lunes, 30 de junio de 2008

La Sirena Varada (Héroes del Silencio)

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Cuando las estrellas se apaguen tarde o temprano también vendrás tu.

sábado, 28 de junio de 2008

De nuevo la realidad imita a la ficción.


Ronald Orellana.

Auque nunca he querido vincular este blog con asuntos de mi vida, (porque no quiero convertirlo en un diario, ni mucho menos). El suceso que me ocurrió este día creo que merece un espacio entre estos post. Aunque sé que está destinado a perderse, como los demás, pues dudo que alguien lo lea.

En la madrugada, tomé a bien leer un par de cuentos para empezar el día, así que hurgué en una Antología del cuento fantástico que un buen amigo me presto. Leí El baúl de Felipe Buendía, y Los buitres de Oscar Cerruto. Entre otros.

Lo que no estaba por prever era que yo mismo me iba a sentir como uno de los personajes de esos relatos: El hecho sucedió en la tarde, cuando me dirigía para mi hogar, tome el colectivo, y una mano violenta, como garra, me arrebato el pasaje, hasta allí, nada había de raro; “pero al observar dentro sentí, que pasaba algo irregular en el ambiente y con las personas”

Mi transporte arrancó de forma brusca. Mis nervios se adaptaron a la hedentina del aire y el rumor de las personas hacinadas en el interior.

Después sentí que alguien me miraba, y mi vista se cruzo con la de una joven que iba en un asiento. Como soy un poco tímido y además porque no tenía la certeza de que ella verdaderamente me estuviera observando, me hice el desentendido. Cuando volví a mirar ella me sonrió, en ese lapso logré sentarme cinco asientos atrás, con algo de dificultad, pues mi transporte rodaba bajo el inmenso calor y el desorden de la ciudad.

Desde allí logre mirarla de espaldas, note que iba acompañada de una amiga, talvez su hermana, no tome mucho interés en la otra mujer.

Los pasajeros subían: las mismas caras desconocidas que se nos pierden todos los días en la memoria, y que nunca – a veces – volveremos a ver, y así se iban perdiendo dentro de la mole de acero.

Después, me di cuenta que poco a poco el vehiculo iba quedándose solo: el conductor, ellas y yo éramos los únicos ocupantes. La joven y su acompañante no se movían, no se cruzaban ni una palabra, parecían maniquíes. Comencé a llenarme de terror y decidí bajarme cuanto antes: claro está, mi vehiculo no era un tranvía, no había cruzado el riachuelo, ni visto al conductor envejecer en pocos minutos, además no estaba en Buenos Aires, así que decidí prever una escena desagradable, claro: no soy tan valiente para esperar la aparición de Los Buitres.

jueves, 26 de junio de 2008

ODIAR EL AMOR (Dalton)

Aparte del oxímoron que prefigura el título, hay dos versos memorables: La madrugada fusila / rocío y pájaros mudos. En mi opinión es lo único que Justifica el trabajo de Roque.

La luna se me murió
aunque no creo en los ángeles.
La copa final transcurre
antes de la sed que sufro.
La grama azul se ha perdido
huyendo tras tu velamen.

La mariposa incendiando
su color, fue de ceniza.
La madrugada fusila
rocío y pájaros mudos.
La desnudez me avergüenza
y me hace heridas de niño.

El corazón sin tus manos
es mi enemigo en el pecho.

lunes, 9 de junio de 2008

Las tentaciones de San Antonio (Dalí).

Quizá ningún santo ha inspirando tantos títulos como aquel que se atrevió a darle un sermón a los peces del mar Adriático, los que acudieron -según éstos rasgos legendarios – al llamado para que una comunidad italiana de herejes se convirtiera. Estas notas y otras más son consignadas por Butler en su Vida de los Santos; también Saramago alude este milagro en Viaje a Portugal, cuando su personaje: el viajero, cruza la frontera del río Duero-Douro que divide los dos países ibéricos.

A Salvador Dalí, quien muriera en 1984, es al que le corresponde la autoría de esta pintura, título homónimo del tríptico de Hieronymus Bosch (1450-1516), obra muy distinta a la del pintor surrealista, la única relación es la alusión al santo ermitaño(*). Dalí quien ambicionó ser tantas personas, simplemente se conformo con ser Dalí, pero como él dijo: “es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí".

Es obvio que la caravana de elefantes esqueléticos simboliza la lujuria y la avaricia, el último que se encuentra en segundo plano, y que va en dirección opuesta al grupo, lleva en su lomo un símbolo fálico; el caballo indomable me hace recordar aquel fragmento de la canción Avalancha, de los Héroes del Silencio, que dice: “En cualquier otra dirección con tal de no domar los caballos de la exaltación.”

Si observamos detenidamente esta imagen, sentimos cierta sensación de movimiento oscilante en la caravana de bestias: parece que se tambalearan frente a nosotros,… parece que quieren aplastarnos.

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(*) Aunque muchos sostienen que en los trípticos de El Bosco (H. Bosch) se pueden encontrar elementos de lo que sería para el siglo XX, el surrealismo.