viernes, 8 de enero de 2010

CAÍN UN MISTERIO (Lord Byron)

La Serpiente era la más astuta de todos los animales del campo que Yahvé había creado.
Génesis, Capítulo 3, versículo 1.



Acto I.
ESCENA 1. - La Tierra Sin Paraíso. - Tiempo, el Amanecer. ADAN, EVA, CAIN, ABEL, ADAH, ZILLAH, ofreciendo un sacrificio.



ADAN. ¡Dios Eterno! ¡Infinito! ¡Omnisapiente! ¡Que saliste de la oscuridad en el abismo profundo para hacer la luz entre las aguas con una sola palabra! ¡Con el retorno de la luz! ¡Todos te alaben! ¡Yahvé! Al amanecer: ¡Todos te alaben!
EVA. ¡Dios! ¡Que nombraste el Día y el Alba separándolos de la Noche! ¡Que dividiste la luz de las tinieblas! ¡Que dividiste las olas del mar de la tierra seca, y nombraste al suelo seco Tierra, y la bóveda de arriba llamaste Firmamento! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ABEL. ¡Dios! que nombraste los elementos: Tierra, Océano, Aire y Fuego. Y nombraste el Día y la Noche, iluminándolos con miles de mundos entre las sombras. Que nos diste los seres más pequeños para que podamos gozar de ellos, ¡Y para que mutuamente nos amemos! ¡Todos te alaben! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ADAN. ¡Dios! ¡Padre Eterno de todas las cosas! Que creaste a los ángeles, esos seres hermosos de flamígeras espadas. Yahvé, ser querido, más que todos, déjanos amarnos: ¡Todos te alaben! Yahvé: ¡Todos te alaben!
ZILLAH. ¡Oh, Dios! que amaste tu obra, bendiciéndonos a todos. Que permitiste a la Serpiente entrar al Jardín y arrastrarse silenciosamente para conducir a mis padres fuera del Paraíso. Dios, líbranos del mal, protégenos de Lucifer: ¡Todos te alaben! Yahvé ¡Todos te alaben!
ADAN. (Exhortando a Caín) ¡Hijo mío! ¡Caín! Mi primogénito ¿Por qué estás tan callado?
CAIN. (Desdeñoso) ¿Qué quieres que diga? ¿Por qué debo hablar?
ADAN. Ruega a Dios.
CAIN. ¿Debo de rogarle?
ADAN. Debemos rogarle, lo más fervientemente posible.
CAIN. ¿Y en voz alta...?
ADAN. Si. Porque solo en Dios confiamos.
ABEL. ¡Amen!
ADAN. (A Caín) ¿Pero hijo mayor?... ¿Por qué sigues guardando silencio?
CAIN. Es mejor que me quede de esa manera.
ADAN. ¿Por qué no sigues con la oración?
CAIN. No tengo nada que pedir.
ADAN. (Consternado) ¿Ni nada que agradecer?
CAIN. No.
ADAN. ¿Ni siquiera porque Dios te ha dado la vida?
CAIN. ¿Prefiero morir?
EVA. Nuestro Árbol Prohibido comienza a dar más frutos.
ADAN. Y debemos recolectar la mala cosecha otra vez. ¡Oh Dios! ¿Por qué plantaste en el Jardín el Árbol del Conocimiento?
CAIN. ¿Y por qué no arrancó del Paraíso el Árbol de la Vida? Para que no pudiera ser desafiado.
ADAN. ¡Oh! mi hijo, no blasfemes: no pongas en tu boca las palabras que dijo la Serpiente.
CAIN. ¿Por qué no? La Serpiente dijo la verdad; era el Árbol del Conocimiento; Era el Árbol de la Vida: el conocimiento es bueno, y la vida es buena; ¿cómo puede ser malvada la Serpiente, si dijo la verdad?
EVA. (A Caín) ¡Mi muchacho! Mi más grande error es la desobediencia que cometí antes de que tú nacieras. No quiero que se repita la miseria de arrastrar con ese pecado, pues me arrepiento, ¡Oh Dios cuanto me arrepiento!
No quiero que mi descendencia caiga en las trampas de Lucifer hoy que estamos fuera de las paredes del Paraíso; pues, incluso dentro del Jardín, ante la presencia de Yahvé, la Serpiente destruyó a tus padres. Antes, vivíamos dichosos dentro del Edén, ahora ¡Hijo mío! resignémonos con nuestra condición de desterrados.
ADAN. Nuestras oraciones están completas, Yahvé nos ha dejado por lo tanto, Cada uno a su tarea. Nuestro trabajo, aunque no es pesado, pero si es necesario: la tierra es joven, y nos rinde amablemente sus frutos con poco esfuerzo.
EVA. Hijo mío, mi Caín; mira como tu padre se regocija con sus oraciones y con la ofrenda que acaba de propiciar. Tú tienes que repetir su ejemplo.

[Salen de la escena ADÁN y EVA.]

ZILLAH. (A Caín) ¿Hermano… estás molesto? ¿Por qué frunces el ceño?
ABEL. Caín ¿Por qué te empeñas en actuar con pesimismo, ese comportamiento no puede servirte de nada, excepto para provocar la Cólera Eterna?
ADAH. Mi querido Caín. ¿Por qué tienes el ceño fruncido? ¿Por qué presionas impetuosamente tu pecho? ¿Te sientes mal?
CAIN. ¡No, Adah! no; estoy bien, necesito un poco de aire, nada más. Abel, sólo siento una leve angustia en mi corazón; pero ya me pasará; sigan adelante, hermano, te seguiré pronto. Y ustedes también, hermanas, no me retrasaré; Su paciencia no debe ser correspondida con ingratitud: las seguiré pronto.
ADAH. Si no regresas, volveré aquí para buscarte.
ABEL. ¡La paz de Dios esté contigo, mi hermano!

[Salen de la escena ABEL, ZILLAH, y ADAH.]


Imágenes: Gravados de Gustav Doré: [1] La Expulsión del Paraíso; [2] Caín y Abel Ofreciendo un Sacrificio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este drama lo lei hace dos años en una vieja biblioteca... tiempo despues volvi a buscar el libro de poesia romantica inglesa , y nunca lo encontre...seria bueno volver a leerlo ... te agradeceria mucho si lo pudieras subir completo

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

ANONIMO:
Gracias por la sugerencia, precisamete en estos momentos estoy considerando seguir traduciendo el texto, ya muchas personas me o han pedido por largo tiempo, pero, por mi indisciplina, no he podido terminar la traducción. Espero que aparezca en forma periódica en mi blog, desde este mes en adelante.

Puedes encontrar la parte que sigue a esta, acccediendo a las etiquetas: Lord Byron, o Caín un Misterio que están en la parte inferior de este post.