jueves, 21 de mayo de 2009

CON LA SANGRE AL CUELLO

ERA de madrugada. Yo desperté después de una noche de continuas imágenes tuyas en mi mente, vueltas en la cama y fétidos sudores en la almohada. Me levanté de mi lecho y fui caminando despacio, sigilosamente, con mis pies descalzos hacia la ventana para cortarme las venas. La luna creciente se dibujaba en el dintel, entre el manto oscuro y una nube. Vi mi rostro desconocido por última vez en un espejo, lo rompí, tomé un vidrio, lo deslice por mis muñecas. Después de herirme me quedé contemplado la luna cornuda, recordé que alguna vez te dije que ella era tu espejo, y me asaltaron a la mente estos versos que te gustaban:

La luna se me murió

Aunque no creo en los ángeles.

La copa final transcurre

Antes de la sed que sufro.(*)

Poco a poco mi habitación fue anegándose de sangre, cuando estaba cubierto hasta el cuello, de lo más profundo de mi alma surgió mi otro yo, éste me dijo: “Ronald ¿Qué has hecho? ¿Qué decepción ha sido tan grande para que quieras cruzar el Umbral de los Muertos?” Y yo sólo pude responderle: fue la luna. No os preguntéis más, y dejadme morir.
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(*) Roque Dalton Odiar el amor

2 comentarios:

OTTO FLORES dijo...

Que ondas master me gusta el poema que puso de roque por cierto ya subi un nuevo poema en mi blog a ver si se da un una vuelta por ahi y ,me das tu opinion . y que ondas master cuando nos hecharemos unas cuantas cervezitas.

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

¡Que tal maestro!, Gracias por la invitación. En estos días he acumulado mucho estrés y creo que echarme unas cuantas cervecitas al lado un buen amigo como tu me vendría bien. De paso conversamos algo sobre literatura. Por cierto allí tengo tu libro (Memorias del Subsuelo, de Dostoievski), el que te prometí.

Saludos....