martes, 16 de febrero de 2010

To the whore who took my poems (Charles Bukowski)

Some say we should keep personal remorse from the
poem,
stay abstract, and there is some reason in this,
but jezus;
twelve poems gone and I don't keep carbons and you have
my
paintings too, my best ones; it's stifling:
are you trying to crush me out like the rest of them?
why didn't you take my money? they usually do
from the sleeping drunken pants sick in the corner.
next time take my left arm or a fifty
but not my poems;
I'm not Shakespeare
but sometime simply
there won't be any more, abstract or otherwise;
there'll always be money and whores and drunkards
down to the last bomb,
but as God said,
crossing his legs,
I see where I have made plenty of poets
but not so very much
poetry.

viernes, 12 de febrero de 2010

“Eso que llaman amor,... amor,... amor,…”

El amor es el sentimiento más trivial. Nace con una mirada cómplice, con una sonrisa de agrado mutuo, luego le sigue el leve roce de las manos.

El amor es anfetamínico. Entre dos enamorados se proyecta un calor, y de la nada surgen las energías para querer cambiar al mundo.

jueves, 4 de febrero de 2010

Mujeres de poetas (Gonzalo Arango)

Ocurre que las mujeres abandonan a los poetas como si fueran grajos o caballos viejos. Alegan como razón su miseria, su desapego del mundo, su nulidad utilitaria. O porque la imagen idealista que se forjaron de él se derrumba bajo el techo de una realidad sombría.

Yo me enamoro de una mujer únicamente cuando estoy seguro de dos cosas: ser inimitable en hacerla feliz, y en hacerla sufrir.

Espero de tal mujer un amor reciproco.

Si resiste la felicidad lo mismo que la pena; si su corazón no cesa de latir en la soledad con el mismo ímpetu y pasión; si aún en medio de pavorosos desgarramientos conserva una nítida integridad; y si tiene la absoluta generosidad de renunciar a los rosados mundos por el puñado de afecto que el vivir exprime, entonces sé que ahí está el amor con su carga de miseria y conmiseración.


Tomado de:
Arango, Gonzalo, Obra Negra. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires, Argentina: 1999.

lunes, 18 de enero de 2010

[Luna de Enero]*

[Quizás la Luna sea una uña cortada que cuelga del cielo oscuro...]*

viernes, 8 de enero de 2010

CAÍN UN MISTERIO (Lord Byron)

La Serpiente era la más astuta de todos los animales del campo que Yahvé había creado.
Génesis, Capítulo 3, versículo 1.



Acto I.
ESCENA 1. - La Tierra Sin Paraíso. - Tiempo, el Amanecer. ADAN, EVA, CAIN, ABEL, ADAH, ZILLAH, ofreciendo un sacrificio.



ADAN. ¡Dios Eterno! ¡Infinito! ¡Omnisapiente! ¡Que saliste de la oscuridad en el abismo profundo para hacer la luz entre las aguas con una sola palabra! ¡Con el retorno de la luz! ¡Todos te alaben! ¡Yahvé! Al amanecer: ¡Todos te alaben!
EVA. ¡Dios! ¡Que nombraste el Día y el Alba separándolos de la Noche! ¡Que dividiste la luz de las tinieblas! ¡Que dividiste las olas del mar de la tierra seca, y nombraste al suelo seco Tierra, y la bóveda de arriba llamaste Firmamento! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ABEL. ¡Dios! que nombraste los elementos: Tierra, Océano, Aire y Fuego. Y nombraste el Día y la Noche, iluminándolos con miles de mundos entre las sombras. Que nos diste los seres más pequeños para que podamos gozar de ellos, ¡Y para que mutuamente nos amemos! ¡Todos te alaben! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ADAN. ¡Dios! ¡Padre Eterno de todas las cosas! Que creaste a los ángeles, esos seres hermosos de flamígeras espadas. Yahvé, ser querido, más que todos, déjanos amarnos: ¡Todos te alaben! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ZILLAH. ¡Oh, Dios! que amaste tu obra, bendiciéndonos a todos. Que permitiste a la Serpiente entrar al Jardín y arrastrarse silenciosamente para conducir a mis padres fuera del Paraíso. Dios, líbranos del mal, protégenos de Lucifer: ¡Todos te alaben! Yahvé ¡Todos te alaben!
ADAN. (Exhortando a Caín) ¡Hijo mío! ¡Caín! Mi primogénito ¿Por qué estás tan callado?
CAIN. (Desdeñoso) ¿Qué quieres que diga? ¿Por qué debo hablar?
ADAN. Ruega a Dios.
CAIN. ¿Debo de rogarle?
ADAN. Debemos rogarle, lo más fervientemente posible.
CAIN. ¿Y en voz alta...?
ADAN. Si. Porque solo en Dios confiamos.
ABEL. ¡Amen!
ADAN. (A Caín) ¿Pero hijo mayor?... ¿Por qué sigues guardando silencio?
CAIN. Es mejor que me quede de esa manera.
ADAN. ¿Por qué no sigues con la oración?
CAIN. No tengo nada que pedir.
ADAN. (Consternado) ¿Ni nada que agradecer?
CAIN. No.
ADAN. ¿Ni siquiera porque Dios te ha dado la vida?
CAIN. ¿Prefiero morir?
EVA. Nuestro Árbol Prohibido comienza a dar más frutos.
ADAN. Y debemos recolectar la mala cosecha otra vez. ¡Oh Dios! ¿Por qué plantaste en el Jardín el Árbol del Conocimiento?
CAIN. ¿Y por qué no arrancó del Paraíso el Árbol de la Vida? Para que no pudiera ser desafiado.
ADAN. ¡Oh! mi hijo, no blasfemes: no pongas en tu boca las palabras que dijo la Serpiente.
CAIN. ¿Por qué no? La Serpiente dijo la verdad; era el Árbol del Conocimiento; Era el Árbol de la Vida: el conocimiento es bueno, y la vida es buena; ¿cómo puede ser malvada la Serpiente, si dijo la verdad?
EVA. (A Caín) ¡Mi muchacho! Mi más grande error es la desobediencia que cometí antes de que tú nacieras. No quiero que se repita la miseria de arrastrar con ese pecado, pues me arrepiento, ¡Oh Dios cuanto me arrepiento!
No quiero que mi descendencia caiga en las trampas de Lucifer hoy que estamos fuera de las paredes del Paraíso; pues, incluso dentro del Jardín, ante la presencia de Yahvé, la Serpiente destruyó a tus padres. Antes, vivíamos dichosos dentro del Edén, ahora ¡Hijo mío! resignémonos con nuestra condición de desterrados.
ADAN. Nuestras oraciones están completas, Yahvé nos ha dejado por lo tanto, Cada uno a su tarea. Nuestro trabajo, aunque no es pesado, pero si es necesario: la tierra es joven, y nos rinde amablemente sus frutos con poco esfuerzo.
EVA. Hijo mío, mi Caín; mira como tu padre se regocija con sus oraciones y con la ofrenda que acaba de propiciar. Tú tienes que repetir su ejemplo.

[Salen de la escena ADÁN y EVA.]

ZILLAH. (A Caín) ¿Hermano… estás molesto? ¿Por qué frunces el ceño?
ABEL. Caín ¿Por qué te empeñas en actuar con pesimismo, ese comportamiento no puede servirte de nada, excepto para provocar la Cólera Eterna?
ADAH. Mi querido Caín. ¿Por qué tienes el ceño fruncido? ¿Por qué presionas impetuosamente tu pecho? ¿Te sientes mal?
CAIN. ¡No, Adah! no; estoy bien, necesito un poco de aire, nada más. Abel, sólo siento una leve angustia en mi corazón; pero ya me pasará; sigan adelante, hermano, te seguiré pronto. Y ustedes también, hermanas, no me retrasaré; Su paciencia no debe ser correspondida con ingratitud: las seguiré pronto.
ADAH. Si no regresas, volveré aquí para buscarte.
ABEL. ¡La paz de Dios esté contigo, mi hermano!

[Salen de la escena ABEL, ZILLAH, y ADAH.]


Imágenes: Gravados de Gustav Doré: [1] La Expulsión del Paraíso; [2] Caín y Abel Ofreciendo un Sacrificio.