeyas, águilas, murciélagos. En esta poesía todo sucede durante la noche, mientras el degradé de la transmutación de los contrarios va en su desarrollo, los adjetivos adquieren connotación positiva: “Que triste este atardecer/ (…) Sus ojos pacen redondos y dorados en el crepúsculo, / y su seno aguarda al prometido celestial.” (De Profundis); “Suave tañe en el atardecer azul la efigie de los muertos.” (Transmutación De Lo Malo) “Oh, el dulce manojo de ancianos por la noche, / Oh la amarga hora del ocaso” (Canción de Occidente); por otro lado, durante el día: "…un sol siniestro rueda" (Grodek). Estas claras dicotomías adquirieren su claroscuro en la mayoría de poemas, podemos ver que hay una situación liminal en el atardecer, cuando aún el día no se ha convertido en noche, ese momento, ese degradé, esa “amarga hora del ocaso” que recibe una enorme fuerza en la obra trakliana, nos demuestra que en la mente del escritor, no existen blancos y negros, sino una gama de grises: es el claroscuro del mismo universo. Apegados a esa ley, venos que la Muerte y la Vida se besan en ese continuum, el Bien no puede existir sin el Mal, y viceversa, es similar a la implicación Negro/Blanco. Lo sublime y lo corrupto yacen armoniosamente, todo está: "lleno de inmundicias y polvo de las estrellas…"(De Profundis).

Entre la podredumbre, que es una realidad que puede captarse con todos los sentidos, no nos sorprende que Trakl eche mano del recurso de la sinestesia: "…donde ahora silba pardusca la hierba silvestre, / (…) y en el azul sagrado siguen sonando pasos luminosos …" (Infancia) “…escucha con atención la frente del leproso bajo el árbol desnudo.”(Transmutación De Lo Malo). La sinestesia en si, como recurso muy explotado por la mayoría de poetas, nos ayuda a captar las imágenes con todos los sentidos, pues en suma, la poesía trakliana es ante todo imagen, por eso en una primera lectura no se puede negar el sabor de un estilo desordenado, pero las siguientes lecturas son las que le dan cohesión al cuadro: Trakl forjó ese estilo de manera consciente, quizá para presentarnos una forma transgresora de ver la realidad, por eso no nos sorprende que él mismo describiera su poesía como: “ese caos infernal de ritmos e imágenes”, que de esa forma viene siendo altamente expresa pero, singularmente expuesta en diferentes ordenes. Por esa razón Heidegger fijara sus ojos en su poesía, para tomar sus singularidades y así ejemplificar su teoría del poeta como Auto Parlante del Ser: "…Todo gran poeta poetiza a partir de una única poesía. Su grandeza se mide por el grado de fidelidad a ella. La poesía del poeta queda inexpresada. Ninguna de sus Poesías, ni siquiera la totalidad de ellas, lo dice todo. Y, sin embargo, cada poema habla desde la plenitud de una única poesía, y es a esta a que siempre expresa." [9]
Su estilo particular, de “caos infernal de ritmos e imágenes” bien podría acercarnos a un incipiente estilo cinematográfico, al ver la limitante que nos ofrece la cadena del lenguaje, dentro de la cual, cada cosa tiene que ser nombrada sucesivamente, lo contrario a un cuadro o una fotografía, donde toda la descripción coexiste y se basta por sí misma. En los versos de Trakl, sucede todo lo contrario a lo que nos ofrece otro de los malditos: Charles Baudelaire, donde toda la argumentación y las imágenes descritas están altamente ordenadas, tómese como ejemplo el poema “Una Carroña”:
Recuerda lo que vimos, alma mía, / esa mañana de verano tan dulce: / a la vuelta de un sendero/ una carroña infame / en un lecho sembrado de guijarros,/con las piernas al aire, como una mujer lúbrica, / ardiente y sudando los venenos / abría de un modo negligente y cínico / su vientre lleno de exhalaciones.// El sol brillaba sobre esta podredumbre, / como para cocerla en su punto, / y devolver ciento por uno a la gran Naturaleza / todo lo que en su momento había unido; // y el cielo miraba el espléndido esqueleto / como flor que se abre./ Tan fuerte era el hedor que tú, en la hierba /creíste desmayarte.// Zumbaban las moscas sobre este vientre pútrido/ del cual salían negros batallones / de larvas que manaban como un líquido espeso / por aquellos vivientes andrajos…”[10]

Vemos que las imágenes y las ideas siguen una secuencia lógica en el autor de “Las Flores del Mal”. Que si bien, la temática escatológica está contemplada, el paralelo es que ésta es tratada en ambos poetas con sus estilos altamente marcados.

Como apuntamos anteriormente, muchas cosas acercarían a Trakl a llevar el estandarte de poeta maldito, no sólo el tema de la muerte y la corrupción de la materia, de ver la vida de una forma transgresora, sino también la propensión a vivir su propio personaje del tipo que ya no comparte la confianza en ninguna visión política mesiánica, en la certeza de que todo en la vida es tinieblas, o mejor dicho, en sus propias palabras, con un tono de resignación: “No tengo derecho a sustraerme al infierno”; en nuestra vida, en la que el ser humano es “un animal azul que tirita en silencio” (Transmutación De Lo Malo); y donde “ Son extraños los nocturnos senderos del hombre”.(Revelación y Caída), la noción del desamparo, es multiplicada, y lo único certero es La Muerte con su Luz Liberadora, o como bien lo dijera nuestro autor, en los versos del poema “Sueño y Locura”: “Oh, la voluptuosidad de la muerte./ Oh, criaturas de una oscura estirpe. / Argénteas relucen las flores malignas / de la sangre en las sienes de aquél, / la fría luna en sus ojos quebrados. / Ay, de los nocturnos: ay, de los malditos.” (Sueño y locura). Con ese lamento, esa suplica que se repite en eco: “Ay, de los nocturnos: ay, de los malditos...” Trakl firmaría su epitafio y así terminaría su papel y personificación, tras morir por sobredosis de cocaína, accidente que algunos adjudican como un atentado a su vida, ya que el poeta, tenía como precedente un fallido intento de suicidio. Por nuestro lado, a los que todavía vivimos – o bien, decimos quizá erróneamente que estamos vivos – después de leer sus poemas, nos queda la clara idea que "todos los caminos desembocan en negra podredumbre…" (Grodek)

NOTAS
________________________
[1] S. Freud, “El Malestar En La Cultura”. Alianza Editorial, 1981: Madrid España. Ver el capítulo 5, página 53, de esa edición.

[2] Georg Trakl, en una de sus cartas personales, citada por Rodolfo Modern en el artículo: “Georg Trakl: a 90 años de su fallecimiento

[3] Referido por Ricardo Silva-Santisteban, en el artículo: “Trakl, muerte y poesía” Revista Eco N° 209, marzo de 1979, Bogotá: Colombia.

[4] Los ejemplos referentes a los poemas traklianos, serán citados internamente en el texto, encerrando el nombre del poema al que hacen alusión los versos entre paréntesis.

[5] Vásquez Rocca, A. “Georg Trakl y Jorge Teillier; Para hablar con los muertos” en Almiar, Margen-Cero: http://www.margencero.com/articulos/articulos3/trakl.htm.

[6] Modern R. “Georg Trakl: a 90 años de su fallecimiento

[7] Para ejemplificar el poema nos respaldamos en esta versión de Antonio Gamoneda:
Canción del Solitario
Cargado de armonía está el vuelo de los pájaros. En las praderas cristalinas de los ciervos, los verdes
bosques se reúnen al atardecer en torno a cabañas silenciosas.
La oscuridad hace más tenue el murmullo de las aguas. Vienen húmedas sombras
y, melodiosas en el viento, vienen también las flores del verano.
Ya anochece en la frente del hombre pensativo y una llama de bondad arde en su corazón.
Es la paz de la cena: el pan y el vino están benditos por las manos de Dios
y, en silencio, con sus ojos nocturnos, tu hermano te mira y descansa de los caminos espinosos.
Ah vivir en el azul y en el espíritu de la noche.
En las habitaciones, el silencio rodea con amor las sombras de los antepasados,
los martirios purpúreos, el lamento de una estirpe
que, piadosa, se extingue en el descendiente solitario.
En el umbral de piedra el enfermo despierta de los negros instantes de la locura
y le rodean la frescura azul, el luminoso final del otoño,
el sosiego de la casa y las leyendas del bosque.
ésta es la medida y la costumbre, así son los caminos lunares
de quienes se retiran a las cercan.as de la muerte.”

[8] Helena Beristaín, citando a Greimas, define el cuadrado semiótico con las siguientes palabras: “… tiene un parecido con el cuadrado de la lógica binaria de proposiciones, “aunque no explicita todas las relaciones figuradas por el cuadrado lógico. Y desde luego, Greimas habla de una lógica especial a la que llama: “lógica de posiciones y de presuposiciones” el establecimiento de cuadrado semiótico procede de dos operaciones fundamentales, la aserción y la negación”. Para una descripción más amplia sobre esta herramienta, revisar: Beristaín H. (1995) “Diccionario de Retorica y Poética” Editorial Porrúa. México: DF; páginas: 123-128.

[9] Heidegger M. (1970). “Georg Trakl, una localización de su poesía”. En Georg Trakl. Poesías, Ed. Carmina, Buenos Aires: Argentina, 2da ed., pág.:8.

[10] El poema sigue de la siguiente forma: “…Todo aquello descendía y subía como una ola, / o se lanzaba chispeante / se hubiera dicho que el cuerpo, hinchado por un aliento vago, / vivía y se multiplicaba. // Y este mundo producía una música extraña / como el agua que corre y el viento // o el grano que un ahechador con movimiento rítmico // agita y voltea con su criba. // Las formas se borraban y no eran más que un sueño, / un esbozo tardo en aparecer / en la tela olvidada, y que el artista acaba / sólo de memoria. // Detrás de las rocas una perra inquieta / nos miraba con ojos enfadados, // espiando el momento de recuperar en el esqueleto / el trozo que había soltado. // Y, sin embargo, tú serás igual que esta basura, // que esta horrible infección, // ¡estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza, / tú, mi ángel y mi pasión! // ¡Sí! tal tú serás, oh reina de las gracias, / después de los últimos sacramentos, / cuando vayas, bajo la hierba y las fértiles florescencias, / a enmohecer entre las osamentas. // Entonces, oh belleza mía, di a los gusanos /que te comerán a besos, / ¡que he guardado la forma y la esencia divina / De mis amores descompuestos!”


jueves, 15 de septiembre de 2011

EL HOMBRE QUE NACIÓ PARA ROBAR ROSAS DE LAS AVENIDAS DE LA MUERTE

En una habitación oscura, sucia y lúgubre, hay un hombre fumando, con los ojos clavados, sin inmutarse, en una botella de cerveza a medio terminar. El cigarrillo humea, él le da otra calada que hace que se consuma en una gran estrella que le ilumina el rostro. Mientras una cucaracha se desliza por la mesa, se acerca a la cerveza que gotea, mueve sus patas delanteras sobre su cabeza, haciendo como si limpiara sus antenas; el insecto huye cuando una enorme mano, callosa y peluda, vuelve a levantar la botella de cerveza para darle un gran sorbo. Sólo unos pobres rayos de luz se cuelan por unas persianas dentro de esa habitación anegada de humo. El hombre se levanta del sillón desvencijado para ir al frigorífico y sacar otra cerveza, la destapa con la boca, y escupe la tapa. Afuera se oye un rumor de niños jugando, él husmea por una rendija de la persiana, ve mujeres que pasan, cargando bolsas de papel, con sus culos apretados, ve hombres conduciendo vehículos lujosos, ve muchachas jóvenes con sus novios del brazo. Cierra la persiana, vuelve a sus asuntos, afuera está la gente, pero a él no le importa, para él la compañía de ellos estorba.

Ese personaje dentro de la habitación oscura bien podría haber sido creado por Charles Bukowski, o podría haber sido él mismo, o cualquiera de nosotros, la verdad no importa, porque atiende a un arquetipo que todos conocemos, pero que saco a colación, porque fue un arquetipo muy explotado por el buen Charles Bukowski. Y hablando de este escritor, cabe la pregunta: ¿Quién era Bukowski? bástenos las respuestas: un cartero, un poeta, un apostador, un borracho, un viejo indecente, una especie de rockstar underground, un perdedor, o una lápida en cuyo epitafio se lee: "Don´t Try", podría ser cualquiera de esas cosas, o todas. No lo incluiré en un ismo, no me interesa que muchos lo hayan encasillado dentro de la llamada Generación Beat, u otros sostengan que él es considerado un icono de la decadencia de los Estados Unidos del siglo XX, no quiero decir más fechas entre su vida y muerte, ni nacionalidades: eso no importa; lo que importa, al fin y al cabo es lo que el escritor nos transmite, cuando estamos en ese momento, ya sea intimo o compartido, de leer sus escritos.

Hay una característica que siempre subyace después de leer algo de Bukowski, ya sea un cuento, un poema, una novela, e incluso, algunas de sus cartas personales: es su inexplicable ternura, una ternura que está mezclada con la violencia y la crueldad, pero ternura al fin y al cabo. Conmueve, sin ser sensiblero. Él es capaz de hablarte de pájaros azules que hacen llorar hasta a los hombres más duros, de perros gordos "con pelo marrón corto y ojos sonrientes". Toda la ternura que reúne, en los lugares menos esperados, es para mí tan extraña que puedo leer una serie de líneas donde describa como a un animal le muelen la cabeza a golpes, le aplanan el cráneo con un mazo hasta sacarle los ojos, y después hacernos lanzar un suspiro de enternecimiento al terminar la lectura del cuento. Él sabe que el sonido más triste, es aquel lamento del bovino en el rastro, ese sonido seco, que interrumpe el silencio de la madrugada.

Además de la ternura, leer a Bukowski, en muchos casos te transmite un sentimiento de soledad. Él sabe restregarnos en la cara que todos somos habitantes de la nada, habitamos un entremuro donde no sabemos si estamos existiendo o estamos muertos; el entremuro entre el corazón que palpita y la piedra fría. Todos vivimos a “solas con todo el mundo” habitando ciudades con millones de personas apretujadas en espacios mínimos, llenos de lugares donde "nadie encuentra al otro". Habitamos un mundo que se llena de inmundicia y nada más… esa soledad atiende a que nadie es capaz de amar a nadie. "Si tienes la capacidad de amar / amate a ti mismo primero” exhorta "Ya que finalmente, ningún amor funciona”. Siempre nos recuerdan que nadie es bueno con nadie, la soledad es lo único que existe: “Hay una soledad tan grande en este mundo / que podés verla en el lento movimiento de las agujas del reloj./ Gente tan cansada / mutilada / sea por amor o por no amor./ La gente no es buena con los demás / el rico no es bueno para el rico/ el pobre no es bueno para el pobre (…) el terror de una persona sufriendo en un lugar / sola… / sin que la toquen / ni le hablen / regando una planta. / La gente no es buena con los demás / la gente no es buena con los demás / la gente no es buena con los demás. / Supongo que nunca lo serán / no les pido que lo sean/ pero a veces pienso en eso…” (La Rotura)

La soledad se asemeja a la mutilación, el hombre solo es el hombre mutilado: le falta algo; los hombres son animales torturados, los inoculados de un veneno que se llama vida. La tristeza es tan grande que se materializa, en una herida, en una rotura. La gente en las colas, no son más que reses destazadas en el rastro, sobre los ganchos, esperando ser desmembradas. Pero nadie más puede expresar su dolor, nadie puede expresar la tristeza en la que todos viven, sólo el poeta, y por eso es vilipendiado, por eso se autoexilia de la sociedad, tiene que vivir encerrado en esa habitación oscura, porque a nadie le gusta que le recuerden su desgracia. Siempre recuerda a los demás la muerte, y nadie quiere saber de la muerte, dentro de esa habitación que huele a meados y muerte, dentro de su mente todo es entropía. El escritor se aísla para que nadie se moleste con su presencia, porque él es el que lleva sobre sus hombros todos esos animales muertos.

La vida es como sentarse a la mesa y comerse un pollo invisible, los demás comensales no lo saben, sólo el poeta advierte la trampa, y exhorta que el pollo es invisible, pero se gana el odio de los demás, que lo saben pero quieren seguir engañados. Todo mundo quiere vivir engañado. Leyendo libros de superación personal, soñando amores perfectos, de esos que les vende la publicidad, comparando la felicidad con el dinero; gastan sus vidas de esa forma pero nadie está verdaderamente vivo: “He buscado casi medio siglo/ y no lo he visto. / Un hombre vivo, verdaderamente vivo/ que cuando baje sus manos/ después de encender un cigarrillo / veas sus ojos /como los ojos de un tigre mirando el pasado / en el viento. / Pero cuando las manos bajan / son siempre / los otros ojos / que están ahí / siempre, siempre. / Y pronto será demasiado tarde para mí / y habré vivido una vida / con kioscos, / gatos, sábanas, saliva, / diarios, mujeres, puertas y otras cosas, / pero en ningún lado / un hombre vivo.”(Pobreza) La enumeración de objetos nos denota que inclusive, todas esas cosas, tienen más vida que las personas que el poeta ve a diario. La suplica se reproduce en el eco, nunca ha visto en toda su vida a un hombre que este realmente vivo: en los bares, en el hipódromo, el supermercado, en las calles, lo único que él puede ver son cadáveres, hombres que han perdido la vida en los ojos, zombies que pasean sus carnes nauseabundas, pululando gusanos, personas que se rindieron a seguir sus sueños, que ya no son niños, han perdido la inocencia, como él mismo se pregunta al terminar su poema Pensión de Mala Muerte: “Doblas la esquina / Y volvés a subir / la misma calle/ pensando/ todos esos hombres / fueron niños una vez / ¿qué les pasó?/ ¿Y qué me pasó a mi?” (Pensión de Mala Muerte)

El poeta habita una zona gris, el entremuro del que ya hemos hablado, pero él tiene la ventaja de poder consignar ese dolor y esa soledad, todo lo contrario a la gente que le rodea: “No puedo imaginar a la gente, / es difícil para mí imaginar a la gente, / quizás se sienten tan mal como yo / o casi tan mal. / Me pregunto qué hacen cuando se sienten mal / probablemente no hablan de eso. / Dicen: / "Mirá, está lloviendo" / es la mejor manera.” (Informe Meteorológico); si ignoran su dolor, no pueden llamarse seres humanos, están más cercanos a los animales, no tienen nada que envidiarle a “…un cerdo moviéndose en su chiquero en la noche / molestado por la lluvia, / (con) pequeños ojos como brasas de cigarrillo, / y su maldita cola…” (Informe Meteorológico, el paréntesis es mío) que sufre pero no razona, sigue mojándose, sigue revolcándose en el lodo. Pero el animal humano que Bukowski nos pinta es responsable de una doble falacia, la de impugnar a aquellos que si pueden consignar el dolor. Eso nos concluye que los demás seres humanos apestan, sus vidas son basureros, sus interiores están mucho peores que la habitación oscura, donde se acumulan en una esquina, colillas de cigarro y botellas vacías de cerveza. Él se siente mejor en su exilio: "Sin embargo soy afortunado: me deleito en la soledad, nunca voy a extrañar la multitud. "(Enfermo). Por eso el poeta es honesto, no quiere relacionarse con ellos, preferiría que no existieran; reflexiona sobre sus vidas, le parecen estólidas, carentes de sentido, nadie "tiene ojos en la cara ni corazón en el cuerpo" (Canción De Amor A La Inversa).

Su honestidad se refleja en su estilo, él busca una expresión más prosaica, nunca cae en el conservadurismo literario del que parten otros, del que le expugnan sus detractores para los cuales su lenguaje directo es antiliterario. Bukowski es de los que te hacen tirar la ceremoniosidad a un lado, porque en el fondo la vida no es ceremoniosa, todos sabemos que en esta vida nada funciona bien, por eso de nada nos sirve maquillarla. Bukowski nos muestra que la única solución a la vida es la literatura. Escribir es una forma de no estar esperando la muerte. Él mismo nos dice que "poner tus sentimientos por escrito es mejor que afeitarse" (Alubias Con Ajo). Él parte de la premisa, de que siempre necesitas el dolor para escribir, premisa propugnada por los malditos. Paradójicamente no es sólo su dolor personal el que le atormenta, él disfraza su "yo", que muchos le impugnan autobiográfico para esconder un "nosotros", de esta forma asume todas esas almas de animales muertos que lleva sobre sus hombros. En ese "yo" está contenido el "nosotros" su poesía autobiográfica y confesional transmutada en cifra colectiva, como aquella escueta frase de Rimbaud: "Yo es Otro". Sustentando lo anterior, a guisa de ejemplo, observamos también que en las raras ocasiones en las que él utiliza la tercera persona para expresarse es muy parecido a Los Hombres Vacíos de T. S. Eliot: “We are the hollow men / We are the stuffed men / Leaning together / Headpiece filled with straw. Alas!/ Our dried voices, when / We whisper together / Are quiet and meaningless / As wind in dry grass / Or rats' feet over broken glass / In our dry cellar.../ Shape without form, shade without colour,/ Paralysed force, gesture without motion..." (The Hollow Men). Uno de los ejemplos más claros pueden observarse en el poema El Padecimiento Continuo, cuando dice: "...no hay nada /que vaya a librarnos; /el dolor se asienta, el dolor flota, / el dolor espera, /el dolor está ahí..." (El Padecimiento Continuo. El subrayado es mío). Escondidos entre algunos versos, observamos otros símbolos que el poeta utiliza para representar el dolor por un lado, y la ternura por el otro, y que los utiliza, como un oxímoron, ya que tradicionalmente es algo que nos evoca lo contrario, esos símbolos están representados con dos colores: el color amarillo, que para muchos simboliza la alegría, en la literatura bukowskiana es el color más triste, él lo llama un "Amarillo Van Gogh", que nos evoca el impresionismo, y la paradoja de una vida triste y lúgubre, encasillada en un mundo ajeno al de la sociedad como fue la vida de Van Gogh. Los colores vivos de sus cuadros, los colores azul rey, y amarillo, adquieren una connotación distinta para Bukowski. Un mundo donde todo es amarillo, sin embargo, los contextos son tristes: "...y ya no había niebla / y a las ocho de la mañana / había una ardiente luz amarilla / de un amarillo Van Gohg / loca, / cegadora..." (No Tenemos Dinero, Tesoro, Pero Si Tenemos Lluvia); las alusiones a Van Gogh sobran, a ese pintor que no entendía muchas cosas de la vida, alienado de la realidad, marginado por la sociedad, por eso para Bukowski "es la razón por la que fue un pintor / tan grande" (Lo Que Hay Que Saber). Por otro lado el color Azul en el universo bukowskiano simboliza la ternura, basta la alusión al ya conocido poema: El Pájaro Azul, blablabla...

Pero no todo está perdido, hay algo que hace que toda esa nada que es la existencia valga la pena, y es el acto de escribir, "No hay felicidad más grande que la fluidez de las ideas sobre el papel": puede leerse en entre líneas en muchos de sus escritos. La vida no te da excusas para no crear, ella, con todo ese caos, es la mina que él explota. Bukowski, siendo un escritor transgresor, que sorbe el licor de cada palabra cual parroquiano en la barra de un bar, que necesita siempre ese elixir para hacer más soportable la vida, y estar entre la desesperación y la calma. Porque ante todo, para escribir se necesita la desesperación: "La agonía puede matar / o puede sustentar la vida / pero la paz es siempre horrible / la paz es la peor cosa (...) permanece angustiado / deslízate." (Abraza La Oscuridad). La desesperación, la insatisfacción y la desilusión son las claves para escribir. Por algo el poeta Miguel Ángel Sosa en su poema homónimo a nuestro autor lo llama el: "Abuelo apócrifo de los desesperados que teclean”. Bukowski, al escribir, se vuelve vocero de las demás personas a las que les duele la vida, a las que cada paso les resulta doloroso: "...sus pies y tobillos estaban hinchados y no podía / atarse los zapatos. / Cada día sobre la una del mediodía salíamos a dar un paseo / juntos y era un paseo muy lento: /Cada paso era doloroso para él. / Me gustaba: nunca me cuestionó / sobre que hacía o que dejaba de hacer / y lo que más me gustaba / era lo que decía una y otra vez: / "Nada vale la pena." / Era un sabio." (Mi Colega) Nada vale la pena, en su mundo, en este mundo, sólo la literatura, ya he mencionado el verso de Alubias Con Ajo: "poner tus sentimientos por escrito es mejor que afeitarse".

La tarde está cayendo, empieza a degradarse ese color amarillo que se cuela por las persianas. El hombre de la habitación oscura toma su chaqueta: sale a caminar. Cuando cierra la puerta, afuera ya es de noche. Abandona el umbral y recorre las aceras, las calles, los callejones, los bulevares y avenidas, pasa por kioscos, parques, cafés, basureros y hospitales; observa a los indigentes, a las putas, a los hombres en autos lujosos, que pasan llenado de luz los freeways; observa los edificios, la gente que se apresura para llegar a cualquier parte, a sus casas, a sus tristes y tontos trabajos, a sus reuniones y citas. Él sólo allí recolectado flores de ese circo patético que es la vida, en ese teatro donde él es un espectador. Luego regresa a su habitación, porque: "...Está oscuro y hace frío ahí fuera..." (Pensión De Mala Muerte).

miércoles, 8 de octubre de 2008

UNA LECTURA A “POHEMAS UMANOS” DE CÉSAR VALLEJO.

Ronald Orellana.


Al principio, César Vallejo simplemente me parecía un hombre de cara compungida, cuyo retrato solía ver en alguna página de cierto Panorama de la Literatura Latinoamericana; claro está que dicho concepto acerca de él se disipó en mí al encontrarme de frente con su obra, y llegar con el autor a lo que Gadamer llama: Fusión de horizontes(1).

La vida de César Vallejo fue relativamente corta, nace en 1892, a nueve años de finalizada La Guerra del Pacifico (1879-1884); hecho relevante pues, aunque el autor no haya nacido cerca de la fecha puedo especular que “mamó” las implicancias que ella traía por la vía filogenética(2); nace también en el crepúsculo del Modernismo(3). Muriendo en 1938, a los 46 años, en París.

Su corta existencia transcurrió entre años verdaderamente sintomáticos en materia histórica y literaria: la decadencia del Modernismo y la aparición de las vanguardias en Europa y sus calcos en América; La Primera Guerra Mundial (1914-1918); la gestación de la mayoría de partidos comunistas en el mundo, y con esto, el socialismo avasallador que arrastraba a la mayoría de intelectuales a sus filas: Solo por mencionar algunos fenómenos. Si a éstos añadimos sus tragedias personales, se sabe que a la edad de 28 años es tomado preso: “durante ciento doce días” – importa destacar el tiempo de su primer encierro, pues decir ciento doce días es más poético que recalcar tres meses y fracción – y que viaja a Europa en 1923, con destino a París, ciudad de gran importancia en su producción literaria; al igual que países como España y la entonces Unión Soviética, naciones en las cuales, se vio sometido a vejaciones económicas.

Pero la intención de este ensayo no es hacer una semblanza histórico-biográfica del autor, sino centrarme en uno de sus libros: Poemas Humanos, obra póstuma, que consta de 79 poemas, obra de una metafísica propia, –fin último de cada poema –; que según mi juicio de valor: arranca las verdaderas raíces de la condición humana. Libro “dialéctico” en palabras del poeta y crítico literario Ricardo Gonzáles Vigil, quien en una entrevista que le hiciera Francisco Estrada afirma: Él (Vallejo) comentó que en Trilce ya buscaba inconscientemente la dialéctica. En Poemas humanos ya lo hace conscientemente. (Gonzáles Vigil. 2005. El paréntesis es mío)

Así, para esta nota trataré de desentrañar algunas ideas disipadas después del asombro que causa la lectura del libro.

Existe un punto común a lo largo del poemario y es una visión fatídica de la vida: Considerando en frío, imparcialmente, / que el hombre es triste, tose y sin embargo, / se complace en su pecho colorado (CONSIDERANDO EN FRÍO, IMPARCIALMENTE. Pág.: 201) (4); vemos que Vallejo nos demuestra un pesimismo tal, que podemos comparar la vida como jugar a la ruleta rusa con un revolver que no sabemos cuando se disparará: Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza (UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO… Pág.: 255); como en el ejemplo anterior, el tema de la muerte es recurrente a lo largo de muchos versos, el poeta siente que la vida no es más que un continuo camino hacia la muerte. Así en muchos casos, la muerte como antítesis de la vida, tiende a estar de la mano con ella: ¡Haber nacido para vivir de tanta muerte! (¡Y SI DESPUÉS DE TANTAS PALABRAS…Pág.: 227 ); el poeta se lamenta, sus suplicas son similares a las del profeta Elías quien reniega del sufrimiento de la vida frente a Dios:

Elías tuvo miedo y huyo para salvar su vida.(…) caminó por el desierto todo un día y se sentó bajo un árbol. Allí deseó la muerte y se dijo: “Ya basta, Yavé. Toma mi vida, pues yo voy a morir como mis padres” Después se acostó y se quedó dormido bajo el árbol (1 REYES, capítulo: 19; versículos: 3-5)

De esta forma el poeta, retoma el papel de profeta demostrando que la vida no es mejor que la muerte. Las lamentaciones se derivan de muchos factores exógenos, el ser humano está propenso en la vida a una serie de elementos que le provocan la infelicidad y en algunos casos la muerte, ya Freud apuntaba en el Malestar en la cultura tres de esos elementos, a saber: la caducidad del cuerpo, la infelicidad que nos provoca el mundo exterior, y las relaciones con los demás seres humanos (5). Para este caso es de mí interés desarrollar el primer elemento, que es el que se encuentra más ligado con las inquietudes del poeta.

Nuestro propio cuerpo, en palabras de Freud está condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia (Freud. 1980. pág.: 20); así nuestro cuerpo es parte de esa infelicidad, de esa zozobra: todos envejecemos, todos enfermamos y por tanto todos vamos a morir; las vejaciones que trae la enfermedad y una triste vejez son el camino hacia el único destino cierto para el hombre: morir. De esta forma Vallejo percibe ese destino inevitable para él y por ende para la humanidad: ¿La muerte? ¡Opónle todo tu vestido! / ¿La vida? ¡Opónle parte de tu muerte!/ Bestia dichosa, piensa; / Dios desgraciado, quítate la frente… (OYE TU MASA, A TU COMETA, ESCUCHALOS; NO GIMAS…pág.: 227). El poeta llama al hombre: “Bestia dichosa”, “dios desgraciado” y qué es el hombre sino un “dios con muletas”(6), un homínido en evolución.

James Higgins(7) en su libro: Visión del hombre y de la vida en las últimas obras poéticas de César Vallejo, ya había apuntado acerca del factor de la muerte, dedicándole un capítulo a dicho tema. Él afirma que:

…para Vallejo la muerte se burla de todas las actividades humanas. Está siempre presente en medio de la vida e impide al hombre vivir plenamente. Introduce la desolación en la vida del hombre llevándose a los que más quiere. El hombre vive angustiado sabiendo que tiene que morir y la muerte significa su aniquilación completa. (Higgins. 1970. Pág.: 109)

Es así como el factor de la muerte y la caducidad del propio cuerpo son un tema preponderante en la poesía vallejiana. Nada se salva de la muerte, ella es la total aniquiladora; pero a la vez ella nos redime de una vida de congojas: pareciera que Vallejo teme a la muerte, pero a veces la desea, en muchos poemas esa contrariedad está vigente. Es en conclusión, el dolor de estar vivo: la existencia del hombre es agridulce.

La angustia de la muerte lo persigue, cada paso que da se convierte en una zancada más hacia la tumba; es un peatón dentro de una gran ciudad lúgubre y húmeda, esa ciudad le parece un enorme cementerio donde los edificios públicos, arremolinados por el caos, son enormes lápidas que amenazan con aplastarlo: Me moriré en Paris con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. (PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA. Pág.: 210). El dolor y la inquietud aparecen siempre encerrados dentro de un objeto, ya sea un cajón: Y el mueble tuvo en su cajón, dolor, / el corazón, en su cajón, dolor, / la lagartija, en su cajón, dolor; dentro de una sabandija, en una parte de nuestros vestidos o en un artículo de uso personal: Jamás hombres humanos, / hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, / en el Vaso…. (LOS NUEVE MONSTRUOS. Pág.: 195-196), parece que Vallejo quiere recalcarnos que el dolor se encuentra encerrado en nosotros: los hombres somos el único animal consiente que comprende la raíz del dolor, pero al utilizar en la numeración objetos e inclusive animales – la lagartija – no nos quiere dar preeminencia sobre ellos y las cosas, el hombre adquiere una papel de objeto incapaz de razonar de donde proviene su amargura, sólo puede sufrirla y nada más.

Vallejo también duda de la visión escatológica que nos da la religión, para él la muerte es el final, sólo la nada nos espera después de morir: …a lo mejor me digo, más allá no hay nada (ACABA DE PASAR EL QUE VENDRÁ. Pág.:220), pero lo hace desde el punto de vista de una reflexión, en donde se puede dudar de esa idea: la incertidumbre que implica el desconocimiento le conlleva una angustia aún mayor. Su posición ante ese tema es similar a la de Nietzsche, el mayor deicida en la historia de la filosofía, quién renegando de la existencia de Dios, paradójicamente en muchas composiciones pide su ayuda: es la amargura de no tener asidero, porque ambos quieren creer en Dios, pero ya no pueden:

¡Todos los riachuelos de mis lágrimas
Corriendo van a ti!
Y de mi corazón la postrer llama
Arde por ti
¡Oh vuelve a mí,
Mi dios desconocido!¡Mi dolor! ¡Mi última dicha!
(8)

Dentro de la caducidad del cuerpo humano se deriva la enfermedad y las necesidades fisiológicas. El poeta recalca mucho en la enfermedad, pero el símbolo de ésta en Vallejo es la Tos:…lluvia y sol en Europa, y ¡cómo toso!, ¡cómo vivo! / ¡Cómo me duele el pelo la columbrar los siglos semanales! (FUE DOMINGO EN LAS CLARAS OREJAS DE MI BURRO.Pág.:179); la tisis es el símbolo más exacto para representar la enfermedad y el sufrimiento. El hombre es el eterno tísico que se ahoga en sus mismas flemas; las que a veces expulsa y logra tener un momento de alivio, pero al verlas en el suelo se da cuenta que están impregnadas de sangre, en ese momento el hombre advierte que esa inmundicia virulenta está dentro de él: de nosotros mismos. Nada une más al ser humano con su lado físico-biológico que sus necesidades vitales, necesidades que algunas veces la civilización quiere ocultar con eufemismos: el hambre, la sed, el sudor, la excreción de las heces y la orina, son retomados por Vallejo para reafirmarnos esa condición que todos queremos ocultar: Tú sufres de una glándula enocrinica, se ve, o quizá, / sufres de mi, de mi sagacidad escueta, tácita. (EL ALMA QUE SUFRIÓ DE SER SU CUERPO. Pág.: 267); o en este otro ejemplo, cuando Vallejo dice que el hombre:…se hace buen carpintero, suda, mata, / y luego canta, almuerza, se abotona (CONSIDERANDO EN FÍO. Pág.: 202) Ya Gonzáles Vigil reitera este aspecto diciendo que Vallejo: construyó una poesía del cuerpo que no tiene comparación, pues asumió el sudor, la defecación, etc., sin tapujos y con dignidad. (Gonzáles Vigil. 2005) Es como si vallejo nos quisiera recordar que todo eso es parte de nuestra vida.

Con lo anterior cualquiera podría pensar que el poeta es muy solemne. Pero aparte de la idea de un pesimismo ante la vida, la muerte y la existencia en general, encontramos humor en Vallejo: es un humor negro con un acento muy particular, similar al expresado por Goya en sus pinturas, presentándonos una realidad desgarradora, que sin embargo nos hace reír: (Walt Whitman tenía un pecho suavísimo y respiraba/Y nadie sabe lo que él hacía cuando lloraba en su comedor) (AL REVÉS DE LAS AVES DEL MONTE... Pág.:262) González Vigil argumenta que Vallejo:

Como no es un autor fácil, su carga irónica se pierde. En Trilce recurre a la influencia chaplinesca, ese personaje que inútilmente busca el amor en mujeres que no le corresponden y que, a la vez, hace reír y llorar. Esas ironías tienen que ser explicadas. (Gonzáles Vigil. 2005.)

En lo personal me encuentro en total acuerdo con el autor, Vallejo no es un poeta fácil de entender, los estudiosos –y entre ellos me incluyo –, tendrán mucho trabajo por hacer: las ironías de Vallejo tienen que ser explicadas, pero eso será talvez materia de otro ensayo.

Es difícil pensar que nadie es feliz, o que por lo menos nadie sonríe. Hago el ejercicio: le sonrió a toda la gente que me encuentro por la calle, adultos, ancianos y niños y entre los peatones sólo los niños me ven y sonríen. Es imposible no ver el mundo en su caos, después de leer Poemas Humanos. Abordo un autobús y veo a mí alrededor dándome cuenta que está lleno de infelices, y YO soy un infeliz en la suma.


BIBLIOGRAFÍA

Física:
Freud, S. (1930) (1981) El malestar en la cultura. 8ª edición. Alianza Editorial. Madrid: España.

Gadamer, H. G. (1984) VERDAD Y MÉTODO: Fundamentos para una hermenéutica filosófica, Ediciones Sígueme: Salamanca. España.

Higgins, J. (1970) Visión del hombre y de la vida en las últimas obras poéticas de César Vallejo. Siglo XXI. México Distrito Federal.

Nietzche, F. (1905) (1987) Genealogía de la Moral y Más allá del Bien y del Mal. Editorial Porrúa. Distrito Federal: México.

Marcuse, H. (1953) (1969). Eros y Civilización. 4ª edición. Seix Barral. Barcelona: España.

Ruiz Abreu, A. (1984) Modernismo y Generación del 98. Editorial Trillas: México Distrito Federal.

Vallejo, C. (1965) (1993) Obra poética completa. Casa de las Américas. La Habana: Cuba.

Biblia: 1 REYES, capítulo: 19; versículos 3-5. En la versión de Ediciones Paulinas, 13ª edición, Madrid España, 1972.

Virtual:
LIBROS PERUANOS, Perú 21 Lima 05/10/05: Ricardo González Vigil: Vallejo es muy difícil y el crítico debe explicarlo. Tomado del sitio:
http://www.librosperuanos.com/autores/cesar-vallejo3.html


NOTAS:

(1) La Fusión de horizontes se da cuando en la lectura de un texto literario la relación en la que entra el mundo del lector y el mundo del texto se complementan; en otras palabras, los horizontes del autor y el lector se fusionan. Gadamer desarrolla este término en el libro: VERDAD Y MÉTODO: Fundamentos para una hermenéutica filosófica. En el capítulo II, Fundamentos para una teoría de la experiencia hermenéutica.

(2) Entiéndase el factor filogenético como todo aquello que dentro del crecimiento de una civilización es heredado de generación en generación a los miembros de la misma, por ejemplo los traumas, y hechos históricos. Para mayor desarrollo de este concepto en la formación de los individuos dentro de una sociedad ver: Marcuse, H. (1953) (1969). Eros y Civilización. 4ª edición. Seix Barral. Barcelona: España. Dicho libro es un diálogo de Herbert Marcuse con las teorías Freudianas.

(3) Aunque algunos opinan que el Modernismo se cierra con la publicación de Cantos de vida y esperanza en 1905, podemos darnos la licencia de llamar crepúsculo del modernismo, no anochecer del Modernismo a los años entorno al nacimiento del autor. El lector podrá encontrar mayor información sobre el Modernismo en el libro de Álvaro Ruiz Abreu: Modernismo y Generación del 98. Editorial Trillas: México Distrito Federal.

(4) Citaré todas las referencias a los poemas de Vallejo al interior del texto. El formato de la cita es: verso (NOMBRE DEL POEMA. Número de página. ). Todos los ejemplos son extraídos del libro: Vallejo, C. (1965) (1993) Obra poética completa. Casa de las Américas. La Habana: Cuba.

(5) Freud desarrolla estos conceptos en el capítulo 2, a partir de la página 20 de El malestar el la cultura.

(6) Freud utiliza el término dios con prótesis para denominar al hombre. En la página 35 de El malestar el la cultura se lee: …El hombre ha llegado a ser, por así decirlo, un dios con prótesis: bastante magnifico cuando se coloca todos sus artefactos, pero éstos no crecen en su cuerpo y a veces aun le provocan muchos sinsabores. En lo personal este concepto es de mi total aprobación.

(7) Higgins J. (1970) Visión del hombre y de la vida en las últimas obras poéticas de César Vallejo. Siglo XXI. México Distrito Federal. Este libro es un estudio acucioso que retoma toda la obra poética del autor en cuestión desde Los Heraldos Negros, hasta España aparta de mí este Cáliz; Higgins analiza categorías como El Absurdo, cuyo macrotema engloba las ideas de: El Tiempo, El Mal y La Muerte. En mi análisis, he tratado de distanciarme lo más que puedo del autor, pero en algunos casos sus conclusiones y las mías son muy similares.

(8) Composición de Friederick Nietzche, extraída del prólogo escrito por Johann Fischl a los libros: Genealogía de la Moral y Más allá del Bien y del Mal. Editorial Porrúa: México. Página 12.

lunes, 26 de mayo de 2008

APUNTES SOBRE EL LIBRO: “LAS PERAS DEL OLMO” DE OCTAVIO PAZ.





Homero es nuevo cada mañana y no hay nada más viejo que el periódico de ayer.
Charles Péguy.

Ronald Orellana.

Difícil es hacer el ensayo de un libro de semblanzas; es más sencillo tomar un libro de poesía o narrativa y hacerles un prólogo o un breve estudio: pues todo el pensamiento y las valoraciones estéticas del autor se encuentran condensadas en el primero, y no nos da lugar para la inferencia y la sana crítica; aunando a esto: es más difícil cuando la calidad del autor sobrepasa nuestras expectativas.

Es un domingo cualquiera por la noche, -podría ser lunes o miércoles, el día no importa- ; y entre el calor y el silencio de mi habitación, trato de conversar con un muerto. La persona de quien hablo murió, según la cronología, hace 10 años. Entiendo por algunas fuentes que ganó el Premio Novel allá por 1990.

He aquí, entre mis manos uno de sus frutos, uno de los libros donde el muerto en cuestión despliega, en veintidós ensayos, parte de su erudición artística: ese fruto se llama “Las peras del olmo”; y el muerto Octavio Paz Lozano.

Todos conocemos el adagio popular: “no hay que pedirle peras al olmo” y es lógico que el fruto del manzano sean las manzanas; el limo limas, pero esto no se aplica al hombre que dedica su vida al arte, porque en palabras de Octavio Paz :“El hombre es el olmo que da siempre peras increíbles”

En este libro Paz sondea una variedad de temas que lindan entre lo regional (mexicano) y lo extranjero (japonés); entre la literatura, la pintura, la critica de cine y un vistazo a los movimientos que marcaron el siglo XX, como el surrealismo. Todo eso hace de este tratado una fuente primaria para la introducción a la historia de la literatura mexicana y japonesa, además de un buen referente para comprender la incursión del autor en su faceta surrealista, máscara que viste con la solvencia del poeta bien informado.

Y es que Octavio Paz se acerca a la creación literaria con la seriedad del académico interesado en estudiar la cultura y las corrientes estéticas, su postura artística siempre parte de la información, y del acucioso análisis y estudio. Prueba de ello son los ensayos que se vierten en este tratado.

El libro comienza con una ADVERTENCIA donde podemos insinuar una leve influencia del estilo borgeano. Explicando en el segundo párrafo que el libro contiene ensayos recogidos de sus incursiones en el periodismo literario, expresando además que las semblanzas recopiladas en este volumen sólo reflejan hasta cierto punto sus intereses, preferencias y preocupaciones, porque:
“…muchos de estos artículos no fueron escritos por voluntad propia sino a petición de directores de revistas y periódicos, de ahí que no aparezcan algunos temas y obras que juzgo capitales o más afines y próximos a mi manera de ser” (Paz O. 1957. Pág.: 7)


Las peras del olmo(1) consta de dos partes: la primera dedicada a la temática mexicana que va desde una Introducción a la historia de la poesía mexicana, la cual fue escrita por encargo de LA UNESCO en 1952, para formar parte -como prólogo- de la Anthologie de la poésie mexicaine; pasando por un estudio a la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, donde Octavio Paz enfatiza en la famosa Carta Athenagórica, documento con el cual la poetisa refuta de manera teológica la postura del jesuita Antonio de Vieyra, además de la dualidad entre fe y anti-dogmatismo y la lucha que viviera Sor Juana por su amor al conocimiento frente a la sociedad que impugna sus aspiraciones; el artículo Poesía mexicana moderna gira en dos ejes: uno de ellos es sustentar la idea de que el rasgo común en la poesía mejicana es la mesura y el recato, la pasividad y los tonos neutros, en contraste con los rasgos culturales del mexicano, quien es violento, exaltado y activo. El otro eje es la critica vertida a la Antología de la poesía mexicana de Antonio Castro Leal, donde además el autor nos da a conocer parte de su Arte Poética, sus influencias y su visión de futuro; terminando esta primera parte con un vistazo a la poesía de José Gorostiza en Muerte sin fin, donde Paz observa que la idea que nos ilustra Gorostiza en el poema es la muerte de Dios, quién siendo inteligencia pura se ve morir en nosotros infinitamente, sin descanso: muere como Narciso, contemplándose así mismo en su espejo que es el hombre y se deshiela por inanición. Muerte sin fin es una elegía a Dios, donde ninguno de los contrarios resulta vencedor pues la muerte y la vida se destruyen así mismas.

La segunda parte -más densa- se denomina: Otros temas, donde se recogen aspectos de varios géneros artísticos, entre la pintura y el cine. Comenzando con la disertación: Poesía de soledad y poesía de comunión, que resume en palabras de Paz la condición del poeta frente a la sociedad; Tres momentos en la literatura japonesa, es una introducción a varios géneros artísticos que entran en la visión oriental, como el Haikú japonés y el teatro ; en El Surrealismo, se nos da a conocer que esa escuela gestada a principios del siglo XX, es más que una corriente literaria; El poeta Buñuel, es una incursión de Paz en la critica fílmica; y Tamayo en la pintura Mexicana, donde enfatiza en las nuevas formas de expresión plástica del pintor, aquel poeta que utiliza los pinceles y los trazos como palabra. Entre otras notas.

Si bien la primera parte es un estudio muy completo y condensado, la segunda es una miscelánea en la que los artículos más bastos en extensión, nos brindan una visión muy informada sobre esos temas, en cambio los de menor desenvolvimiento, solamente se quedan en la rama apologética.


Aunque se destaca en la variedad de temas que se desarrollan en los artículos, podemos aventurarnos a sostener que la tesis general del libro es el deseo de recobrar la mitad perdida, la reconciliación de los contrarios, tesis que se refleja en distintas formas a lo largo de todos los ensayos. Como la metáfora dual, hay un punto donde todos los contrarios se unen: la muerte y la vida se besan en la agonía; la noche y el día tienen sus crepúsculos; el sol y la luna se eclipsan.


En la primera incursión a los ensayos de Paz, advertimos una nueva forma de escritura expositiva, no sabemos si el autor con toda su erudición, nos presenta un ensayo ficcionalizado, (como es recurrente en el caso de Borges) o los datos son recogidos en la forma de un ensayo formal, pues el tono de expresión es altamente poético, tal es el caso de Tres momentos de la literatura japonesa, donde nos sumerge de manera fantástica en el mundo oriental: imaginamos los trajes de representación del teatro Nô, los movimientos pausados de los representantes y la magia de las corrientes religiosas desprendidas del budismo, así para ejemplificar la doctrina Zen el autor escribe:
Zen es una "doctrina sin palabras". Para provocar dentro del discípulo el estado propicio para la iluminación, los maestros acuden a las paradojas, al absurdo, al contrasentido y, en general, todas aquellas formas que tienden a destruir nuestra lógica y la perspectiva normal y limitada de las cosas. (Paz O. 1957. Pág.: 116)
O en este otro ejemplo, que se desprende del mismo párrafo:
El carácter incomunicable de la experiencia Zen se revela en está anécdota: un maestro cae en un precipicio pero puede asir con lo dientes la rama de un árbol; en ese instante llega uno de sus discípulos y le pregunta: ¿En qué consiste Zen, maestro? Evidentemente no hay respuesta posible: enunciar la doctrina implica abandonar el estado satori y volver a caer en el mundo de los contrarios relativos, en el "esto" y en el "aquello" . Ahora bien Zen no es "esto" y "aquello", sino más bien "esto y aquello" (Paz O. 1957. Pág.: 116)

Ambos son ejemplos claros del estilo poético vertido en los ensayos de Paz, ofreciéndonos una lectura que se disfruta, similar al maestro ilustrado en la cita anterior, el autor no nos enseña una receta para hacer las cosas, sino más bien nos exhorta a que busquemos nuestras propias verdades, donde con un lenguaje sencillo, nos ilustra aspectos complicados.

Este tipo de expresión ha sido advertido por el poeta y critico literario Juan Malpartida quien en su ensayo: Octavio Paz: Un azul y todos los azules, enfatiza en la singularidad del escritor, en el aspecto expositivo:

Octavio Paz es un pensador raro para nuestro tiempo. Su prosa avanza con firmeza para, de pronto, girar en espiral a una velocidad inusitada, uniendo conceptos filosóficos, históricos y estéticos con imágenes y descripciones rigurosas y vitales, poéticas: cruzamos ciudades, lenguas, siglos, dioses, civilizaciones, metamorfosis de conceptos, preceptos, morales, no en una suma pedante ni en una acumulación erudita sino en una búsqueda apasionada regida, finalmente, por la mirada de un poeta. (Malpartida. 2005 Pág.:1.)
Es extraño sumergirse en el mar de ideas del autor de Las peras del olmo, esa espiral de velocidad inusitada, estriba en el sinnúmero de digresiones de las cuales el escritor hecha mano para desarrollar sus temas. Como en un laberinto de espejos, nos encontramos con una prosa heterodoxa, donde de forma holística, Paz incursiona en varias fases del fenómeno estudiado, es una licencia que obtiene por su naturaleza de poeta, pues ante todo, la autodenominación literaria de Paz es la de poeta, sobre las demás máscaras de la literatura: nada mejor que sus propias palabras para sustentar lo antedicho, así en el prólogo al libro: Los hijos del limo, Paz acepta de primera mano su naturaleza de vate:

En este libro he procurado describir, desde la perspectiva de un poeta hispanoamericano, el movimiento poético moderno y sus relaciones contradictorias con lo que llamamos modernidad. (Paz O. 1993. Pág.: 9. el subrayado es mío)
De peculiar, es clasificada su prosa por parte del crítico salvadoreño Ricardo Roque Baldovinos, quien se ampara en la autoridad de Miguel García-Posada para sostener su afirmación: “resultado de una magistral simplificación de la sintaxis, que se traduce en fulgurantes yuxtaposiciones y en la acelerada velocidad de los enlaces… el discurso avanza como una proa sobre el mar domesticado” (García-Posada, citado por Baldovinos); y es así, aunque su obra poética es muy basta, motivo por el cual se ha granjeado un lugar junto a los mejores exponentes latinoamericanos, su producción ensayística no se ve minusvalizada, por esas particularidades sus artículos resultan verdaderos poemas en prosa. Así, por ejemplo, en el homenaje a la memoria del poeta José Juan Tablada, dictado en New York un mes después de su muerte (dos de agosto de 1945) Paz escribe:

Todo, hasta los muertos, envejece ahora más pronto. No es extraño hemos estado sujetos a tantas alternativas, a tantas presiones diversas, que el tiempo ha dejado de fluir con su velocidad normal. Hay días que son meses, meses que son años. Y este último mes –el mes de la bomba atómica, de la derrota japonesa y de la paz universal – ha estado tan lleno de vida pública que todo lo otro, el vivir y el morir de cada día, como que ha perdido relieve, como que no encuentra espacio ni sitio… (Paz O. 1957. Pág.: 59)

Nada más viejo que el periódico de ayer, nada más anticuado que el siglo pasado, todo transcurre hoy más rápido, las visiones estéticas cambian día a día. Y si estos ensayos se quedan encerados en la temporalidad específica del siglo XX, ¿Tendrán vigencia hasta el día de hoy? ¿Seguirán las posturas de Paz en eco a través los años? yo pienso que si, porque contienen todas las valoraciones estéticas de un buen autor.

Los argumentos anteriores me hacen sustentar que Las peras del olmo es un libro de lectura obligada para conocer la visión estética de Paz y brindarnos un panorama del arte mexicano de su época.
NOTAS.
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(1) Se omitirán los nombres de algunos ensayos, (debido a la cantidad de los mismos y el breve espacio con el que cuenta este comentario) especialmente los que considero semblanzas de carácter apologético. Opto por mencionar los más extensos, o los que para mi juicio tienen alguna particularidad que sería interesante sacar a colación.


BIBLIOGRAFIA.

Física.
Paz Octavio. (1971) Las peras del olmo. Seix Barral, Biblioteca Breve: Barcelona, España.
Paz Octavio. (1993) Los hijos del limo. Seix Barral, Biblioteca Breve: Barcelona, España.

Virtual.
WIKIPEDIA enciclopedia libre: biografía de Octavio Paz encontrada en el sitio:
http://es.wikipedia.org/wiki/Octavio_Paz
UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA JOSÉ SIMEÓN CAÑAS: UCA, El Salvador: Ricardo Roque Baldovinos. El perfil intelectual de Octavio Paz. Tomado del sitio: http://www.uca.edu.sv/publica/eca/594com2.htmlASOCIACIÓN DE REVISTAS CULTURALES DE ESPAÑA: Revista Letras libres. Nº 40, enero de 2005. Juan Malpartida. Octavio Paz: Un azul y todos los azules. Tomado del sitio:http://www.revistasculturales.com/articulos/91/letras-libres/239/1/octavio-paz-un-azul-y-todos-los-azules.html


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domingo, 20 de abril de 2008

UNAMUNO Y SUS DETRACTORES.

El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura.
Miguel de Unamuno.


Ronald Orellana.
Miguel de Unamuno, (1962-1936) autor considerado por algunos como el principal exponente de la generación del 98; con un pensamiento estético, humanista y teológico que raya en la contrariedad y la paradoja; de presencia tranquila, observador y meditativo como dicen unos, y de un alma "atormentada" como lo sostienen otros[1].Fue un escritor por lo demás polémico e irreverente para su tiempo. Leerlo fue un reto para mi, comentarlo, es casi una profanación de mi yo.

Y es que aparte de mis prejuicios como lector, entendiendo los prejuicios como algo positivo y no negativo, pues según Gadamer para la hermenéutica son necesarios, ya que nos ayudan a una mejor comprensión[2]. El autor era por lo demás –antes de haberlo leído– desdeñable para mí: pensaba que no tenía nada bueno que enseñarme y por ende había obviado su lectura. Y no es que esté en contra de toda su filosofía, la única propuesta rescatable que tiene es la desvinculación al dogma, (recordemos que esa postura no es nada nueva, por lo tanto él no merece merito por eso) estoy en contra de sus contrariedades, (valga el pleonasmo), las que había conocido por medio de otros autores –Borges por ejemplo– y que corroboré por mi cuenta en mis recientes lecturas.

Se advierte en Unamuno a un escritor sañoso, que escribía con una viseralidad tal que se granjeó el odio de muchos: vasta con leer sus "ensayos" que más bien son sermones, para darse cuenta de eso. Mantuvo una constante polémica con su entorno e inclusive se le observaba riñendo sobre cuestiones teológicas con los sacerdotes que eran sus amigos y confesores, entre ellos el padre Juan Arintero, con el que sostenía grandes coloquios y el que pensaba que a Unamuno "le faltaba humildad". (Cacho Zabalza. 1955. Pág.: 211)

Y es que a lo largo de su vida el autor en cuestión cosechó detractores a diestra y siniestra, desde figuras intelectuales hasta autoridades políticas. Entre los intelectuales podemos hablar de Ortega y Gasset, donde el odio era mutuo, Unamuno se atrevió a decir del madrileño, en una carta que le enviará a un amigo común lo siguiente:

"A Pepe Ortega dale la enhorabuena y dile que si no le escribo directamente es porque no tengo nada objetivo que decirle, y no quiero molestarle con mis arbitrariedades y querellas. Que Dios, el Dios del engaño, le dé luces y fuerzas para engañar a sus discípulos con la filosofía e infundirles la suprema ilusión". (Unamuno citado por Baez Fernando. El subrayado es nuestro)

Mientas tanto, el otro –en sus opiniones vertidas sobre el vasco–, de una forma igual de conflictiva afirma que:

"Unamuno en mí y para mí es una herida que no quiero abrir; algo que deseo no tocar porque me revuelve impresiones casi de angustia que prefiero dejar dormidas. Nadie puede imaginar lo que he padecido con él". (Ortega y Gasset, citado por Baez Fernando)

En lo que respecta autoridades políticas se habla del general José Millán-Astray, pues en el famoso incidente del 12 de octubre de 1936, Unamuno y el General se fueron a las palabras, dentro del aula magna de la Universidad Salamantina, en medio de la celebración del acto de apertura de un curso académico.[3]

Como lo venimos sosteniendo, el autor no tenía muy buenas relaciones con sus coetáneos, sus amigos cercanos podían contarse con los dedos y sus rivales ideológicos eran mayoría, pero él, consiente de su antipatía se escudaba bajo el aforismo que le dijera un amigo, del cual no sabemos su nombre porque él no lo consigna, y que aparece en su "ensayo" Materialismo Popular que dice: "Si quiere usted tener el respeto de la gentes en la segunda mitad de su vida, pásese la primera mitad haciéndose antipático" (Unamuno. 1978. Pág.152)

Cultivador de la polémica, denominado monologador por muchos, tal parece que el escritor se enorgullecía de esa fama, de la que no es difícil encontrar noticias donde acepte de primera mano esas atribuciones, tal es el caso que se consigna en el prólogo de su libro: La agonía del cristianismo:

"¿Monólogo? Así han dado en decir mis…, los llamaré críticos, que no escribo sino monólogos. Acaso podría llamarlos monodiálogos; pero será mejor autodiálogos, o sea diálogos conmigo mismo. El que dialoga, el que conversa consigo mismo repartiéndose en dos, o en tres o en más, o en todo un pueblo, no monologa. Los dogmáticos son los que monologan y hasta cuando parecen dialogar, como los catecismos, por preguntas y respuestas. Pero los escépticos, los agónicos, los polémicos, no monologamos." (Unamuno. 1975. Pág.: 10. El subrayado es nuestro)

Nada más claro que esta noticia, donde el autor acepta que es escéptico y polémico.

Aparte de Ortega y Gasset hay opiniones negativas de muchos autores, para un ejemplo podemos citar a dos de sus compañeros de generación: Pío Baroja y Ramón Menéndez Pidal, quienes enfatizan en la impertinencia del autor. A este respecto el venezolano Fernando Baez, en su artículo: Del sentimiento trágico en Unamuno, sintetiza estas dos noticias diciendo:

"…en sus relaciones, Miguel de Unamuno fue siempre impertinente y no tuvo el menor reparo en obviar todo lo que no tuviese que ver con sus propias inquietudes intelectuales y religiosas, transmitidas posteriormente en cada uno de sus escritos como una sucesión de relámpagos nocturnos. En vida, no fue precisamente un personaje grato, aunque sí popular. " (Baez Fernando)

Y más adelante sostiene:

"Cada vez que releo a Unamuno, vuelvo a comprobar que es imposible estar de acuerdo con él. Pero, como he dicho primero, lo releo. Es, sin duda alguna, un autor poderoso, imprescindible, feroz. " (Baez Fernando)

Y en verdad, es difícil estar de acuerdo con el autor de La agonía del cristianismo, pues en mi caso, aun después de darle el beneficio de la duda, no pude, (a pesar de sus "relámpagos filosóficos"), aceptar el eclecticismo del autor, con una visión muy reducida en la cual pone a España como centro del mundo, donde cualquiera le diría: "señor Unamuno, por si no lo sabe, ya Copérnico descubrió que ni siquiera la Tierra es el centro del Universo, cómo usted, hijo de su época, piensa que España y las costumbres españolas son el centro de la civilización". En su delirante idea de una españolización de Europa y América; arremete contra París y los países latinoamericanos. En los sermones El resorte moral y La envidia hispánica.[4] Llama a los países latinoamericanos: "pueblos jóvenes, de cultura incipiente o advenediza" (Unamuno. 1978. Pág.: 134)

Inclusive se atreve a argumentar que la literatura latinoamericana no es más que una copia de la literatura española, siéndolo así porque América Latina es heredera de la lengua castellana, como si el uso del mismo idioma tuviera que ver con la visión de mundo de una determinada cultura. Es más, los latinoamericanos han enriquecido y aportado mucho a la literatura, desde distintos flancos, al contrario de los españoles, quienes fuera de unos cuantos buenos autores, -que son raros por cierto y claro, Unamuno nunca será el caso-, no han contribuido para nada en la Literatura Universal.

No es que yo me posicione en contra de España, no, en ningún momento he dicho tal cosa, de lo que estoy en contra es del pensamiento provincial del autor al tratar de absolutizar su patria, como si todos los demás países estuvieran imposibilitados a la cultura.

Además de ser cristiano, aunque no un ortodoxo, fue un gran respetuoso de las teorías darwinistas de la evolución, talvez ese sea el único merito que puedo encontrarle. Sobre Charles Darwin afirma que:

"Darwin fue un espíritu sereno, ponderado, prudente, nada dogmático y nada sectario, un verdadero científico" (Unamuno. 1978. Págs.147-148)

Por el contrarío, arremetió contra Nietzsche, Kant, Kropotkin, y Comte, a quienes llamó agnósticos y a sus seguidores: "sectarios dogmáticos del cientificismo".[5] Y por el lado de la literatura son famosas sus saetas lanzadas contra los franceses: Víctor Hugo y Emile de Zola: diciendo que: "Las pretensiones científicas de Zola hacen reír hoy tanto o más que las pretensiones filosóficas de Víctor Hugo" (Unamuno. 1978. Pág.: 136)

Sus detractores rebasan los años y los pilares de Hércules, así podemos encontrar en América autores de gran peso como Borges, quien ha sido su crítico más importante. Y como entusiasta de las ideas de Borges que soy, es lógico que reniegue de las posturas de Unamuno. De todas las ideas de Unamuno que Borges critica hay que considerar la inmortalidad, pues el vasco era una persona que sufría por la mortalidad de su cuerpo y alma, a esta tesis por lo demás absurda Borges lanza una de las observaciones más fuertes:

"Unamuno escribió que él veía a Dios como el productor de inmortalidad y que sólo eso le interesaba: su inmortalidad. Qué bruto. Cómo no le interesa saber si el mundo tiene algún sentido. ¿Por qué le interesa tanto su inmortalidad? No creo que Unamuno hubiera adelantado mucho en el proceso de despersonalización. " (Borges. 1958)

Sorprende leer de Borges una crítica tan directa, pues sabemos que no es su estilo, el argentino siempre ha gustado por la clase y la elegancia en sus observaciones y refutaciones, ¿Fue tan grande el remedo que Borges sentía por el vasco, que no se preocupó ni siquiera en guardarle el respeto?

Y es que Unamuno no se preocupo de guardarle el respeto al argentino cuando aun era un joven, en la ocasión en la que junto a Antonio Machado con malicia y altanería se burlaban de los jóvenes ultraístas, y donde Unamuno parodia un verso de Bécquer para decir lo siguiente:

"volverán las oscuras golondrinas….
¡Vaya si volverán!
Las románticas rimas bequerianas
Gimiendo volverán…
(…)
Más los fríos refritos ultraístas,
Hechos a puro afán,
Los que nunca arrancaron una lágrima,
¡Esos no volverán!
(Unamuno, citado por Fuentes Vázquez.)

Como sabemos, el joven Borges, allá por los años 20, era ultraísta. Y si continuáramos con las glosas detractoras que Borges escribiera en contra de Unamuno, necesitaríamos un ensayo completo para desarrollar el tema: creo que la que más encierra la visión borgesiana hacia el vasco es la afirmación siguiente:"Yo, por ejemplo, me puse demasiados fines: remedar ciertas fealdades de Miguel de Unamuno." (Borges citado por Fuentes Vásquez)

Tal parece que el único punto en común entre ambos autores es su aprecio por El Quijote.

Para finalizar sólo me queda decir que Unamuno buscó el camino más estrecho en el ámbito intelectual; tuvo que dar más de cien veces en la herradura y casi nunca dio en el clavo, recordamos más las ideas de sus detractores que las posturas de él mismo; sus libros se empolvan y llenan de polilla en los estantes de las bibliotecas; ¿será cierto entonces que la historia le hace justicia a las personas? y si es así, la historia nos dice que las ideas de este autor no merecen ser perpetuadas.

NOTAS.
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[1] Al respecto revisar la conferencia: UNAMUNO "Un gran español, con el alma atormentada" dictada por el embajador de España Dr. Antonio Cacho Zabalza, en el ateneo salvadoreño sobre el marco de la celebración del primer centenario del nacimiento del autor, que aparece recogida como ensayo en la revista ECA nº 195 agosto de 1955.
[2] Gadamer desarrolla el problema de los prejuicios en el libro: VERDAD Y MÉTODO: Fundamentos para una hermenéutica filosófica. En el capítulo II, Fundamentos para una teoría de la experiencia hermenéutica. Apartado 9: La historicidad de la comprensión como principio hermenéutico, numeral 1º El círculo hermenéutico y el problema de los prejuicios: que comprende de la página 331, hasta la 360.
[3] Sobre el particular, ver la biografía del autor publicada en el sitio: http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Unamuno; y la nota periodística que apareciera en el Diario El País, de España: Unamuno continúa siendo "celestina" y "antipatriota", escrita por Ignacio Francia (2006), reportaje referente a la discusión. Encontrado en el sitio: http://www.elpais.com/articulo/espana/Unamuno/continua/siendo/celestina/antipatriota/elpe puesp/20061229elpepinac_20/Tes
[4] En Mi religión y otros ensayos breves.
[5] En los "ensayos" Cientificismo y en Escepticismo fanático.

BIBLIOGRAFÍA.

Física:
Cacho Zabalza. A.
UNAMUNO: Un gran español, con el alma atormentada. Revista ECA nº 195 agosto de 1955.El Salvador: Centro América.
Gadamer H. G. (1984) VERDAD Y MÉTODO: Fundamentos para una hermenéutica filosófica, Ediciones Sígueme: Salamanca. España.
Ruiz Abreu A. (1984) Modernismo y Generación del 98. Editorial Trillas: México Distrito Federal.
Unamuno M. (1968) Algunas consideración sobre la literatura hispanoamericana. Espasa-Calpe, Colección Austral: Madrid, España.
Unamuno M. (1975) La agonía del cristianismo. Espasa-Calpe, Colección Austral: Madrid, España.
Unamuno M. (1978) Mi religión y otros ensayos breves. Espasa-Calpe, Colección Austral: Madrid, España.

Virtual:
WIKIPEDIA, enciclopedia libre: Biografía de Miguel de Unamuno. Encontrada en el sitio:
http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Unamuno.
DIARIO EL PAÍS, España: Francia Ignacio. (2006) Unamuno continúa siendo "celestina" y "antipatriota" Encontrado en el sitio:
http://www.elpais.com/articulo/espana/Unamuno/continua/siendo/celestina/antipatriota
/elpepuesp/20061229elpepinac_20/Tes.
BIBLIOTECA CENTRAL MIGUEL DE CERVANTES: Fuentes Vázquez. M. (2002). Notas provisionales de una lectura compartida (de Borges a Unamuno). Tomado del sitio:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01159285567501542318813/p000
0004.htm#PagInicio.
NEURÓTICOS.COM: Baez Fernando. Del Sentimiento Trágico de Unamuno. Tomado del sitio: http://www.geocities.com/tragicounamuno/ensayo4.htm/.

IMÁGENES:
Por orden de ubicación.
[1] Biografías y vidas:
http://www.elpais.com/articulo/espana/Unamuno/continua/siendo/
celestina/antipatriota/elpepunac/20061

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lunes, 31 de marzo de 2008

KAFKA Y EL ODIO PATERNAL: La condena.


Ronald Orellana.

Guido Castillo, en el prólogo a La metamorfosis afirma que el complejo de Edipo es una de las claves para entender toda la obra de Franz Kafka (teniendo en cuenta las obras: La carta al padre y La Metamorfosis), éste complejo propuesto teóricamente por Freud ha sido retomado por distintos autores para explicar fenómenos psicológicos filiales, no escapándose de ser utilizado en distintas disciplinas, entre ellas la literaria como en este caso.

El complejo de Edipo se entiende como una aversión del hijo varón hacia la figura paterna: Edipo mata (odia) a Layo; y una propensión positiva hacia la figura materna: Edipo se casa (ama) con Yocasta.

Esta patología psicológica podemos conectarla con datos de la vida del autor, pues en la mayoría de biografías de Franz Kafka se aduce que el joven Kafka vivió en un ambiente familiar negativo, por causa del comportamiento autoritario de su padre, quién maltrataba a su madre y al joven. Ésta se mostraba más condescendiente con Franz, e incluso es descrita como una mujer dominada y sumisa.

Además, se sostiene que el muchacho fue obligado por Herman Kafka [1] a estudiar la carrera de derecho, todo contra su voluntad, lo anterior nos da pie para pensar en el resentimiento que puede sentir una persona a la cual le han sido minadas hasta sus aspiraciones profesionales, pues Franz teniendo una vocación literaria, odiaba todo lo que no era referente a la literatura, incluyendo en eso su carrera de jurista.
Nos aventuramos asegurar que este odio y resentimiento se encuentra mejor representado en La carta al padre donde en palabras de Guido Castillo:

La carta al padre es un despiadado discurso jurídico contra su progenitor, en el que la victima Franz Kafka hace también de fiscal, que emplea los testimonios del testigo Franz Kafka para probar la culpabilidad del archicriminal Herman Kafka, ante la autoría inapelable del juez supremo Herman Kafka. Es tal la ferocidad fría de esta carta de acusación que terminamos por compadecernos del viejo Kafka y por considerar sospechosa la sinceridad del joven acusador. Todo parece indicar que La carta al padre tiene tanto de ficción y elaboración literarias como de documento veraz, nacido de un medroso odio filial.” (Castillo G. prólogo a La metamorfosis. Pág. 6)
Estos rasgos también se encuentran en el relato: La condena, donde el padre –el anciano señor Bendemann – quiere reprocharle a su hijo Georg la infelicidad que le causa la pérdida de su esposa, y como efecto de ésta, la viudez. Por eso no quiere que su hijo sea feliz, razón por la cual quiere minar sus relaciones afectivas con su prometida y su amigo en el extranjero. Y en afán de ocultar su propósito disimula no acordarse de su amigo por sufrir de lagunas mentales: “…la muerte de nuestra querida madrecita ha sido para mi un golpe mucho más fuerte que para ti.”(Kafka F. 1994. Pág. 15)

La condena es un relato confuso, donde se marcan una serie de antecedentes anodinos que culminan con el suicidio del personaje principal, Georg Bendemann.

Al principio de la historia encontramos a Georg en su habitación, terminando de escribir una epístola para un amigo radicado hace tres años en el extranjero, el personaje se encuentra sumido en meditaciones sobre la vida miserable de su camarada de quien sólo obtiene quejas en sus misivas, razón por la cual Georg Bendemann se siente culpable por gozar de mejor suerte que su amigo, por eso llega al extremo de ocultarle sus planes de boda, para no hacerlo sentir mal por la soledad, pero no duda en enviarle noticias menos gratas como la reciente muerte de su madre, aunque después de ocultarle todo ese tiempo la noticia se resuelve a enviarle una carta con la “buena nueva”.

Esta resolución también la comparte con su padre, pues se dirige a buscarlo a su cuarto para consultarle. Al llegar a la habitación se encuentra al anciano frente a una ventana leyendo el periódico, sumido en una profunda oscuridad. Georg lo exhorta a que abandone la habitación y se mude al cuarto personal de su hijo, y le aconseja que visite al médico. Mientras se encuentran ahí sostienen una conversación confusa pues Georg le habla de su amigo, el señor Bendemann se limita a contestarle parcamente: “Georg, te ruego que no me engañes. Es una trivialidad, no vale ni la pena mencionarla, por eso mismo no me engañes. ¿Existe realmente ese amigo tuyo en San Petersburgo?”. (Kafka F. 1994. Pág. 15). Georg queda asombrado después de su respuesta, pero no le presta importancia a lo dicho por su padre, sin embargo se muestra condescendiente con el mismo atendiéndolo en su comodidad y aseo personal –inclusive le cambia la ropa interior – y lo lleva en brazos a su cama, hecho continuo le pide que trate de recordar a su amigo. En esta escena se da una confusión debido a que en el diálogo sostenido por Georg y el señor Bendemann nos resulta dudosa la verdadera existencia del amigo del primero, por la negativa de su padre a reconocerlo, a lo que tenemos tres posibles soluciones:

A) El amigo de Georg, no existe por lo tanto es un amigo imaginario.

B) El padre de Georg, no lo recuerda por las implicaciones que trae la vejez como la pérdida de memoria.

C) El padre de Georg se simula no recordarlo, por un afán de parecer ingenuo, o por que se niega a reconocerlo.

Después caemos en la cuenta de que todo es un artificio del padre de Georg, ya que este se niega a reconocerlo, pues en confesión, luego de una discusión sostenida con su hijo al instante de ser depositado en su cama le argumenta que ha estado comunicándose epistolarmente con su amigo en San Petersburgo para contarle todo lo sucedido y todos los sucesos que el mismo Georg le ocultaba, acto seguido se burla de su hijo diciéndole: “…no te necesito(…) sigo siendo el más fuerte (…) cuélgate del brazo de tu novia y atrévete a presentarte ante mí. ¡La arrancaré de tu lado, no te imaginas cómo!” (Kafka F. 1994. Pág. 19-20). Después de hacer una serie de gestos obscenos y proferirle palabras fuertes a Georg, para herir su autoestima, osa en condenarlo diciéndole: “…Y por lo tanto escúchame: ahora te condeno a morir ahogado.” (Kafka F. 1994. Pág.21); inmediatamente lo soborna haciendo el gesto de tirarse de la cama por accidente, logrando lastimarse, Georg sale corriendo de la casa, cruza la calle y se deja caer, hacia el río, por el puente de una autopista concurrida de vehículos.

Antes de todos estos antecedentes, el autor recalca en la actitud tiránica del señor Bendemann, sosteniendo que después de la muerte de su esposa el anciano había pasado por un proceso de cambio hacia su hijo, se había vuelto más comprensivo e inclusive blando de carácter. Pero esa actitud sólo ocultaba las intenciones del personaje, pues en secreto canaliza su furia no maltratando físicamente a su hijo de manera directa, sino en la acción de enviarle cartas –en las cuales habla mal de Georg – a su amigo, socava su única amistad, y logra el objetivo de maltratar al joven. Con esa actitud no podemos dejar de sentir odio contra la figura del señor Bendemann, y favorecer a Georg, porque a pesar de todos los cuidados que le profería, nunca pudo granjearse la admiración, y el respeto que se merecía de su padre.

Al finaliza lectura de La condena, sentimos un sensación de vacío inexplicable. Aquí kafka, logra trasmitirnos el sentimiento de esas vidas tan monótonas y conflictivas, aunque lo mismo podríamos decir en el caso de La metamorfosis donde se encuentran vasos comunicantes que conectan las dos historias.

Samsa y Benemann son alter egos de kafka, ambos son comerciantes –viajante de negocios el primero y negociante el último –; y en La metamorfosis se observa la misma situación en las relaciones filiales de los personajes: la madre de samsa se muestra preocupada por la salud de su hijo, el cual no sale de su habitación, en cambio al padre lo único que le interesa es que Gregorio salga pronto para su trabajo:

“– ¡Por el amor de Dios! – exclamó la madre llorando –. Talvez se encuentre muy mal y nosotros le estamos mortificando (…) – tienes que ir enseguida a buscar al médico; Gregorio está enfermo. Ve corriendo. ¿Has oído cómo hablaba? ” (Kafka F. 1985. Pág. 21)

En contraposición a la actitud paterna, donde esta violencia se puede ejemplificar mejor en el episodio de la afrenta que recibe Gregorio de parte de su padre, cuando viéndolo trasformado en un repulsivo insecto y en una posición de inutilidad para el hogar, quiere pisotearlo y lo lástima lanzándole una manzana:

“… (El padre) fue hacia Gregorio con expresión hostil, con las manos en los bolsillos del pantalón (…) no sabia lo que iba a hacer, al caminar levantaba los pies a una altura desusada, y Gregorio quedó asombrado del enorme tamaño de sus suelas (…) De pronto, algo diestramente lanzado cayó a su lado y rodó ante él; era una manzana, a la que siguió otra (…) su padre le estaba bombardeando” (Kafka F. 1985. Págs. 49-49, paréntesis es nuestro)

Esa violencia con que es tratado el personaje principal de la historia culmina con la muerte que éste sufre a raíz del daño ocurrido por una lesión que le causa el padre con uno de los proyectiles que le lanzara. Hecho similar a lo ocurrido en La condena donde la actitud del padre provoca la muerte prematura del hijo.

Con lo anterior, no nos queda más que aceptar, que la patología del complejo de Edipo, está representada en el relato La condena; además de encontrar vasos comunicantes que nos permiten relacionar ésta narración con su posterior historia, La metamorfosis, pues podemos pensar que La condena es precedente de la novela que le permitió a Kafka lograr un puesto entre los clásicos universales, ya que la primera fue escrita en 1913, y la segunda en 1915.


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[1] El Nombre de su padre era Herman Kafka, de origuen judio, que en 1857, contrae nupcias con Julie Löwie, también judía, unión de cuyo fruto nacerá el escritor en cuestión, junto a tres hermanas. Para mayor información sobre la vida del autor visitar la cronología publicada en el sitio:http//www.galeon.com/kafka/bio.htm


Bibliografía:

Física:
Freud, S. Obras completas, Amorrortu Editores: Buenos Aires/ Madrid, 2006.
Kafka, F. La condena, Alianza Editorial: Madrid, 1994.
Kafka, F. La metamorfosis, Editorial Cosmos Cultura, 1985.
Sófocles. Edipo rey, en Tragedia griega, Clásicos Roxil: Santa Tecla, El Salvador, 1978.
Virtual:
Wikipedia: Biografía de Franz Kafka, tomada del sitio: http://es.wikipedia.org/wiki/Franz_Kafka
Galeón: Hernán Isnardi: Cronología contada de Franz Kafka, tomada del sitio: http://www.galeon.com/kafka/bio.htm.

Imágenes:
Portada del libro: La condena, diseño de Daniel Gil. Alianza Editorial: Madrid. 1994.
Tumba de la familia Kafka, en le cementerio judío de Praga, cortesía de:
http://es.wikipedia.org/wiki/Franz_Kafka