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viernes, 23 de diciembre de 2011

Sueño III

Estoy dentro de un estrecho cubo en el que apenas puedo permanecer en cuclillas. Forzando mí cuerpo contra las paredes logro destruirlo, y salgo, como si lo hiciera de un huevo, a otro cubo más grande, en el que por lo menos (aunque encorvado) puedo mantenerme de pie: todo está oscuro, sólo unas pocas luciérnagas iluminan con sus destellos a mí alrededor. Dando golpes con las manos, logro abrir un hueco por el que salgo a un cubo del tamaño de una habitación. Donde, al menos, puedo dar pequeños paseos alrededor de las paredes. Hay grama en el suelo, hongos y caracoles en las baldosas húmedas. Permanezco sentado en un rincón, observando a un caracol que se desliza sobre la pared cubierta de líquenes[*]. Luego, me aterro al notar que el caracol empieza a hincharse en forma monstruosa, dejando poco espacio en la pieza y obligándome a retroceder. Vuelvo a estrellarme contra las paredes, para salir, dando puñetazos logro abrir otro hueco, donde entro a una casa abandonada que está rodeada por un enorme jardín. Salgo por una ventana, y empiezo a caminar por un bosque nebuloso. Pronto estoy frente a una muralla, a la que subo por una escalera que me lleva a un pasadizo: camino por el pasadizo que se va tornando más oscuro a cada paso, hasta que me ciega una luz repentina, que se abre siendo las puertas de un elevador, salgo del elevador a un piso. Veo a mi alrededor, todo está impecable: bonitos muebles, las lámparas, el color de las paredes; sobre la mesa de centro, están servidos dos vasos de ron con hielo, al fondo, a través de las ventanas, la vista de una ciudad nocturna: las siluetas de los demás edificios, sus luces, avenidas fluidas de tráfico. Me acerco, veo mi rostro lechoso reflejado en los cristales, extiendo mi mano y apoyo mi nariz en el vidrio que se empaña con mi respiración. De pronto, escucho el chirrido de una puerta que se abre, volteo, y veo que sale de allí un hombre de mediana edad, muy parecido a mi; él me mira como lo que soy: un intruso, advierto que no puedo estar allí, así es que me lanzo contra las ventanas, caigo del edificio a la acera, me pongo de pie, me sacudo los vidrios de la ropa, y empiezo a caminar hacía el horizonte. No me puedo detener, ahora tengo que seguir a la imaginación hacía donde vaya.




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[*]El caracol construye su concha desde dentro. Por su cuerpo translucido, puede verse como la babosa va formando su caparazón en el estomago, dejando expuestos a la vista los bellos colores de la que será su coraza. Cuando el caracol empieza a madurar, se invierte, dejando su casa y esqueleto, al exterior.

viernes, 16 de abril de 2010

El paso del Caballero del Averno por el Segundo Torneo de Poesía blog: Los Caballeros de la Dama de Cristal.


En marzo recibí un comentario donde se me invitaba a participar en un torneo de poesía (creo que muchos de nosotros recibimos esas invitaciones). Lo que me gustó y llamó la atención fue el concepto: el torneo estaba enmarcado en la idea de las Justas Medievales. Los competidores, si eran hombres, tenían que abanderarse bajo el seudónimo de un caballero, y las mujeres debían autonombrarse como doncellas; todos iban a ser juzgados en parejas, como si se tratará de combates. Yo, queriendo agregarle un poco más de fantasía a mi vida decidí participar, así que el 21 de Marzo me inscribí; aunque no me considero poeta porque no acostumbro a escribir versos, pues mi afición es la prosa. Acuñe mi seudónimo de competidor como El Caballero del Averno, es así que imaginé el personaje al que le adjunté esta historia personal:


Mi nombre es Lucius Averni. Nací en la ciudad donde nunca sale el sol, mis padres murieron durante el saqueo y etnocidio a la ciudad de Las Sombras, soy el último sobreviviente de mi prodigiosa etnia, por eso fui criado desde muy pequeño en un monasterio, pasando mi adolescencia entre lúgubres bibliotecas y duros entrenamientos para proteger el último Codex que guarda los secretos de mi cultura ya extinta. Hoy, he sido invitado a participar en este torneo; me despojaré de mi túnica monástica, empuñaré entre mis manos el pesado mazo, y me envolveré con mi armadura. Espero ser un guerrero digno ante los ojos de La Dama de Cristal”. [*]


(Ahora que leo esas líneas me dan ganas de reírme: ¿No sé porque tengo fijación con esas cosas...?)


Pero bueno, El Torneo empezó, entre desafíos y comentarios igual de fantasiosos, podían verse los nombres de otros caballeros y doncellas entre los que prefiguraban: El Caballero del Coraje, El Caballero de las Sombras, El Caballero Rugel de León, El Caballero Sen-Heir, El Caballero del Crepúsculo, La Doncella de Cotalunha, La Doncella Atropa, La Doncella de la Tristeza, La Doncella de la Primavera, La Doncella del Mar, por mencionar algunos, pues fueron muchos los que se quedaron en la pre-selección y no pudieron participar.


Pasaron varios días después de la inscripción hasta que se publicaron las llaves de los combates que correspondían a la fase de octavos de final:(Click sobre la imagen) [**]



En esa fase al Caballero del Averno le tocó enfrentarse a otro noble caballero de tierras lejanas: el Caballero de Abril. Uno de los pasos dentro de la competencia era desafiar al contrincante, así que el Caballero del Averno le lanzó el siguiente reto al Caballero de Abril:

El destino ha querido que esta justa sea frente al Caballero de Abril, estoy conforme con los designios del azar. Esperaré aquí, blandiendo mi larga espada, a que llegue tan ilustre combate.
Una nación desaparecida se enfrenta contra un reino de riquezas: de la primera, sólo queda un guerrero, de la segunda, hay millones de caballeros dignos de levantar la espada; el combate no es desigual, Caballero de Abril, pues el último guerrero de la nación de Las Sombras vale por los millones de tu reino”

El Moderador del torneo reaccionó ante el desafío del Caballero del Averno con el siguiente cometario:

Jajajajaja
Caballero del Averno, esa estuvo mortal.
jajajaja”
(SIC)

Es así como el Caballero de Abril atendió al desafío declarando:

El Caballero de Abril se encuentra siempre dispuesto a quien ose desafiar a su patria, un reino de riquezas. En cambio tu país, Caballero del Averno es un reino del que sólo queda un guerrero; si bien el combate será justo, el Caballero del Averno persigue un sueño que ya no existe; defiende una patria que ya no existe. Si bien, orgulloso estaré de batirme en duelo con él.

(perdonad el retraso en dar señales de vida)”
(SIC)

Después de ver su respuesta, el Caballero del Averno añadió:

"...Caballero de Abril, declaro complacencia al aceptar mi desafío. Pero antes, te invito, a que visites mi tienda, donde compartiré contigo de mi hospitalidad, buen vino, exquisitas viandas, las más dulces frutas y la música más hermosa que hayas escuchado jamás, todo, como parte de un rito que mi civilización practicaba cuando era una nación próspera y floreciente: esa tradición dicta que antes del combate entre dos contendientes, el que lanza el desafío, tiene que mostrar hospitalidad al otro, para que después de consumado el reto, si ambos resultan vivos, nazca entre ellos una sólida amistad.
Las puertas de mi morada están abiertas para ti Caballero de Abril, de paso puedes invitar a unas cuantas doncellas para que nos acompañen
.”

El día del combate llegó, El Caballero del Averno atacó con su poema Monólogo Interior Frente a una Persona Silente:
(Click sobre la imagen)


Por otro lado, El Caballero de Abril acometió con su poema INSPIRACIÓN:


(Click sobre la imagen)

El Caballero del Averno ganó esa justa, al recibir noticias del triunfo, sintió pena por haber ofendido en los desafíos al Caballero de Abril, El Caballero del Averno recordó las enseñanzas de sus maestros, pensó que no era digno de un monje comportarse de la forma que lo había hecho hasta entonces, por eso declaró el siguiente cometario:

“Tuve a un gran contrincante, digno, respetuoso, un noble caballero: El Caballero de Abril, espero que desde hoy nazca una linda amistad entre nosotros.
Tengo que aceptar, que por unos instantes sentí que iba a perder frente a tan gallardo competidor”


Es así como el Caballero del Averno pasó, de entre 16 caballeros y Doncellas participantes a la fase de cuatros de final, ya sólo quedaban ocho competidores:

(Click sobre la imagen)


En cuatros de final le tocaría enfrentarse a una gallarda doncella que ya conocía el dulce sabor de la victoria: la Doncella de Baétulo, una mujer acostumbrada a vencer a grandes hombres, a nobles y audaces caballeros, pues su astucia radicaba en la palabra sencilla y evocadora.

Para esta fase el Caballero del Averno esperó, por respeto, a que la Doncella de Baétulo le lanzará el desafío, los días pasaron y ningún emisario llegó a su tienda con mensaje alguno. El Caballero del Averno esperó, pero la doncella de Baétulo guardó silencio, era seguro que ella quería resolver todo en el combate, sin tantos preámbulos. Llegó el día de la justa, donde la Doncella de Baétulo atacó con su poema A LA SOMBRA DE TUS BRAZOS:
(Click sobre la imagen)

A lo que él Caballero del Averno respondió con su poema AMANECE:


(Click sobre la imagen)

El resultado fue una victoria unánime de la Doncella de Baétulo, la cual pasaba a la etapa de semifinales, donde se enfrentaría a la Doncella Annabella del Caos, quién a su vez, había vencido al ilustre Caballero de las Sombras.


(Click sobre la imagen)

Ya sólo quedaban cuatro competidores para la Semifinal, que se definiría en dos combates.

El Caballero del Averno, al saber de su derrota, declaró:

Felicidades a Los caballeros y doncellas que pasan a la recta final. Para mí fue un gusto haber participado.
Felicidades explicitas a la Doncella de Baétulo, espero verla en la final, para que se vea que he perdido frente a una de las mejores; sin menospreciar el trabajo de la Doncella Annabella del Caos.
Me hubiese gustado pasar a la semifinal y enfrentarme contra un ilustre caballero como lo es el Caballero de las Sombras, pues el trabajo de tan noble caballero en cierta medida se parece al mío, (Hubiera sido interesante un enfrentamiento entre dos caballeros oscuros) desde aquí estrecho su mano.
JEJEJEJE… hoy me tocó salir del torneo, salgo con la frente en alto, salgo porque hoy me tocaba, son los designios del destino, porque al final encontré la luz que buscaba. Pero en la próxima, estaré como siempre, a las afueras del castillo, esperando otras justas, esperando a otros caballeros y doncellas que estén dispuestos a librar batallas y a dejar su sangre en la arena.
Me llevo una conquista: sí, he instituido el Feudo del Averno, donde yo soy El Señor, y desde donde construiré mi imperio, dándole un lugar a mi cultura desaparecida, para que renazca, para que vuelva a surgir como una flor que emerge entre el asfalto. Lo único que me falta es una doncella para desposarme con ella, y convertirla en mi reina.

Saludos a todos los participantes, para los caballeros un apretón de manos, y para las doncellas un cálido beso”

La Doncella Anabella del Caos reaccionó ante la declaración del Caballero del Averno de la siguiente manera:

Veo con admiración el dulce perder del distinguido Caballero del Averno, gran contrincante, y veo con admiración también que las doncellas seguimos en pie, armas y palabras en alto.

Brindemos por futuros combates.

Salve, oh Dama de Cristal
” (SIC)

El Caballero del Averno, como siempre, no podía quedarse callado ante tal opinión añadiendo:

Ilustre Doncella Annabella del Caos, gracias por el cumplido, tú no te quedas atrás, es por eso que desde el principio del torneo puse mis ojos en ti, eres una mujer con carácter, con coraje, por algo estás en la semifinal.
Te deseo buena suerte, saca tú casta aguerrida, y danos a todos un bello poema, para que tú y la Doncella de Baétulo nos brinden un buen espectáculo.

Besos en tu mano.


Después la doncella de Baétulo hizo acto de presencia, mandando un emisario a la morada del Caballero del Averno con la siguiente nota:

Caballero del Averno, para mi ha sido un honor enfrentarme a ti. Al final quedamos dos caballeros y dos doncellas, el duelo es duro.
Te doy las gracias por tus palabras
.”(SIC)

Es así como el Caballero del Averno fue despedido de la contienda, teniendo frente a sí las semifinales, y con las laudatorias opiniones de dos nobles doncellas. Pero la historia no acaba allí, porque a nuestro ilustre caballero le espera su más grande objetivo, reconstruir su nación y cultura, el horizonte que se erige frente a sus ojos es infinito: esos son ahora los dominios del Caballero del Averno.


_______


[*] Los textos en cursiva son algunos de los cometarios escritos por mi en el blog: Los Caballeros de la Dama de Cristal, desde el 16 de marzo hasta el 14 de abril del presente año; los que aparecen con un paréntesis encerrando la palabra (SIC), son comentarios de otras personas que han competido dentro del torneo.

[**] Todas las imágenes son cortesía del blog: Los Caballeros de la Dama de Cristal. Los poemas: Monólogo Interior Frente a Una Persona Silente y AMANECE, son de mi autoría.

lunes, 1 de marzo de 2010

El Uróboros


Quiero escribir un cuento que sea como el Uróboros, aquella fascinante serpiente que aprisiona su cola con la boca.

Ya estoy harto de mis cuentos lineales, o de los que están escritos usando vasos comunicantes, hoy quiero escribir un cuento que inicie con el fin.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

CHRISTIAN POVEDA: UNA REFLEXIÓN EXTEMPORANEA.

Recuerdo el cuento de un antropólogo, que internado en la amazonía, estudia la cultura de una comunidad de caníbales. Nuestro personaje convive con los naturales, se relaciona más de la cuenta con ellos; la delgada línea entre el observador y los observados se rompe, y cuando él creía comprender todas sus prácticas, ellos lo asesinan durante un rito extático.

Repaso con claridad el argumento de ese relato, lo raro es que no puedo acordarme del nombre del autor; son extraños los azares de nuestra memoria: talvez pude haberlo escrito yo, pero no lo recuerdo.

Una historia similar sucedió recientemente, la metáfora es la misma, pero el escenario es distinto, ya no era la selva amazónica, y el protagonista no era un antropólogo. Es extraño el juego del destino, que le gusta calcar historias de la ficción y reproducirlas a escalas monstruosas en la realidad.

viernes, 17 de julio de 2009

VIAJE AL INFIERNO PASANDO POR ANTONIO MATAMOROS.

PARTE I

Conduje por horas hasta que llegué a una encrucijada. Tomé el camino que decía: “Antonio Matamoros 60.00 kilómetros”; me adentré en una estrecha carretera rodeada de pastizales y cercos de ganado, donde difícilmente cabían dos vehículos a la vez; crucé un riachuelo de aguas turbias. La carretera de asfalto se terminó precipitadamente, la siguió una de limo que hacia atascar las llantas de mi Chevrolet. Me quedé varado en un atascadero, bajé del vehiculo para ver que podía hacer para seguir mi viaje, logré salir del barral, pero me di cuenta que pronto empezaría a llover, pues una gota calló sobre el vidrio de mis anteojos. Con la lluvia vino la noche, seguí conduciendo con dificultad hasta que llegué a un villorrio con cara de cuidad, las luces de mi camioneta iluminaron un letrero oxidado en el que se leía en letras borrosas “Bienvenido a Antonio Matamoros” sentí la extraña sensación de que el epígrafe había sido escrito especialmente para mi, salí por un momento bajo la lluvia para tocar la valla, deslice las yemas de mis dedos por las letras que se despintaron, solo me quedaron las cáscaras blancas de una “n”. Como ya era de noche deslumbraban muchos relámpagos, entonces recordé que mi madre me había dicho: “Mientras cae la lluvia, puede sorprenderte un rallo”, así que me apresuré y subí de nuevo al automóvil: no me había acomodado bien, cuando de repente, un rayo partió en dos el letrero, en el preciso lugar donde había estado parado tocando las letras, allí me di cuenta que me habían dado la bienvenida.

Mientras recorría las callejuelas del pueblo, me dí cuenta que abundaban las moscas, por los muertos insepultos dispersos por todos lados. No había luz, tenían tres meses de no tener servicio energético porque un rayo había atrofiado el sistema de alambrado y el ayuntamiento y las autoridades no habían restablecido el servicio por ser un lugar remoto.

Cuando llegué al hostal donde pasaría la noche, una anciana hosca me abrió la puerta, me condujo a luz de vela hacia mi habitación, mientras caminábamos por un pasillo me iluminó la cara con el candelabro y me preguntó: “A ver… ¿Qué menesteres traen a un citadino, joven y hermoso, a este culo del mundo? Señor, usted sabe que en Matamoros no hay nada de especial…” Yo le respondí que venía buscar el acta de nacimiento de mi madre, que la necesitaba para un asunto legal, algo que tenía que ver con la herencia que tenía que cobrar, luego ella me dijo: “A ver… y cual es el nombre de tu madre, talvez yo puedo ayudarte en algo, talvez yo la conozco”, le respondí que era hijo de Constanza Minero, que ella había muerto hace un mes, y que nada sabia de mis abuelos y demás ancestros, que talvez en Matamoros podía encontrar información sobre mis antepasados. Cuando ella oyó mencionar el apellido Minero, torció la boca y tiró un escupitajo al suelo, me vio con odio y me dijo: “Ah… o sea que usted es descendiente de los Minero, eso lo explica todo, usted es el vivo retrato de su abuelo, Ramón Minero”, sentí un leve escalofrío cuando ella pronunció RAMÓN, ese era el nombre que me habían impuesto y yo no sabia que ese había sido el nombre de mi abuelo, mi madre nunca me lo había dicho. “Si, o al menos así lo creo, mi nombre es Ramón Antonio Ojeda Minero, para servirle” le dije mientras le extendía la mano, saludo que ella no correspondió. “su nombre no me interesa” me dijo mientras seguía caminado, yo me sentí muy incomodo, y con el afán de obviar el mal rato, sonreí un poco, mientras los relámpagos nos iluminaban como flashes a ambos, antes de llegar a mi cuarto le pregunté porque habían tantos muertos tirados en la calle, ella me respondió ya más serena, como si hablar del tema le ocasionará placer: “Es que aquí no tenemos cementerio, la gente entierra a sus muertos en el patio de la casa, y como los inhuman a poca profundidad, no es extraño que en invierno, con las continuas lluvias, la tierra se lave y los muertitos se queden expuestos a los buitres, que por aquí abundan, no se porque, ah… y también abundan las moscas, a veces es agradable el zumbido de las mosquitas, dan ganas de dormirse con su arrullo, pero no se preocupe, hijo de mala madre, en unos días eso le parecerá lo más común del mundo, y cuando se valla, que yo espero que sea pronto, en la capital le hará falta ver esas cosas”. La vieja desdentada, mascullaba las últimas palabras mientras habría la puerta, “Solo puede quedarse esta noche aquí, mañana debe irse temprano a buscar otro lugar donde hospedarse, si hubiera sabido quien era, le juró que no le hubiera abierto la puerta” yo solo le dije con un tono de ironía: “gracias por la hospitalidad” ella cerró la puerta tras mis espaldas con una fuerza tal que me pareció que en un momento ella había recobrado la vitalidad de su juventud, por un instante me quedaron sonando en la mente las palabras que me había dicho: ¿A que se refería cuando me llamó hijo de mala madre?

Cuando entré, puse mi maleta de piel sobre la cama, la abrí y empecé a sacar todas mis pertenencias, me apresuré a sacar mi maquina de escribir, mientras sacaba unas camisas, calló al suelo una foto de mi madre, una ventisca me heló la nuca, allí me dí cuenta que la ventana estaba abierta, cuando un relámpago iluminó el jardín, vi la silueta de un hombre que estaba parado frente a la ventana, descorrí las cortinas, pero no vi nada, entonces pensé que lo había imaginado, mi mente estaba muy excitada por la conversación con la vieja, quería relajarme a toda costa, así que puse mi maquina de escribir sobre la mesita de noche, para trabajar en mi diario personal, después de un rato, apagué las velas y me recosté en la cama. La armazón del tejado crujía, y las ratas se paseaban sobre las vigas. Pero como estaba muy cansado me dormí en seguida. Mientras dormía tuve un sueño muy extraño: me soñé sacando mis pertenecías de la maleta, pero esta vez me encontraba en medio del desierto, era como una habitación sin paredes, solo la cama, la mesita de noche y un perchero, entonces saque de mi maleta un pájaro de tinta, que salió volando y dejo manchadas las sabanas, saqué un elefante, y lo colgué en el perchero, al final saqué la foto de mi madre y me oriné en ella.

Después de eso desperté y busqué la foto sobre la mesita de noche, sentí un gran alivio al ver que estaba allí. Me di cuenta entonces que ya había amanecido.

martes, 30 de junio de 2009

SUEÑO.

Entré en una caverna oscura. En la lobreguez que me rodeaba, un ejército de estalactitas apareció frente mis ojos. Caminé hasta llegar a la orilla de un río subterráneo. A lo lejos, entre penumbras y neblina, divisé una embarcación con dos pasajeros que se acercaba; vi las siluetas de un remero con cabeza de pájaro, y de un hombre viejo que venia sosteniéndose en un bastón sobre la proa: algo me dijo que él sería mi guía. Cuando más se acercaba la embarcación reparé en su actitud: me pareció que el que venía de pie era ciego; además, tenía un leve síndrome vertiginoso, como un árbol mecido por la ventisca. Al llegar la barca a la orilla, logré ver su rostro: me alegró saber que era un viejo conocido.

viernes, 5 de junio de 2009

UN HALLAZGO

En el patio de una casa, ubicada en las cercanías de la calle Ramírez Guillén, encontraron una fosa común. Cuando empezaron a hacer revisión de todos los cuerpos inhumados – veinte en total –, entre los que se hallaban cadáveres en avanzado proceso de descomposición y esqueletos incompletos, exhumaron una osamenta en especial: al hacer los análisis e investigaciones correspondientes, llegaron a la conclusión de que el cuerpo perteneció en vida a un hombre (según los testimonios de personas que lo conocieron), de personalidad retraída, adicto al tabaquismo, aunque de rostro serio, de fácil sonrisa, heredero de una enfermedad degenerativa en la vista, que lo hacía llevar gafas contra su voluntad. Según los análisis forenses, fue asesinado a la edad de 70 años, murió sin saber que padecía de enfisema pulmonar. Era catedrático universitario jubilado. Vivía solo, un sendero de piedra comunicaba su hogar de retiro con las demás casas de un pueblo a las afueras de la ciudad, dedicado en sus últimos años de reclusión a escribir novelas y artículos, casi nunca salía de su residencia. Nadie sabe como llegó hasta la casa de la calle Ramírez Guillén. Su nombre era: Ronald Adolfo Orellana.

lunes, 16 de marzo de 2009

DÉJÀ VU

Supongamos que soy un hombre racional. Supongamos que me rijo por los postulados de la razón (aunque todos sabemos que dichos postulados, el anti dogmatismo, por citar un ejemplo, siguen siendo preceptos que se transforman en dogmas). Siendo así: ¿Qué sucede cuando un hombre racional experimenta fenómenos inexplicables? o en mi caso: Fenómenos explicados por la ciencia, pero que sus elucidaciones no satisfacen mis expectativas por la complejidad de esas experiencias en mi vida. ¿Qué pasa cuando sentimos llegar a un punto muerto? Donde nuestro racionalismo excesivo no puede darnos explicaciones.

Me habría ahorrado la retórica barata del párrafo anterior, si hubiera empezado por el relato del fenómeno que viví recientemente y que implica a dos personas que considero mis grandes amigos, Alex Calvillo y Alejandro Ventura: el hecho sucedió en la enigmática CASITA DE CHOCOLATE, lugar por lo demás misterioso y sobre el cual se cuentan las más extrañas historias que tienen que ver con lo paranormal. Si mal no recuerdo, eran alrededor de las dos de la madrugada, me encontraba jugando ajedrez “por vez primera” con Alejandro. Alex observaba la partida, y hacia una serie de comentarios con el afán de ver perder a Alejandro. Así estuvimos por largo rato, los tres sentados frente a una pequeña mesa, reunidos alrededor del tablero, cada uno pendiente de la jugada del otro. Así se fueron yendo los minutos, poco a poco las piezas empezaron a acumularse en el lado del tablero del contrario, hasta que nos sucedió algo extraño: en un movimiento de caballo experimenté un Déjà Vu, sentí como si ese momento ya lo había vivido, lo raro fue que en ese instante los tres despegamos la atención del juego y nos vimos a las caras con extrañeza.
Seguimos jugando. Yo me guardé por un momento el comentario de lo que había experimentado hasta que terminó la partida. Después que Alejandro me ganó, me puse de píe y me estiré para desentumecer el cuerpo, bostece, y les dije a mis colegas:

– “hace un rato, en la jugada que hice al mover el caballo para comerme al alfil, sentí algo extraño, algo así como si ya había vivido ese instante”.
Yo me quede callado por un momento, cuando oí que Alejandro sentenció:
– “Tuviste un Déjà Vu”.
–“Sí… Un Déjà Vu” –respondí.
–“Pues a mí me paso lo mismo” – dijo Alex.
–“A mí también” – señaló escépticamente Alejandro. –“Fue la misma jugada. Puedo verte tomando el caballo y haciendo el movimiento, pensé que sólo yo lo había sentido” – Concluyó.

Todos sabemos que una de las explicaciones que se dan acerca del Déjà Vu es que se trata de un fenómeno cerebral, que implica los dos tipos de memoria: la memoria a largo plazo y la memoria a corto plazo, ambas se confunden, creando la impresión de que el momento que se está viviendo entra en un estado de recuerdo, provocando una sensación de familiaridad.

Atendiendo a esta explicación cabe preguntarse: ¿Si el problema es de carácter cerebral? lo lógico es que un solo individuo lo experimente. Entonces: ¿Por qué esa madrugada sufrimos el mismo Déjà Vu tres personas? Esto sólo lo puedo imaginar desligando el fenómeno del terreno de la psicología y transfiriéndolo a la disciplina de la metafísica: la única explicación lógica para mí la da Nietzsche (aunque no es la intención de Nietzsche explicar el Déjà Vu. Pues su finalidad, como la de todo filósofo, es explicar la naturaleza del Ser) en este fragmento, que es el que está relacionada con su concepción del mito del eterno retorno:

Todas las cosas pasan, todas las cosas vuelven; eternamente gira la rueda del Ser. Todas las cosas mueren, todas las cosas florecen de nuevo, eterno es el año del Ser. Todas las cosas se rompen, todas las cosas son unidas de nuevo; la casa del Ser se construye igual a sí misma. Todas las cosas se van, todas las cosas se dan la bienvenida una a la otra de nuevo; eternamente la rueda del Ser mora en sí misma. En cada Ahora, el Ser empieza; en cada Aquí gira la esfera del Ahí en círculo. El centro está en todas partes. El camino de la eternidad está determinado (*)”

Prefiero pensar que Alejandro, Alex y yo, nos encontramos jugando ajedrez continuamente en la eternidad, y que el Déjà Vu que experimentamos esa madrugada de marzo, solo es parte de las repeticiones de nuestras existencias cíclicas. A atribuirle una explicación puramente neurológica, con teorías que a la larga se quedan cortas.
_________________________________
(*) Friederich Nietzsche. (1970) Así habló Zaratustra. Parte tres (el convaleciente). En Colección Nietzsche de bolsillo. Páginas: 329-330.

sábado, 28 de febrero de 2009

PREMONICIONES.

Ronald Orellana.
Tenía la capacidad de leer el destino en el rostro de la gente. Cuando caminaba por las calles se entretenía leyendo las desgracias y sufrimientos en las caras de los transeúntes: “Ese tipo tiene cáncer – se decía al ver a un señor en la estación del metro – él no lo sabe, pero la enfermedad lo matará dentro de cuatro años, pasará por dolorosas quimioterapias, perderá el cabello. En su casa tiene un gato, es padre de tres hijas y su esposa es diabética.”

No tenía novia ni amigos, porque sentía miedo de encariñarse con otra persona, de la que pudiera conocer sus mentiras, traiciones, envidias, hipocresías y enfermedades terminales. Más que todo, tenía temor a enamorarse, porque Él conocería el final de la relación y sufriría por el dolor que le ocasionaría la pérdida.

Por las tardes, al salir del trabajo, se pasaba las horas solo en un parque. Muriéndose de envidia y a la vez conmiserándose de las parejas que abrazados para soportar el frío, se amaban en las sombras, o la luz de un farol, mientras Él se helaba sentado en su butaca, sin más compañía que un cigarrillo. A veces se reía con una risa maliciosa al leer el destino de alguna pareja de enamorados que se comían a besos en una esquina: “Ella solo lo quiere por su dinero, tienen tres meses de conocerse. Cuando se casen, procrearan dos hijos, él pasará por una crisis de alcoholismo. Ella terminará amargada porque su marido es asmático y le tocará cuidarlo en los últimos años; tendrá tres amantes, él no sé dará ni cuenta porque se la pasará en los burdeles buscando prostitutas.” Siempre se acercaba a las parejas para saludarlas y felicitarlas hipócritamente. Mientras se marchaba del parque, mascullaba entre dientes un: “Pobres infelices…

Aun así la soledad lo desesperaba. Por las noches soñaba con una mujer de cabello ondulado, piel blanca y de ojos negros como el color del gato: Ella, enfundada en telas vaporosas, lo llamaba a un jardín; mientras corría sus ropas ondulaban en el aire, dando la impresión de que flotaba en el agua, Ella lo guiaba entre la vegetación, pasando por fuentes y laberintos, cruzaban por un arco que los llevaba hasta un llano donde habían muchas bancas, cuando se sentaban en un pequeño escaño, Ella se acercaba para besarlo: eso hacia que él despertara con un sobresalto.

Cada mañana interrogaba su rostro en el espejo pero no lograba ver nada, y es que Él no podía leer su propio futuro. En vano inquiría su rostro fosilizado en las fotografías a blanco y negro, pero no se le revelaba ninguna premonición. Eso le hacia pensar con certeza, en la idea de encontrar una persona que tuviera su mismo don, la cual no podría leer su propio futuro. La idea le martillaba la cabeza, y le daba esperanzas de encontrar a esa mujer.

En vano buscaba en las iglesias, en los bares, los parques y las estaciones del metro. En su trabajo conocía demasiado a todas sus compañeras. Si por la calle abordaba a una desconocida, automáticamente –aunque quisiera evitarlo – leía su vida entera con el simple hecho de mirarla a los ojos.

Un día se levantó con la firme convicción de ir a una agencia matrimonial. Al llegar y revisar entre todos los expedientes de las aspirantes, revisando sus fotos, no había ninguna a la que no le pudiera leer su destino. Pero después de pasar expediente tras expediente, encontró la foto de una mujer a la que no le pudo leer el rostro: era una morocha de ojos negros; su capacidad premonitoria no funcionaba frente a el retrato a blanco y negro: “esa es la mujer con la que he venido soñando todos estos días” pensó, y con premura hizo las gestiones para concertar el encuentro.

Fue mutua la atracción cuando se conocieron. Ella le contó que se ganaba la vida leyendo las líneas de la mano. Él le confesó todo sobre su capacidad premonitoria, le contó que antes de conocerla ya la había visto en un sueño. Ella también le refirió que desde niña había tenido una pesadilla constante: siempre soñaba que se encontraba perdida en un bosque oscuro, poblado de árboles sin hojas, de los que colgaban siluetas de hombres ahorcados, pero a causa de la neblina y las sombras nunca podía distinguirles el rostro. A los pocos días decidieron irse a vivir juntos, pactando de común acuerdo no tocar el tema de las premoniciones, y así, tratar de vivir como una pareja común y corriente.

Pasaron los años, Él siempre sentía miedo, por eso le escondía la palma de sus manos. Quizá por el tiempo que llevaba juntos ella fue adquiriendo la facultad de leer los rostros, pero lo guardaba como un secreto. La convivencia se hizo difícil entre ambos: ella dejó de verlo a la cara, comenzó a distanciarse poco a poco, discutían por trivialidades, Ella no podía dormir y si dormía un poco era victima de continuas pesadillas: una noche se volvió a soñar desnuda, perdida en el mismo bosque nebuloso, siempre con los mismos árboles frutecidos de cadáveres, Ella se acercó a uno de los ahorcados que tenia cubierta la cara por la neblina, cuando le desveló el rostro vio la cara de su marido, echó a correr entre los árboles viendo en cada uno de los hombres que pendían de las ramas, el mismo rostro multiplicado centenares de veces.

Esa mañana se levantó temprano, se fue de la casa sin decirle una sola palabra.

Él no la buscó, resolvió esperarla por unos meses, con el tiempo se fue deprimiendo más al ver que ella no volvía. Un día perdió el empleo y por la desesperación decidió suicidarse, colgándose del dintel de una de las puertas de su casa. Hoy Ella se sigue ganando la vida leyendo las líneas de la mano, y se entretiene en las calles, escrutando el destino en le rostro de los transeúntes.

domingo, 12 de agosto de 2007

UN RELATO NOCTURNO.

Ronald Orellana (L.B. A).
Vi la silueta desaparecer entre las sombras, era una figura de mujer que se desintegró en las penumbras. Unas botas marcaban pasos a lo lejos, me acerque donde la había visto, y me detuve con claro nerviosismo a terminar mi cigarrillo, temía ser visto por los transeúntes.

Ella se acercó a mi, la sangre se me agolpaba en el cuerpo y sentí el ansioso palpitar en mi corazón. Era una entre las tantas que había visto las noches anteriores al pasar por estas calles: su escotada blusa ostentaba unos senos perfectos, con su minifalda, mostraba unas piernas recién depiladas, no me resistí a tocarlas, eran suaves y duras, mi pene recibió los golpes de sangre que lanzaba mi corazón. "Hola" me dijo, y saco un cigarrillo de su bolso, corrí a ofrecerle fuego de mi encendedor. Ella era la mejor entre todas las traviesas de la cuadra, la más femenina, tenía unas nalgas tan duras y firmes que me hacían pensar: a esta, me la tiró. Era alta, morena, de delicado maquillaje. De repente volvió a sonreírme con desden y me dijo: "¡Bueno che! te vas a quedar allí parado sin decir nada ", la verdad le conteste que a mi sólo me gustaba ver y tocar; que nunca antes había estado con una traviesa y que me encontraba un poco nervioso, acto seguido le tome la mano y la lleve a mi pecho, cuando sintió los latidos de mi corazón, me dijo:"¡pero papi! Te vas a morir de un infarto" quisiera morir haciéndote el amor, le conteste, todo fue muy excitante, ¿Quizás el hecho de hacer algo prohibido me resultaba placentero? Comencé a tocar su cuerpo, ella acariciaba mi pene, que se abultaba bajo mi pantalón, y me veía con unos ojos que me hacían excitar aun más. Le pregunte que si lo íbamos a hacer entre los matorrales que están cerca del puente, me dijo:"En el motel " ¡No! Le conteste ¡como vamos a ir a un motel! ¡Que va a decir la gente cuando me vea entrando con vos! "no seas tonto" me contesto "así le llamamos nosotras a ese lugar" y me mostró el camino hacia los matorrales que se alargaban junto a la carretera cerca del puente, entramos, me sorprendió que habían acondicionado colchones entre la maleza, bastante adentrados en la espesura, parecían cuartos improvisados, vi a las parejas que se nos habían adelantado, veía las siluetas que envestían a otras entre las sombras, y oía los gemidos de placer. Una traviesa se encontraba con un hombre que me pareció un anciano, la verdad sentí vergüenza al ver tal escena, pues ella estaba tan sexy que hubiese querido estar en el lugar del viejo.

Pregunté a mi guía hacia donde nos dirigíamos, entonces ella dijo:"ya llegamos" era una improvisada habitación de hotel, a la intemperie, casi a la orilla del río. Entramos, ella comenzó a tocarme, bajó el cierre de mi pantalón y saco mi cipote, lo froto con efusividad y me preguntó. " ¿Ya no estas nervioso?" sonrió y comenzó a mamarlo, era tanto el pacer que me daba, que pensé que de un momento a otro me iba a venir, su cabeza subía y bajaba succionando mi miembro, yo no podía hacer más que mirar hacia el cielo estrellado, embriagado de placer, cuando terminó de mamármelo, se dio la vuelta enseñándome su precioso culo, como la falda era corta en esa posición me mostraba su hilo dental ¡era una diosa en todo el sentido de la palabra! hizo a un lado la braguita y me tomo con una mano el pene introduciéndolo en su ano: sentí riquísimo cuando entro y empecé a envestirla. Teníamos enfrente el río, rítmicamente el trasero de esa morena chocaba con mi cuerpo. Un acto inolvidable, mi primera vez haciendo el amor con una traviesa, tantas veces lo había planeado pero no me atrevía.

De repente se oyó un disparo, al cual siguió un grito, una persona cayó al río, un cuerpo comenzó a moverse en el agua y a ser arrastrado corriente abajo, el blanco cadáver resaltaba en la negrura. Cuando paso frente al lugar donde nos encontrábamos, me di cuenta que era el travesti que había visto puente arriba con el anciano, ella lanzaba borbotones de sangre negra de su boca y por un momento me vio con ojos fijos mientras lanzaba rítmicos estertores.

Mil pensamientos giraron en mi mente, mientras veía el cadáver arrastrado por el río, lo primero que pensé fue en que la policía no tardaría en llegar y a mí se me tomaría como uno de los testigos del homicidio, se me heló al sangre: ¿Cómo les iba a explicar todo esto a mi esposa e hijos?

Ella me exhortó a que me fuera rápido, me dijo que las redadas para ellas ya eran habituales y que en cierta forma presentía que algo iba a pasarme.

Como pude, salí de los matorrales, abriéndome camino entre el cieno y las sombras, al salir a la calle una lámpara iluminó mi rostro, no vi más que las luces rojo y azul de una patrulla, el individuo que me alumbraba la cara me dijo: "deténgase allí" y comenzó a registrarme, por los indicios de mi cuerpo y mis desordenadas vestiduras reconoció de que acababa de tener relaciones sexuales, esto unido a que un travesti que me vio dijo que yo había entrado antes de los disparos y que me había visto, la noche anterior, merodeando por el lugar de manera sospechosa, acto seguido me esposaron, me opuse como pude pero eso sólo agravo las cosas.

Ahora pienso en decir todo esto en mi declaración…O inventarles otra historia.