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lunes, 19 de diciembre de 2011

CAIN UN MISTERIO (Lord Byron)


[Les dejo la quinta parte de mi traducción de esta pieza]

Acto I parte V


Caín: ¿Y si lo hago…? ¿¡Me enseñarás el misterio de mi ser…!?
Lucifer: Sígueme que yo te guiaré.
Caín: Pero tengo que retirarme a cultivar la tierra… porque yo había prometido…
Lucifer: ¿Qué?
Caín: …Preparar los primeros frutos…
Lucifer: ¿Por qué?
Caín: Para ofrecer con Abel en un altar.
Lucifer: ¿¡Qué no eres tú el que dice que nunca se ha inclinado, ni se inclinará a su Creador!?
Caín: Sí, pero la oración ferviente de Abel me ha conmovido, la ofrenda es mía, además, mi hermana Adah me lo ha pedido, y quiero complacerla.
Lucifer: ¿Por qué vacilas?
Caín: Ella es mi hermana, nacimos el mismo día, del mismo útero. Ella me lo pidió con lágrimas en los ojos; por eso hice esta promesa, porque me derrumba el corazón verla llorar. Por eso haré la ofrenda, me parece que es justo si la hace feliz. Entregaré en sacrificio todos los frutos primigenios, pero no adoraré.
Lucifer: ¡Entonces sígueme!
Caín: Lo haré.
[Entra Adah]
Adah: Mi hermano, he venido por ti; es nuestra hora de descanso, y mí alegría es menor si no estoy a tu lado. No has trabajado esta mañana, pero yo he hecho tu tarea: los frutos ya están maduros, están listos y brillantes como la luz del alba. Vamos ven conmigo.
Caín: ¿No ves?
Adah: Si, veo un ángel; he visto a muchos, pero no como él, es muy bello: va a compartir con nosotros. (A Lucifer): Sea bienvenido.
Caín: Pero él no es igual a los ángeles que conocemos.
Adah: ¿Ha… y entonces? Pero él es bienvenido, yo no veo inconveniente: sé que es muy digno para que sea nuestro invitado. (A Lucifer): ¿Nos acompañará?
Caín: (A Lucifer) ¿Quieres, pues?
Lucifer: (a Caín) No. Yo te pregunto: que parte tengo yo en eso. Sin embargo, tú y yo tenemos un asunto pendiente.
Caín: (A Adah)Tengo que ir con él…..
Adah: Y me dejarás sola…
(Caín se marcha)
Caín: Adiós…
Adah: ¿Y yo?
Caín: ¡¡¡Querida Adah…!!!
Adah: Déjame ir contigo...
Lucifer: No, ella no debe hacerlo.
Adah: ¿Quién eres tú para negarme los pasos entre mi corazón y el corazón de mi hermano?
Caín: Él es un Dios.
Adah: ¿Cómo sabes eso?
Caín: Habla como un Dios.
Adah: Así como también lo hizo la serpiente, y mintió.
Lucifer: ¿Cómo lo sabes? ¿Acaso tú, Adah estuviese frente al Árbol del Conocimiento?
Adah: No, pero desde allí inició nuestro dolor eterno.
Lucifer: Y sin embargo, no te has dado cuenta que el dolor es el conocimiento, por lo que la Serpiente no mintió: Y si no hubiera dolor en el conocimiento, te habría traicionado, ella habló con la Verdad; por lo tanto la verdad en su propia esencia.
Adah: Pero todo lo que de él sabemos se ha reunido en el mal que nos enferma; por él nos agenciamos la expulsión de nuestro hogar, miedo, el trabajo, el sudor, y el cansancio; el remordimiento de lo que era, y la esperanza de lo que no viene. ¡Caín! no andes con este Espíritu. Ten paciencia con lo que nos toca, yo te amo…
Lucifer: Lo amas más de tu madre, y que tu padre?
Adah: Si, así lo hago. ¿Es eso un pecado también?
Lucifer: No, no, sin embargo, un día lo enredarán sus hijos.
Adah: ¡Qué! No debe mi hija amar a su hermano Enoc?
Lucifer: No como amas tú a Caín
Adah: ¡Oh, Dios mío! ¿No me gusta saber que la forma en la que amo a Caín esté lejos del amor puro? ¿Acaso no hemos bebido la leche del mismo seno? ¿Y no es él, su padre, nacido de la misma matriz, en la misma hora que yo? ¿Mis hijos se amaran? al multiplicar nuestra descendencia ellos se amaran unos a otros como nosotros los amamos a ellos… Y como yo te amo, ¡Mi Caín! No vallas con este espíritu, que no es de los nuestros.
Imagen:
Gravado de Gustav Doré, sobre El Paraíso Perdido de Milton.

sábado, 12 de noviembre de 2011

CAÍN UN MISTERIO (Lord Byron)





[Les dejo la cuarta parte de mi traducción de esta pieza]

Acto I. Parte IV




Caín: Me alegraría el hecho de saber que yo no moriría nunca, como esas encantadoras luces que no mueren; aunque, esta vida que llevo no es fácil. ¿Qué es La Muerte…? Pienso que a la vez es algo terrible y tentador, con lo que por el momento no puedo sortear porque no encuentro guía. Aunque más bien La Muerte es algo en contra nuestra, y más porque mi familia y yo hemos pecado: la hemos heredamos, como un mal, como algo que enferma.
Lucifer: Puedes resolver tus interrogantes aquí en la tierra.
Caín: Pero… ¿Podré saberlo?
Lucifer: ya que yo no conozco La Muerte, no puedo responder. Tienes que experimentarla tú mismo.
Caín: Si yo fuera la tierra tranquila, eso no estaría mal: hubiera preferido no existir nunca… ¡Ser nada más que polvo!
Lucifer: Ese es un deseo indigno, inferior al de tu padre ¡Porque él quería el conocimiento!
Caín: Pero no tenía deseos de vivir por la eternidad… ¿Y por qué no le arrancó la vida del Árbol? ¿Qué acaso no es ese su nombre: el Árbol del Conocimiento y de la Vida?
Lucifer: Él se vio comprometido.
Caín: Cometió un mortal error!!! No tenía que arrebatar la fruta: porque antes que cruzar el umbral del conocimiento, él ignoraba la existencia de La Muerte. ¡Ay! Apenas ahora sabemos lo que es; y, sin embargo tengo miedo… miedo de lo que no comprendo, porque aún hay muchas cosas que ignoro.
Lucifer: Yo, que lo sé todo, puedo decirte que no temas. No sientas miedo, busca cuál es el verdadero conocimiento.
Caín: ¿Pretendes tú enseñarme todo?
Lucifer: Sí, pero con una condición.
Caín: Dime…
Lucifer: Que me rindas pleitesía, como tu señor.
Caín: Tú no eres el Señor que mi padre adora.
Lucifer: No.
Caín: ¿Eres igual…?
Lucifer: ¡No! Yo no tengo nada que ver con Él.
Caín: Aún así tampoco lo haría: adorarte sería algo muy infame. ¿O acaso estás por encima de Él…?
Lucifer: Yo he sido partícipe de Su poder, fui un funcionario de Su Reino. Yo habito aparte, pero Yo soy grande, tan igual, o superior a Él. Muchos son los que me honran, y son más importantes que tú, ¡pobre barro! ¿Quién te has creído? Tú no eres el primero que se postra ante mí.
Caín: ¡Yo nunca…! Hasta el momento ni siquiera me he inclinado al Dios de mi padre. Aunque mi hermano Abel, siempre lisonjea y tantas veces implora. Abel siempre está junto a mí padre en el sacrificio; yo los acompaño pero nunca me inclino, nunca he suplicado, no me nace del corazón hacerlo. ¿Por qué he de inclinarme ante ti?
Lucifer: Si, ya he notado que nunca te has dado reverencia.
Caín: ¿¡Como lo sabes!? ¿¡Si yo no te lo dije antes!?... Me intriga lo que puedes darme. Enséñame, guíame en tú sabiduría. ¿Enséñame a ser poderoso?





Imagen:Gravado de Gustav Doré, sobre El Paraíso Perdido de Milton.

martes, 18 de octubre de 2011

CAÍN UN MISTERIO (Lord Byron)

[Les dejo la tercera parte de mi traducción de esta pieza]
Acto I. Parte III







Lucifer: Entonces, ¿quién fue el demonio? El que no les permitió discernir, o el que les ha hecho vivir con los ojos abiertos para siempre, el que les ha dado el poder del conocimiento?
Caín: A ese árbol mejor hubiera sido que le arrebataran todo los frutos, o no haber tocado ninguno!
Lucifer: El discernimiento ya es tuyo, la inmortalidad es lo que te espera.
Caín: ¿Cómo es eso?
Lucifer: Hoy son ustedes mismos, esa es su fuerza. Nada puede opacar tu mente, si tu mente hoy es el centro de todas las cosas. (Caín se tambalea al al escuchar esto.)
Caín: ¿Pero... fuiste tú el que tentó a mis padres?
Lucifer: ¿Yo? Pobre barro... ¿¡Cómo pude haberlos tentado!?
Caín: Ellos dicen que la serpiente era un espíritu.
Lucifer: ¿Quién dijo eso?¿No está escrito en las alturas?: “El soberbio no se falsificará más.Aunque el temor del hombre sea grande lo supera su vanidad, poco puede hacer la naturaleza espiritual para evitar que cayera poco a poco...” La Serpiente era una serpiente: nada más, sin embargo pudo tentarlos con astucia. En la tierra y en la naturaleza también hay sabiduría que el hombre no podrá superar, pues ella le mostró de antemano el conocimiento fatal de sus placeres más bajos ¿Piensas que yo tomaría la forma de las cosas que mueren?
Caín: Pero esa cosa tenía un demonio?
Lucifer: Él la despertó, pero ella fue la habló con su lengua bifurcada. Te digo que la serpiente no era más, que una simple serpiente: preguntale a los Querubines que custodian el Árbol Tentador. Cuando miles de años hayan pasado sobre sus cenizas muertas, y su semilla, la semilla del mundo, verás lo que pudo ser en toda esta historia. Y me atribuyen una forma que yo desprecio, como yo desprecio a todo lo que se inclina ante él, que hizo las cosas, pero para magnificar su prepotencia, durante toda la eternidad; pero nosotros, que vemos la verdad, tenemos que hablar. Tus padres inexpertos escucharon a un reptil, Y cayeron ¿Para que se molestaría un espíritu en tentarlos? ¿Porque habían de envidiar los estrechos límites del Paraíso, los espíritus que habitan por todo el cielo? - Pero te hablo de algo que tú no conoces, aún con todo el discernimiento que te dio el comer del fruto del Árbol del Conocimiento.
Caín: Pero tú no puedes hablarme de algo que yo no pueda entender, tengo la sed de conocimiento yo quiero tener una mente sabia.
Lucifer: observarás con el corazón?
Caín: Te lo demostraré.
Lucifer: Te atreverás a mirar a la muerte?
Caín: ¿Él todavía no la ha visto?
Lucifer: Eso tiene que ser algo a lo que debe ser sometido.
Caín: Mi padre dice que es algo terrible, y mi madre llora cuando es nombrada; y Abel levanta los ojos al cielo, y Zillah agacha la cabeza viendo hacía la tierra, y susurra una oración, y Adah me mira, y no habla.
Lucifer: ¿Y tú?
Caín: Tengo una multitud de pensamientos indescriptibles que siento que en el pecho se me incendia. Cuando oigo hablar de esta Muerte Todopoderosa, que es, al parecer, inevitable. ¿Podría luchar con ella? Luché con el león, cuando era un niño.
Lucifer: La Muerte no tiene forma, pero va a absorber todas las cosas. Que tengan la forma de esta Tierra que han nacido y que irán naciendo.
Caín: ¡Ah! Pensé que era un ser: ¿Quién podría hacer cosas tan malas a los demás seres si no es un ser?
Lucifer: Preguntale a la Destrucción.
Caín: ¿Quién?
Lucifer: El Creador - Llamalo con el nombre que tú quieras: Él crea pero también destruye.
Caín: Yo no sabía que... sin embargo, ese pensamiento ronda mi cabeza desde que me enteré de La Muerte: aunque no sé lo que es... y sin embargo, me parece horrible. He mirado afuera, en la noche inmensa, me embarga una desolación en busca de Ella; Y cuando vi las sombras gigantescas en el resentimiento de las paredes del Edén, y los relámpagos por el parpadeo lejano de las espadas de los Querubines, me di cuenta porque decidí venir: porque con el miedo se levantó el anhelo en mi corazón para conocer que es lo que verdaderamente estremece a todos. Pero nada he logrado, Y entonces volví mis ojos cansados arriba de nuestro hogar, el paraíso prohibido, hasta las luces por encima de nosotros, en el azul, esas luces que son tan hermosas: ellas también mueren?
Lucifer: Tal vez - pero sobrevirán a uno de los dos, a tí o a mí.




Imágenes:
Gravados de Gustav Doré, sobre El Paraíso Perdido de Milton.

viernes, 8 de enero de 2010

CAÍN UN MISTERIO (Lord Byron)

La Serpiente era la más astuta de todos los animales del campo que Yahvé había creado.
Génesis, Capítulo 3, versículo 1.



Acto I.
ESCENA 1. - La Tierra Sin Paraíso. - Tiempo, el Amanecer. ADAN, EVA, CAIN, ABEL, ADAH, ZILLAH, ofreciendo un sacrificio.



ADAN. ¡Dios Eterno! ¡Infinito! ¡Omnisapiente! ¡Que saliste de la oscuridad en el abismo profundo para hacer la luz entre las aguas con una sola palabra! ¡Con el retorno de la luz! ¡Todos te alaben! ¡Yahvé! Al amanecer: ¡Todos te alaben!
EVA. ¡Dios! ¡Que nombraste el Día y el Alba separándolos de la Noche! ¡Que dividiste la luz de las tinieblas! ¡Que dividiste las olas del mar de la tierra seca, y nombraste al suelo seco Tierra, y la bóveda de arriba llamaste Firmamento! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ABEL. ¡Dios! que nombraste los elementos: Tierra, Océano, Aire y Fuego. Y nombraste el Día y la Noche, iluminándolos con miles de mundos entre las sombras. Que nos diste los seres más pequeños para que podamos gozar de ellos, ¡Y para que mutuamente nos amemos! ¡Todos te alaben! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ADAN. ¡Dios! ¡Padre Eterno de todas las cosas! Que creaste a los ángeles, esos seres hermosos de flamígeras espadas. Yahvé, ser querido, más que todos, déjanos amarnos: ¡Todos te alaben! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ZILLAH. ¡Oh, Dios! que amaste tu obra, bendiciéndonos a todos. Que permitiste a la Serpiente entrar al Jardín y arrastrarse silenciosamente para conducir a mis padres fuera del Paraíso. Dios, líbranos del mal, protégenos de Lucifer: ¡Todos te alaben! Yahvé ¡Todos te alaben!
ADAN. (Exhortando a Caín) ¡Hijo mío! ¡Caín! Mi primogénito ¿Por qué estás tan callado?
CAIN. (Desdeñoso) ¿Qué quieres que diga? ¿Por qué debo hablar?
ADAN. Ruega a Dios.
CAIN. ¿Debo de rogarle?
ADAN. Debemos rogarle, lo más fervientemente posible.
CAIN. ¿Y en voz alta...?
ADAN. Si. Porque solo en Dios confiamos.
ABEL. ¡Amen!
ADAN. (A Caín) ¿Pero hijo mayor?... ¿Por qué sigues guardando silencio?
CAIN. Es mejor que me quede de esa manera.
ADAN. ¿Por qué no sigues con la oración?
CAIN. No tengo nada que pedir.
ADAN. (Consternado) ¿Ni nada que agradecer?
CAIN. No.
ADAN. ¿Ni siquiera porque Dios te ha dado la vida?
CAIN. ¿Prefiero morir?
EVA. Nuestro Árbol Prohibido comienza a dar más frutos.
ADAN. Y debemos recolectar la mala cosecha otra vez. ¡Oh Dios! ¿Por qué plantaste en el Jardín el Árbol del Conocimiento?
CAIN. ¿Y por qué no arrancó del Paraíso el Árbol de la Vida? Para que no pudiera ser desafiado.
ADAN. ¡Oh! mi hijo, no blasfemes: no pongas en tu boca las palabras que dijo la Serpiente.
CAIN. ¿Por qué no? La Serpiente dijo la verdad; era el Árbol del Conocimiento; Era el Árbol de la Vida: el conocimiento es bueno, y la vida es buena; ¿cómo puede ser malvada la Serpiente, si dijo la verdad?
EVA. (A Caín) ¡Mi muchacho! Mi más grande error es la desobediencia que cometí antes de que tú nacieras. No quiero que se repita la miseria de arrastrar con ese pecado, pues me arrepiento, ¡Oh Dios cuanto me arrepiento!
No quiero que mi descendencia caiga en las trampas de Lucifer hoy que estamos fuera de las paredes del Paraíso; pues, incluso dentro del Jardín, ante la presencia de Yahvé, la Serpiente destruyó a tus padres. Antes, vivíamos dichosos dentro del Edén, ahora ¡Hijo mío! resignémonos con nuestra condición de desterrados.
ADAN. Nuestras oraciones están completas, Yahvé nos ha dejado por lo tanto, Cada uno a su tarea. Nuestro trabajo, aunque no es pesado, pero si es necesario: la tierra es joven, y nos rinde amablemente sus frutos con poco esfuerzo.
EVA. Hijo mío, mi Caín; mira como tu padre se regocija con sus oraciones y con la ofrenda que acaba de propiciar. Tú tienes que repetir su ejemplo.

[Salen de la escena ADÁN y EVA.]

ZILLAH. (A Caín) ¿Hermano… estás molesto? ¿Por qué frunces el ceño?
ABEL. Caín ¿Por qué te empeñas en actuar con pesimismo, ese comportamiento no puede servirte de nada, excepto para provocar la Cólera Eterna?
ADAH. Mi querido Caín. ¿Por qué tienes el ceño fruncido? ¿Por qué presionas impetuosamente tu pecho? ¿Te sientes mal?
CAIN. ¡No, Adah! no; estoy bien, necesito un poco de aire, nada más. Abel, sólo siento una leve angustia en mi corazón; pero ya me pasará; sigan adelante, hermano, te seguiré pronto. Y ustedes también, hermanas, no me retrasaré; Su paciencia no debe ser correspondida con ingratitud: las seguiré pronto.
ADAH. Si no regresas, volveré aquí para buscarte.
ABEL. ¡La paz de Dios esté contigo, mi hermano!

[Salen de la escena ABEL, ZILLAH, y ADAH.]


Imágenes: Gravados de Gustav Doré: [1] La Expulsión del Paraíso; [2] Caín y Abel Ofreciendo un Sacrificio.

viernes, 31 de agosto de 2007

CAÍN: UN MISTERIO. Lord Byron.



ACTO I. ESCENA I.
(Fragmento)




Caín (solo) ¡Y esto es vivir! ¡Trabajo! ¿Por qué he de trabajar? Porque mi padre no supo guardar su sito en el Edén. ¿Y yo qué hice en eso? No había nacido: no elegí nacer: ni amo el esclavo que me encontré al nacer. ¿Por qué él a la serpiente y a la mujer cedió? ¿Y así, por qué sufrir? ¿Qué había en todo esto? Ahí estaba el árbol ¿y por qué no para él? Si no, ¿Por qué ponerlo junto a él donde estaba, en medio, el más hermoso? A todas las preguntas dan la misma respuesta: “Tal fue su voluntad, y EL es bueno.” ¿Y yo cómo lo sé? Poderoso, ¿Ha de ser también bueno? Lo hizo por los frutos - y amargos- con que debo vivir, por una culpa no mía. (Ve a Lucifer.)
¿A quién tenemos aquí? Una forma como de ángel, pero de aspecto más sereno y más triste de esencia más espiritual.
¿Por qué tiemblo? ¿Debería temerle más que a tantos espíritus que veo a diario agitar sus espaldas flamígeras ante la puerta donde rondo al ocaso, a veces para un atisbo fugaz de los jardines que son mi justa herencia, antes que anochezca sobre el muro cerrado y el árbol inmortal cuya copa rebasa los bastiones por ángeles defendidos? Si a mi no me asustan los ángeles con espadas de fuego ¿Por qué debe arredrarme éste que ahora se acerca? Pero parece, más poderoso que aquellos, y no menos hermoso, auque no tan hermoso como ha sido y podría ser: la pena parece que fuera la mitad de su inmortalidad. ¿Y es así? ¿Y un dolor puede salvar al hombre? Aquí viene. (Entra Lucifer.)
Lucifer. ¡Mortal!
Caín. Espíritu ¿quién eres?
Lucifer. Señor de los espíritus
Caín. Si es así ¿cómo puedes dejarlos, parta andar con el polvo?
Lucifer. Conozco qué piensa el polvo y siento con el polvo y contigo.
Caín. ¿Y sabes mis pensamientos?
Lucifer. Son los de todo ser digno del pensamiento: es la parte inmortal que habla en vuestro interior.
Caín. ¿Qué parte inmortal? Eso no nos fue revelado: mi padre en su locura, nos dejó separados del árbol de la vida; y del conocimiento, por prisas de mi madre, se probó demasiado pronto, ¡Y su fruto es muerte!
Lucifer. Te han engañado: tu has de vivir.
Caín. Yo vivo para morir, y al vivir, nada veo que me haga odiar la muerte, salvo el apego innato, un instinto de vida, sucio, pero invencible, que aborrezco, tal como me desprecio a mí mismo, más, no puedo vencerlo … y así vivo. ¡Ojalá nunca hubiera vivido!
Lucifer. Vives y para siempre debes vivir: no creas que la tierra, tu externa cubierta es la existencia.
Cesará y tú serás no menos que eres hay.
Caín. ¡No menos! ¿Y por qué no más?
Lucifer. Quizá serás lo mismo que nosotros.
Caín. ¿Qué sois vosotros?
Lucifer. Somos eternos.
Caín. ¿Sois felices?
Lucifer. No: ¿lo eres tú?
Caín. ¿Y cómo podría serlo? ¡Mírame!
Lucifer. ¡Pobre barro! ¡Y pretendes ser desgraciado! ¡tú!
Caín. Lo soy. ¿Y qué eres tú con todo tu poder?
Lucifer. Uno que aspiró a ser lo que te hizo, y que no te habría hecho lo que eres.
Caín. ¡Ah tu pareces casi un dios y…!
Lucifer. No lo soy: Y al haber fracasado en serlo, no querría ser si no lo que soy. Él venció: pues que reine.
Caín. ¿Quién?
Lucifer. El que hizo a tu padre y la tierra.
Caín. Y el cielo y todo lo que en ellos hay. Eso oí cantar a sus ángeles, y eso dice mi padre.
Lucifer. Dicen lo que deben decir y cantar, bajo pena de ser lo que lo que yo soy –y tú eres- entre espíritus y hombres.
Caín. ¿Y eso qué es?
Lucifer. Almas que se atreven a usar su inmortalidad para mirar a su tirano omnipotente, cara a cara perenne, ¡Y decirle que no es bueno su mal! Si él hizo como dice- y no sé y no lo creo-, peo si nos hizo no puede deshacerlo: inmortales somos. Y aún más él quiso que lo fuéramos para torturarnos así. ¡Pues que lo haga! El es grande pero aún en su grandeza, no es más feliz que somos nosotros en conflicto: la Bondad no hace el mal ¿Y qué otra cosa ha hecho Él? Que siga sentado allá en su vasto trono solitario, creando mundos que le aligeren la eternidad cargosa a su inmensa existencia, a su soledad siempre sin participación: que acumule los orbes: está solo, tirano, infinito, insoluble; si pudiera aplastarse a sí mismo, sería el mayor beneficio que jamás concediera: ¡pero siga reinando, siga multiplicándose a sí mismo en desgracia! Al menos los espíritus y los Hombres y sufriendo en concierto, hacemos nuestras penas mucho más soportables por vasta simpatía sin límites de todos con todos. Pero ¡Él! Tan cuitado en su altura, tan inquieto en su cuita, debe seguir creando y volviendo a crear.
Quizá se hará algún día un hijo, como os dio un padre, más si lo hace ¡créeme que será ese hijo un sacrificio!
Caín. Me hablas de cosas que hace mucho tiempo en visiones flotan ante mi mente: nunca reconcilié lo que veía con lo que oía. Mi padre y mi madre me hablaban de serpientes, de frutos y de árboles: hoy veo la puerta del que llaman ellos su paraíso guardada por un ángel de flamígera espada, que nos impide entrar: el trabajo diario me pesa y el pesar constante: miro entorno a un mundo donde yo no perezco ser nada, mientras los pensamientos se elevan a mí como si dominar pudiera todo, pero creí que esta desgracia solo era mía. Mi padre está domesticado, mi madre ya ha olvidado el ánimo que la hizo tener sed de saber a riesgo de una eterna maldición, y mi hermano es un pastor atento que ofrece los primeros nacidos de rebaño al que hace que la tierra no nos dé sin sudor nada : mi hermana Zillah canta himnos más temprano que las aves del alba; y mi Adah, amada mía no comprende tampoco lo que abruma mi mente: nunca pudo entenderme.Está bien: yo prefiero unirme a los espíritus.
Lucifer. Y si no hubiera sido adecuado, por tu alma, para tal compañía, yo ahora estaría delante de ti: como antes, una serpiente sería suficiente para imponer su hechizo.
Caín. ¿Tú tentaste a mi madre?
Lucifer. No tiento a nadie, sino con la verdad: ¿no fue aquel árbol el árbol del saber? ¿Y no era el árbol de la vida siempre fértil? ¿Fui yo quien le dijo que no comiera de él ?¿fui yo quien plantó lo prohibido al alcance de seres inocentes, curiosos por su propia inocencia? Yo os hubiera hecho dioses y el que os echó, fue porque no debías comer el fruto de la vida, y “llegar a ser dioses como nosotros”. ¿Fue eso lo que les dijo?
Caín. Eso fue, según dicen lo que oyeron entre truenos.
Lucifer. ¿Entonces quién fue el demonio?