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jueves, 31 de enero de 2019

Balance del mes


Soy una hoja llevada por la corriente de un rio. A veces turbulento, a veces calmo. Dentro de esa corriente, por seguir a Karla, he llegado a adoptar un estilo de vida andariego,  viviendo de pueblo en pueblo, andando de fiesta en fiesta. Lo que aquí en El Salvador llaman "fiestero".

Este viaje empezó en Jicalapa, departamento de La Libertad, a inicios de octubre del año pasado. Empecé esta vida enamorado, ilusionado porque iba a poder compartir mi vida libremente con Karla. Poco a poco, a través de la convivencia con ella me he desencantado: su comportamiento hacia mi ha dejado mucho que desear: es una lástima, pues las señales de que no era una buena persona siempre fueron evidentes.

En estos momentos escribo desde Mizata, durante este mes he estado en Oloculta y Jicalapa. Pero hoy pienso dejar este estilo de vida, porque a su lado he sufrido mucho, y no pienso sufrir más.

De lo que puedo sentirme contento, la verdad, es que durante este mes he logrado mantener medianamente la administración de este blog. Esperando, como siempre, mantener un díalogo entre la literatura y la vida.


viernes, 2 de noviembre de 2012

2 de Noviembre


Un día para que recordemos que pertenecemos a la tierra, y  la tierra algún día reclamará nuestros restos...

sábado, 22 de octubre de 2011

DESPEDIDA...

La rosa se aleja, perdiéndose en el color del jueves, el adiós fue un pájaro invisible, que lentamente se llevó mi alegría. Ahora todo es más frío, hay más color en la nieve que en el pasto reverdecido. No hay vientres fecundados, ni tierras cultivadas por mis manos: todos los momentos que atesoramos no fueron nada, ni las horas de vigilia, ni las de sueño, ni las que pasamos en duermevela. Hagamos silencio, el silencio es lo único que importa, él es un extraño niño juega entre nosotros y nos calla: él es puro.

Oye en el bosque, el viento va haciendo un murmullo cuando pasa entre las ramas ¡Caminemos! vamos a dar un paseo, sintamos las hojas mojadas bajo nuestros pies descalzos; siente el frió de las piedras, pídele disculpas por pisarles, oye como te responden, recoge una: tiramela, lápidame, se la persona en lanzar la primera piedra, ¿estás libre de culpas? ¿estás libre de vacío?: ¿vives?... ven, toma mi mano, hace mucho que no recuerdo, que ya no recuerdo si alguna vez había recordado algo. Sigamos caminando por el bosque, disfrutemos del frío, sólo eso nos queda, el tacto, sentir con la piel, sentir con la lengua, con los labios, no hablemos, comamonos a besos. Mira: un sendero de piedra... Mira: una cabaña, te invito a que entremos, regálame una sonrisa, congela el ambiente, regálame un poco del hielo de tus lágrimas, ponlas en un baso, sirvamonos un ron, entremos a la sala, subamos las escaleras, vamos a la habitación, vamos a la cama, hagamos el amor, durmamos, mañana no estarás aquí, mañana estaré solo y ya no tendré con quien disfrutar la lluvia, ya no tendré con quién ir al bosque, ya no tendré quién me lancé piedras ni quién me de sus lágrimas para inundar mi vaso. Te irás con el viento, te irás en viernes y junto a ti partirán mis años invernales, entrará el otoño, con sus cuchillos, caminaré por ciudades amarillas y azules, me pararé frente a malecones para ver los barcos, me aferraré a buscarte, y tú evitarás nuestro encuentro borrando rastros.

Esta noche hay algo raro en el bosque, allá afuera: ¿no lo escuchas? ¿Será la Muerte que se cuela entre las ramas? ¡Salgamos! Vamos a dar un paseo (Para que yo pueda matarte entre las zarzas...)




jueves, 15 de septiembre de 2011

EL HOMBRE QUE NACIÓ PARA ROBAR ROSAS DE LAS AVENIDAS DE LA MUERTE

En una habitación oscura, sucia y lúgubre, hay un hombre fumando, con los ojos clavados, sin inmutarse, en una botella de cerveza a medio terminar. El cigarrillo humea, él le da otra calada que hace que se consuma en una gran estrella que le ilumina el rostro. Mientras una cucaracha se desliza por la mesa, se acerca a la cerveza que gotea, mueve sus patas delanteras sobre su cabeza, haciendo como si limpiara sus antenas; el insecto huye cuando una enorme mano, callosa y peluda, vuelve a levantar la botella de cerveza para darle un gran sorbo. Sólo unos pobres rayos de luz se cuelan por unas persianas dentro de esa habitación anegada de humo. El hombre se levanta del sillón desvencijado para ir al frigorífico y sacar otra cerveza, la destapa con la boca, y escupe la tapa. Afuera se oye un rumor de niños jugando, él husmea por una rendija de la persiana, ve mujeres que pasan, cargando bolsas de papel, con sus culos apretados, ve hombres conduciendo vehículos lujosos, ve muchachas jóvenes con sus novios del brazo. Cierra la persiana, vuelve a sus asuntos, afuera está la gente, pero a él no le importa, para él la compañía de ellos estorba.

Ese personaje dentro de la habitación oscura bien podría haber sido creado por Charles Bukowski, o podría haber sido él mismo, o cualquiera de nosotros, la verdad no importa, porque atiende a un arquetipo que todos conocemos, pero que saco a colación, porque fue un arquetipo muy explotado por el buen Charles Bukowski. Y hablando de este escritor, cabe la pregunta: ¿Quién era Bukowski? bástenos las respuestas: un cartero, un poeta, un apostador, un borracho, un viejo indecente, una especie de rockstar underground, un perdedor, o una lápida en cuyo epitafio se lee: "Don´t Try", podría ser cualquiera de esas cosas, o todas. No lo incluiré en un ismo, no me interesa que muchos lo hayan encasillado dentro de la llamada Generación Beat, u otros sostengan que él es considerado un icono de la decadencia de los Estados Unidos del siglo XX, no quiero decir más fechas entre su vida y muerte, ni nacionalidades: eso no importa; lo que importa, al fin y al cabo es lo que el escritor nos transmite, cuando estamos en ese momento, ya sea intimo o compartido, de leer sus escritos.

Hay una característica que siempre subyace después de leer algo de Bukowski, ya sea un cuento, un poema, una novela, e incluso, algunas de sus cartas personales: es su inexplicable ternura, una ternura que está mezclada con la violencia y la crueldad, pero ternura al fin y al cabo. Conmueve, sin ser sensiblero. Él es capaz de hablarte de pájaros azules que hacen llorar hasta a los hombres más duros, de perros gordos "con pelo marrón corto y ojos sonrientes". Toda la ternura que reúne, en los lugares menos esperados, es para mí tan extraña que puedo leer una serie de líneas donde describa como a un animal le muelen la cabeza a golpes, le aplanan el cráneo con un mazo hasta sacarle los ojos, y después hacernos lanzar un suspiro de enternecimiento al terminar la lectura del cuento. Él sabe que el sonido más triste, es aquel lamento del bovino en el rastro, ese sonido seco, que interrumpe el silencio de la madrugada.

Además de la ternura, leer a Bukowski, en muchos casos te transmite un sentimiento de soledad. Él sabe restregarnos en la cara que todos somos habitantes de la nada, habitamos un entremuro donde no sabemos si estamos existiendo o estamos muertos; el entremuro entre el corazón que palpita y la piedra fría. Todos vivimos a “solas con todo el mundo” habitando ciudades con millones de personas apretujadas en espacios mínimos, llenos de lugares donde "nadie encuentra al otro". Habitamos un mundo que se llena de inmundicia y nada más… esa soledad atiende a que nadie es capaz de amar a nadie. "Si tienes la capacidad de amar / amate a ti mismo primero” exhorta "Ya que finalmente, ningún amor funciona”. Siempre nos recuerdan que nadie es bueno con nadie, la soledad es lo único que existe: “Hay una soledad tan grande en este mundo / que podés verla en el lento movimiento de las agujas del reloj./ Gente tan cansada / mutilada / sea por amor o por no amor./ La gente no es buena con los demás / el rico no es bueno para el rico/ el pobre no es bueno para el pobre (…) el terror de una persona sufriendo en un lugar / sola… / sin que la toquen / ni le hablen / regando una planta. / La gente no es buena con los demás / la gente no es buena con los demás / la gente no es buena con los demás. / Supongo que nunca lo serán / no les pido que lo sean/ pero a veces pienso en eso…” (La Rotura)

La soledad se asemeja a la mutilación, el hombre solo es el hombre mutilado: le falta algo; los hombres son animales torturados, los inoculados de un veneno que se llama vida. La tristeza es tan grande que se materializa, en una herida, en una rotura. La gente en las colas, no son más que reses destazadas en el rastro, sobre los ganchos, esperando ser desmembradas. Pero nadie más puede expresar su dolor, nadie puede expresar la tristeza en la que todos viven, sólo el poeta, y por eso es vilipendiado, por eso se autoexilia de la sociedad, tiene que vivir encerrado en esa habitación oscura, porque a nadie le gusta que le recuerden su desgracia. Siempre recuerda a los demás la muerte, y nadie quiere saber de la muerte, dentro de esa habitación que huele a meados y muerte, dentro de su mente todo es entropía. El escritor se aísla para que nadie se moleste con su presencia, porque él es el que lleva sobre sus hombros todos esos animales muertos.

La vida es como sentarse a la mesa y comerse un pollo invisible, los demás comensales no lo saben, sólo el poeta advierte la trampa, y exhorta que el pollo es invisible, pero se gana el odio de los demás, que lo saben pero quieren seguir engañados. Todo mundo quiere vivir engañado. Leyendo libros de superación personal, soñando amores perfectos, de esos que les vende la publicidad, comparando la felicidad con el dinero; gastan sus vidas de esa forma pero nadie está verdaderamente vivo: “He buscado casi medio siglo/ y no lo he visto. / Un hombre vivo, verdaderamente vivo/ que cuando baje sus manos/ después de encender un cigarrillo / veas sus ojos /como los ojos de un tigre mirando el pasado / en el viento. / Pero cuando las manos bajan / son siempre / los otros ojos / que están ahí / siempre, siempre. / Y pronto será demasiado tarde para mí / y habré vivido una vida / con kioscos, / gatos, sábanas, saliva, / diarios, mujeres, puertas y otras cosas, / pero en ningún lado / un hombre vivo.”(Pobreza) La enumeración de objetos nos denota que inclusive, todas esas cosas, tienen más vida que las personas que el poeta ve a diario. La suplica se reproduce en el eco, nunca ha visto en toda su vida a un hombre que este realmente vivo: en los bares, en el hipódromo, el supermercado, en las calles, lo único que él puede ver son cadáveres, hombres que han perdido la vida en los ojos, zombies que pasean sus carnes nauseabundas, pululando gusanos, personas que se rindieron a seguir sus sueños, que ya no son niños, han perdido la inocencia, como él mismo se pregunta al terminar su poema Pensión de Mala Muerte: “Doblas la esquina / Y volvés a subir / la misma calle/ pensando/ todos esos hombres / fueron niños una vez / ¿qué les pasó?/ ¿Y qué me pasó a mi?” (Pensión de Mala Muerte)

El poeta habita una zona gris, el entremuro del que ya hemos hablado, pero él tiene la ventaja de poder consignar ese dolor y esa soledad, todo lo contrario a la gente que le rodea: “No puedo imaginar a la gente, / es difícil para mí imaginar a la gente, / quizás se sienten tan mal como yo / o casi tan mal. / Me pregunto qué hacen cuando se sienten mal / probablemente no hablan de eso. / Dicen: / "Mirá, está lloviendo" / es la mejor manera.” (Informe Meteorológico); si ignoran su dolor, no pueden llamarse seres humanos, están más cercanos a los animales, no tienen nada que envidiarle a “…un cerdo moviéndose en su chiquero en la noche / molestado por la lluvia, / (con) pequeños ojos como brasas de cigarrillo, / y su maldita cola…” (Informe Meteorológico, el paréntesis es mío) que sufre pero no razona, sigue mojándose, sigue revolcándose en el lodo. Pero el animal humano que Bukowski nos pinta es responsable de una doble falacia, la de impugnar a aquellos que si pueden consignar el dolor. Eso nos concluye que los demás seres humanos apestan, sus vidas son basureros, sus interiores están mucho peores que la habitación oscura, donde se acumulan en una esquina, colillas de cigarro y botellas vacías de cerveza. Él se siente mejor en su exilio: "Sin embargo soy afortunado: me deleito en la soledad, nunca voy a extrañar la multitud. "(Enfermo). Por eso el poeta es honesto, no quiere relacionarse con ellos, preferiría que no existieran; reflexiona sobre sus vidas, le parecen estólidas, carentes de sentido, nadie "tiene ojos en la cara ni corazón en el cuerpo" (Canción De Amor A La Inversa).

Su honestidad se refleja en su estilo, él busca una expresión más prosaica, nunca cae en el conservadurismo literario del que parten otros, del que le expugnan sus detractores para los cuales su lenguaje directo es antiliterario. Bukowski es de los que te hacen tirar la ceremoniosidad a un lado, porque en el fondo la vida no es ceremoniosa, todos sabemos que en esta vida nada funciona bien, por eso de nada nos sirve maquillarla. Bukowski nos muestra que la única solución a la vida es la literatura. Escribir es una forma de no estar esperando la muerte. Él mismo nos dice que "poner tus sentimientos por escrito es mejor que afeitarse" (Alubias Con Ajo). Él parte de la premisa, de que siempre necesitas el dolor para escribir, premisa propugnada por los malditos. Paradójicamente no es sólo su dolor personal el que le atormenta, él disfraza su "yo", que muchos le impugnan autobiográfico para esconder un "nosotros", de esta forma asume todas esas almas de animales muertos que lleva sobre sus hombros. En ese "yo" está contenido el "nosotros" su poesía autobiográfica y confesional transmutada en cifra colectiva, como aquella escueta frase de Rimbaud: "Yo es Otro". Sustentando lo anterior, a guisa de ejemplo, observamos también que en las raras ocasiones en las que él utiliza la tercera persona para expresarse es muy parecido a Los Hombres Vacíos de T. S. Eliot: “We are the hollow men / We are the stuffed men / Leaning together / Headpiece filled with straw. Alas!/ Our dried voices, when / We whisper together / Are quiet and meaningless / As wind in dry grass / Or rats' feet over broken glass / In our dry cellar.../ Shape without form, shade without colour,/ Paralysed force, gesture without motion..." (The Hollow Men). Uno de los ejemplos más claros pueden observarse en el poema El Padecimiento Continuo, cuando dice: "...no hay nada /que vaya a librarnos; /el dolor se asienta, el dolor flota, / el dolor espera, /el dolor está ahí..." (El Padecimiento Continuo. El subrayado es mío). Escondidos entre algunos versos, observamos otros símbolos que el poeta utiliza para representar el dolor por un lado, y la ternura por el otro, y que los utiliza, como un oxímoron, ya que tradicionalmente es algo que nos evoca lo contrario, esos símbolos están representados con dos colores: el color amarillo, que para muchos simboliza la alegría, en la literatura bukowskiana es el color más triste, él lo llama un "Amarillo Van Gogh", que nos evoca el impresionismo, y la paradoja de una vida triste y lúgubre, encasillada en un mundo ajeno al de la sociedad como fue la vida de Van Gogh. Los colores vivos de sus cuadros, los colores azul rey, y amarillo, adquieren una connotación distinta para Bukowski. Un mundo donde todo es amarillo, sin embargo, los contextos son tristes: "...y ya no había niebla / y a las ocho de la mañana / había una ardiente luz amarilla / de un amarillo Van Gohg / loca, / cegadora..." (No Tenemos Dinero, Tesoro, Pero Si Tenemos Lluvia); las alusiones a Van Gogh sobran, a ese pintor que no entendía muchas cosas de la vida, alienado de la realidad, marginado por la sociedad, por eso para Bukowski "es la razón por la que fue un pintor / tan grande" (Lo Que Hay Que Saber). Por otro lado el color Azul en el universo bukowskiano simboliza la ternura, basta la alusión al ya conocido poema: El Pájaro Azul, blablabla...

Pero no todo está perdido, hay algo que hace que toda esa nada que es la existencia valga la pena, y es el acto de escribir, "No hay felicidad más grande que la fluidez de las ideas sobre el papel": puede leerse en entre líneas en muchos de sus escritos. La vida no te da excusas para no crear, ella, con todo ese caos, es la mina que él explota. Bukowski, siendo un escritor transgresor, que sorbe el licor de cada palabra cual parroquiano en la barra de un bar, que necesita siempre ese elixir para hacer más soportable la vida, y estar entre la desesperación y la calma. Porque ante todo, para escribir se necesita la desesperación: "La agonía puede matar / o puede sustentar la vida / pero la paz es siempre horrible / la paz es la peor cosa (...) permanece angustiado / deslízate." (Abraza La Oscuridad). La desesperación, la insatisfacción y la desilusión son las claves para escribir. Por algo el poeta Miguel Ángel Sosa en su poema homónimo a nuestro autor lo llama el: "Abuelo apócrifo de los desesperados que teclean”. Bukowski, al escribir, se vuelve vocero de las demás personas a las que les duele la vida, a las que cada paso les resulta doloroso: "...sus pies y tobillos estaban hinchados y no podía / atarse los zapatos. / Cada día sobre la una del mediodía salíamos a dar un paseo / juntos y era un paseo muy lento: /Cada paso era doloroso para él. / Me gustaba: nunca me cuestionó / sobre que hacía o que dejaba de hacer / y lo que más me gustaba / era lo que decía una y otra vez: / "Nada vale la pena." / Era un sabio." (Mi Colega) Nada vale la pena, en su mundo, en este mundo, sólo la literatura, ya he mencionado el verso de Alubias Con Ajo: "poner tus sentimientos por escrito es mejor que afeitarse".

La tarde está cayendo, empieza a degradarse ese color amarillo que se cuela por las persianas. El hombre de la habitación oscura toma su chaqueta: sale a caminar. Cuando cierra la puerta, afuera ya es de noche. Abandona el umbral y recorre las aceras, las calles, los callejones, los bulevares y avenidas, pasa por kioscos, parques, cafés, basureros y hospitales; observa a los indigentes, a las putas, a los hombres en autos lujosos, que pasan llenado de luz los freeways; observa los edificios, la gente que se apresura para llegar a cualquier parte, a sus casas, a sus tristes y tontos trabajos, a sus reuniones y citas. Él sólo allí recolectado flores de ese circo patético que es la vida, en ese teatro donde él es un espectador. Luego regresa a su habitación, porque: "...Está oscuro y hace frío ahí fuera..." (Pensión De Mala Muerte).

lunes, 5 de septiembre de 2011

Ausencia...

Aún camino por el parque y me pregunto: ¿Por que no encuentro el lugar donde quedaste tirada? ¿Quizás fue cerca de la fuente? ¿Quizás encuentre todavía marcas de sangre que me digan donde te quedaste dormida? ¿Donde caíste entre el polvo, con el peso de un ave? ¿Donde te internaste a la última sombra?

Me siento en una banca. Una bandada de palomas pasa volando, y pienso que alguna vez estuviste esperándome aquí, con aquel vestido azul que tanto odiabas, ese que usabas solamente en ocasiones especiales, para que te diera suerte...

Pienso en que habrás pensado esa tarde, cuando me demoraba a la cita, cuando te mordías los labios mirando al vacío, cuando mirabas repetidamente tu reloj, y te dabas cuenta que el martilleo infernal de los segundos es el sonido más terrible que existe... cada golpe de la aguja se reproduce, va al eco... Luego pienso: ¿Habrás visto las mismas palomas? ¿Habrás visto a la misma gente? ¿Qué habrás sentido cuando te golpeó el hálito frío que exhala la boca de la muerte?

¿Qué fue lo último que viste? Quisiera saber cual fue tu último pensamiento. Quisiera saber en que lugar caíste, para besar el suelo que te sirvió de lecho.

viernes, 1 de julio de 2011

TODO (CHARLES BUKOWSKI)

Cuando yo muera, cuando os toque darme la despedida, como gran deseo quisiera que alguien leyera este poema, que para mi es tan entrañable, y que tantas veces he paladeado a solas:

"Los muertos no necesitan
aspirina o

tristeza
supongo...

pero quizás necesitan
lluvia...
zapatos no
pero un lugar donde
caminar...

cigarrillos no,
nos dicen...
pero un lugar donde
arder...

O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,
da igual...

los muertos no me necesitan...
ni los vivos...
pero quizás los muertos se necesitan
unos a otros...

En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros necesitamos
y
necesitamos tanto...
Si solo supiéramos
que es...
probablemente
es todo...
y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo
o moriremos
porque no lo
conseguimos...

Espero que
cuando yo este muerto
comprendaís
que conseguí
tanto
como pude... "

miércoles, 1 de junio de 2011

La superficie del sol (Charles Bukowski)

[Bukowski Nos Recuerda, Que Muchos Hombres Comparten El Destino De Los Toros…]

"Los toros son grandiosos
como la superficie del sol
y aunque los matan para las rancias multitudes,
es el toro quien atiza el fuego,
y aunque hay toros cobardes
tanto como toreros y hombres cobardes,
generalmente el toro se mantiene puro
y muere inmaculado
sin ser tocado por símbolos y élites o falsos amores,
y cuando lo sacan arrastrando
nada ha muerto
y el hedor final
es el mundo..."

jueves, 21 de abril de 2011

CRISTOS INDÍGENAS: Izalco, El Salvador.

"Antes de que nos olviden,
Haremos historia.
No andaremos de rodillas,
El alma no tiene la culpa..."
Caifanes

La noche del Jueves Santo, en Izalco, no se duerme. Durante buena parte de la tarde, y toda la noche hasta el amanecer, se celebra la tradicional procesión, que recorre arcanas callejuelas y avenidas de este enigmático lugar.


Siempre que visito el pueblo de Izalco, me invade la extraña sensación de que me encuentro pisando suelo sagrado ¿Será porque en él se acuna en la forma más evidente, el secreto del mestizaje cultural que caracteriza a mi país? ¿Será porque fue también el lugar donde aconteció uno de los más grandes etnocidios para américa latina en detrimento del pueblo indígena en enero de 1932? Ambas preguntas son plausibles, pues, en cierta forma, el suelo izalqueño ha sido bañado con la sangre indígena. Y en él, todavía se escuchan los ecos de las almas insepultas de los indígenas masacrados en 1932.

Lo anterior se ejemplifica durante estas fechas, pues los indígenas que aún viven, caminan como muertos insepultos al paso de la procesión, la cual es encabezada por los humildes “Cristos” todos cargados por personas indígenas. Simbólicamente el cortejo es seguido por la población ladina, que lleva, en andas, al Jesús Nazareno, acompañado de su cortejo, con opulencia y rasgos occidentales. Todos estos son datos semióticos que reflejan más de una parte de los fenómenos culturales que aquí se observan, entre ellos la geografía de la misma ciudad, las pugnas históricas, y el sincretismo, con lo que a religión respecta.

Izalco es un pueblo latinoamericano que encierra todos esos secretos, donde hay tantos espectros que se reflejan en los rostros de los “Cristos”. Durante la procesión el pueblo se transforma, hay mucha gente en las calles, hay alegría, risas, pero esas sonrisas sardónicas en la cara de unos, contrastan con la piedad en el rostro de otros. A pesar de todo eso, Izalco es un pueblo fantasma. Durante esta tarde me embarga una sensación similar a la que sufrí, al leer la novela Pedro Paramo de Juan Rulfo.

No dormiré esta noche...

miércoles, 30 de marzo de 2011

CARTA ABIERTA IV

Cumplo otro año de vida, en el que paso revista de mis acciones, dándome cuenta de que no soy el mismo. Se me dificulta escribir, tengo grandes pausas, días en los que ni siguiera leo: me he sumergido en la ciénaga. Cuando el sistema te ha absorbido, cuando tienes que cumplir con un empleo, y además, tienes que trabajar horas extras en tu casa, se hace cada vez más difícil dedicarte a lo verdaderamente importante.


Hasta el momento, no sé donde me va a llevar la vida; lo que sé, es que lo que está sucediendo, no es lo que quiero.


Luego pienso en un reflexión que escribí en un trozo de papel, un día, mientras viajaba: [“En el juego de cartas, para ganar, y para que el juego sea más interesante, es mejor sentirse perdedor desde el principio, y tener un juego adverso, para que así, terminada la partida, el triunfo en ese juego sea más satisfactorio”] aunque mi triunfo esté al final, cuando muera… qué más da.


Noches yendo a dormir con los mismos pensamientos, cuando cierro los ojos, las mismas imágenes que se multiplican todos los días [“risas, lágrimas, vacio, desesperanza, asco, vomito”] no sentir sueño, porque mi cerebro se revuelca dentro del cráneo. Y luego, el sobresalto, continúas vueltas, el sudor. Me levanto, hecho una meada, me doy cuenta de que otra vez he orinado sange, enciendo otro cigarrillo y no le doy importancia [“dentro de unas horas tengo que trabajar con jóvenes a los que no les interesa mi presencia, jóvenes con vidas tan vacías como mis bolsillos… no los culpo, ellos no tienen mi forma de ver la vida: tienen distintos intereses”] trato de leer, tal vez después de un rato puedo conciliar el sueño, luego de pocos párrafos en los que no me concentro, dejo a un lado mi lectura. Apago la luz.


[Anoche soñé que estaba sumergido en una ciénaga, infestada de lagartos…”]


Me despierto esta mañana, me paro en el umbral de la puerta, sintiendo una suave brisa que corre por mi cara, enciendo un cigarrillo, apuro el cenicero; y aspiro el aire helado. Por un momento, vuelvo a la vida despierta, y veo que un ave pasa volando, lo siento todo, mis sentidos parecen extenderse, y tengo una epifanía… por un instante, disfruto mi propia existencia.

Luego, abro la laptop para escribir esta carta abierta, mientras se consume mi cigarrillo en el cenicero.


lunes, 28 de febrero de 2011

EL SALVADOR: un país sin indígenas. [*]

Muchos autores [*] han señalado que después del etnocidio de 1932, los indígenas han desaparecido. Todos se basan en datos arrojados por los censos y asentamientos de natalicios: sabemos que para los estudios culturales no hay que apoyarse en indicadores que arrojen datos positivos como un censo para determinar conclusiones. Otros han recalcado que después del 32, se ha llevado una opresión cultural que ha terminado por minar las proyecciones culturales de los grupos indígenas. La última postura es plausible, pero no es del todo aceptable.

Para la definición de una identidad indígena, la opresión cultural es clave, y parte de esa opresión cultural la enfocan los medios de comunicación. En los medios de comunicación es dominante el blanco, las mujeres rubias, los hombres de facha delicada; ese vendría a ser el ideal en la apariencia del salvadoreño. Sin embargo, el grueso de la población comparte rasgos como la piel cobriza, el mentón prominente y el cabello lacio y negro: el indígena aparece en atisbos claros en el perfil de muchos salvadoreños.

Si se le pregunta a personas que comparten esas características (piel cobriza, mentón prominente, cabello lacio y negro) su pertenecía indígena, lo niegan, o no lo saben, a lo mucho, pueden responder con un: soy ladino o mestizo, respuesta común para la mayoría de salvadoreños, pues básicamente El Salvador es un país ladinizado. Ese es sólo uno de los rasgos del salvadoreño, otro es la falta de una identidad lingüística basada en el acento (los altos y bajos en la pronunciación, y la voz aguda), pues en los medios, los comunicadores utilizan lenguaje estándar, en contraposición a otros países, donde el acento característico es utilizado en los Mass Media.

La premisa anterior nos arroja una luz para argumentar que la cultura indígena no se ha extinto, pues también hay que tener en cuenta el rasgo contrastivo: el ladino hace al indígena, y el indígena hace al ladino, es la definición de uno frente al otro. Si se menciona que hay ladinos, o si alguien se considera ladino, tenemos que admitir por implicación la presencia indígena. La impugnación es lo que le da identidad a los grupos. No hay que verlo desde un punto de vista histórico, ya que esa impugnación sigue latente al menos en los enclaves donde sucedió la masacre de 1932, cítese Izalco y Nahuizalco.

El fenómeno de la ladinización en El Salvador ha sido significativo, es también una herencia de los sucesos del 32, pues muchos de los indígenas (en su mayoría mujeres) que sobrevivieron a la masacre tuvieron que mimetizarse, hacer un rompimiento con sus costumbres y negar su identidad para sobrevivir, esta estrategia de adaptación ha creado un trauma filogenético [**]. Pero a pesar de eso, las mujeres también han sido las continuadoras de los conocimientos culturales, pues han sabido ser el lecho transmisor de muchas pautas de la estructura cultural indígena: sus hijos han mamado los traumas, pero también se han amamantado con conocimientos, cosmovisión y habitus propios de su cultura.

Por otro lado, Erick Wolf [***] declara que: “La calidad de indio no consta en una lista discreta de rasgos sociales: se halla en la calidad de las relaciones sociales encontradas en comunidades de cierto tipo y la autoimagen de los individuos que se identifican con esas comunidades” esta cita de Wolf nos da la pauta para el otro argumento clave en la afirmación de la presencia indígena, y es el reconocimiento de grupos que se auto identifican con su origen indígena, claro está, en la mayoría de los casos son personas que no comparten rasgos fenotípicos, pero que declaran, y comparten el habitus propio de las comunidades indígenas, esa vendría a ser la contrapartida al grupo arriba citado. Dichos individuos, participan en ceremonias, usan trajes típicos, trabajan en activismo enfocado a la preservación y promoción de su cultura; aunque en apariencia, sus rasgos físicos estén muy alejados de los rasgos indígenas.

Ahora surge una pregunta: ¿La identidad la da el tipo físico (fenotipo) o los patrones que un individuo adopta, ya sea conciente, o inconcientemente, y que lo adhieren a un grupo cultural? La respuesta en este caso es obvia: el individuo que adquiere la convicción de pertenecer a un “grupo X”, o “cultura Y”, aunque no posea los rasgos físicos aborígenes (para este caso) es legítimamente parte de esa cultura, porque son los patrones que le dan identidad frente a otros grupos, el fenómeno es similar a la conversión de un individuo a una religión.

Esos sólo son algunos de los argumentos que nos demuestran la presencia indígena en El Salvador, que ha sido negada a través de años, irreconocida por el Estado, minusvalizada por la marginación social que ha vivido a lo largo de la historia, irreconocida por la mayoría de la población. PERO, ha sobrevivido a más de un etnocidio, a la opresión cultural y económica, a la negación de la legitimidad de sus proyecciones religiosas y cosmovisión; y resurge, con nuevas proyecciones, logrando actualmente ser reconocida en El Salvador. Hoy en día, ya no puede ser negada, y emerge, similar a los retoños del tronco de un árbol que intento ser cortado.



________________
[*] Este opúsculo no pretende ser exhaustivo, más bien plantea ideas que quedan por desarrollar en los siguientes escritos referentes al tema.
[*] Entre ellos Erik Ching, en el libro: “Las masas, la matanza y el martinato en El Salvador” (2007) UCA Editores. San Salvador, El Salvador. Págs.: 100-110.
[**] Para mayor información sobre el concepto filogénesis, revisar el libro: "Eros y civilización" de Herbert Marcuse, Págs. 25- 33. 63-81.
[***] Wolf Erick, citado por Carlos Rafael Cabarrús, en el Libro: "La cosmovisión k’ekchi’ en proceso de cambio" (1979) UCA Editores. San Salvador, El Salvador. Pág.:148.


Imágenes:
Por orden de ubicación:
1) [Sacerdote ("Tata") indígena preparando una ceremonia] Ronald Adolfo Orellana.
2) [Ceremonia indigena] Julio González Erazo.