viernes, 5 de junio de 2009

UN HALLAZGO

En el patio de una casa, ubicada en las cercanías de la calle Ramírez Guillén, encontraron una fosa común. Cuando empezaron a hacer revisión de todos los cuerpos inhumados – veinte en total –, entre los que se hallaban cadáveres en avanzado proceso de descomposición y esqueletos incompletos, exhumaron una osamenta en especial: al hacer los análisis e investigaciones correspondientes, llegaron a la conclusión de que el cuerpo perteneció en vida a un hombre (según los testimonios de personas que lo conocieron), de personalidad retraída, adicto al tabaquismo, aunque de rostro serio, de fácil sonrisa, heredero de una enfermedad degenerativa en la vista, que lo hacía llevar gafas contra su voluntad. Según los análisis forenses, fue asesinado a la edad de 70 años, murió sin saber que padecía de enfisema pulmonar. Era catedrático universitario jubilado. Vivía solo, un sendero de piedra comunicaba su hogar de retiro con las demás casas de un pueblo a las afueras de la ciudad, dedicado en sus últimos años de reclusión a escribir novelas y artículos, casi nunca salía de su residencia. Nadie sabe como llegó hasta la casa de la calle Ramírez Guillén. Su nombre era: Ronald Adolfo Orellana.

2 comentarios:

calamanda dijo...

¡Qué pena que no continúe el
relato...me quedo con gana de más !.

¡Vaya,vaya!...Los siete pecados
capitales...

Ha sido un placer.

Un cordial saludo.

Calamanda

Beleth dijo...

el asesino aparentemente, habia sido una mujer, pudo hallarse en los restos que parecia una carta el nombre de Beleth, se especula que pudo ser un crimen pasional, aunque no se descarten hipotesis.